“De estaciones y trenes” (Por Begoña Eguskiza)


DE ESTACIONES Y TRENES

En 1769 James Watt patentó el motor a vapor, pero era demasiado pesado como para arrastrar una locomotora.

William Jessop en 1803 inauguró la línea” Surrey Iron Rail Way” al sur de Londres, siendo el primer ferrocarril público tirado por caballos. En 1804 Richard Trevithick presenta la primera locomotora a vapor pero pesaba demasiado y rompió los raíles de chapa de hierro. En 1820 se inventa el hierro forjado.
En 1825 George Steveson construyó la “Locomotion” primera locomotora a vapor que arrastró trenes de transporte público. Y se inaugura la línea Liverpool Manchester en 1830. En 1857 se empiezan a fabricar raíles de acero. Y en 1896 los hermanos Lumiere proyectaron “Llegada de un tren a la estación de Ciotat”. Cuenta la leyenda que el público al ver la locomotora acercándose a la pantalla, salió despavorido de la oscura sala de un café parisino, pero es eso, una leyenda, lo que es indudable es que para un público cinematográficamente virgen tuvo que ser impactante. Y el cine da sus primeros pasos mostrando una sociedad moderna.
En la estación de Ciotat hay una placa conmemorativa, la familia Lumiere tenían casa allí y eligieron esa estación para su película de 50″.
La presencia de trenes, telégrafos, tranvías o automóviles en las comedias mudas dan cuenta del interés que había en los avances tecnológicos.
Mack Sennet, nacido en Quebec en 1880 e hijo de granjeros inmigrantes irlandeses fue “El Rey de la Comedia”, contratado por la Biograph fue chico para todo desde actor en papeles trágicos o cómicos hasta carpintero para los decorados. En 1910 sustituyó al director Frank Powell que cayó enfermo. Rodaban 5 cortometrajes a la semana que le permitió adquirir experiencia para en 1912 fundar su propio estudio, la Keyston Studios que desarrolló un estilo único de películas cómicas absurdas llenas de personajes variopintos con persecuciones estrambóticas y una narración totalmente anàrquica.
De sus estudios salieron artistas como Ben Turpin, Charles Chaplin, Chester Conklin, “Fatty” Arbuckle, Harold Lloyd o Mabel Normand y sus populares Keyston Cops. un atolondrado grupo de torpes policías .
“The Iron Horse”, western mudo de 1924 dirigido por John Ford, narra la construcción del ferrocarril transcontinental entre las compañías ferroviarias Unión Pacific (desde el río Missouri hacia la costa oeste) y Central Pacific (desde California hacia el este). La película utiliza abundantes elementos históricos, como un par de locomotoras que sobrevivieron a 1869. La trama ferroviaria es recreada de forma épica dando a algunas escenas un aire de documental. Numerosos extras, unos 3000 dieron réplica a los trabajadores, entre ellos 1000 chinos que representaban a los trabajadores del tendido ferroviario que en la realidad se encargaron del tramo de la Central Pacific, el de la Union Pacific fue construida por trabajadores irlandeses y veteranos de los ejércitos de la Unión y Confederado y en el territorio de Utah, la mayoría fueron mormones.
Como contrapunto al rigor histórico Ford introdujo una historia romántica, salpicada de abundantes personajes secundarios entre los que se encuentran “tres borrachines irlandeses” que tan habituales serán en su filmografía.
Abraham Lincoln aparece al principio de joven y más tarde como el impulsor político que fue del Transcontinental y el artífice de la unión de la nación.
Ford arrastró toda su vida la etiqueta de reaccionario y en esta película demuestra que no es así, cuando en el ataque de los Cheyennes al ferrocarril, principal artífice de la llegada masiva de colonos y consecuentemente de la masacre de los nativos, proyecta sus sombras sobre los vagones dàndoles dignidad y presenta al malvado, en un terrateniente hombre blanco renegado.
La construcción de esta línea fue uno de los mayores logros de Abraham Lincoln, que se hizo principalmente para conectar la Unión durante la Guerra Civil, completada cuatro años después de su muerte, la mañana del 15 de abril de 1865 horas después de sufrir un atentado mientras asistía a una función de teatro.
Su entierro fue un espectacular despliegue ferroviario, fue trasladado desde Washington D.C. hasta Springfield recorriendo, en un tren especial preparado para la ocasión, 2.735 Km. durante 13 días con 11 ceremonias funerarias. Se utilizaron 22 líneas de tren de diferentes compañías para recorrer 7 Estados. Aparte de la locomotora que remolcó el tren fúnebre se utilizaron otras 41 locomotoras para diversos servicios auxiliares.
Con “El maquinista de la General” Buster Keaton narra un hecho real el “Great Locomotive Chase”, que fue una incursión militar acaecida en el norte de Georgia en 1862 durante la Guerra Civil americana.
Como los vagones restaurante no se habían inventado todavía, los ferrocarriles paraban para que los pasajeros comieran, bebieran y descansaran, y las locomotoras tenían que cargar combustible y agua para sus calderas, el 12 de abril una locomotora “The General” paró en Big Shanty (Georgia) y fue la oportunidad para que voluntarios de la Unión, dirigidos por el explorador civil James J. Andrews , se apoderasen de la locomotora y el primer vagón e ir en dirección a Chatanowa (Tennessee) causando los mayores daños posibles a la vía férrea y a los cables del telégrafo para cortar el suministro y refuerzos del ejército confederado. Los confederados fueron tras ellos alcalzàndoles a 18 millas antes de llegar a Chatanowa.
Buster Keaton hizo una de sus grandes películas sobre la Guerra de Secesión en clave de comedia, basàndose en este hecho y en las memorias de William Pittenger, un soldado de la Unión que vivió en primera persona el secuestro de la locomotora. Las acrobacias y su cara de palo fueron los mejores ingredientes, realizó el mismo todas las escenas, algunas bastante arriesgadas. No pudo rodarlas en los escenarios reales ya que no quedaban raíles de vía estrecha y tampoco las locomotoras originales , hizo unas reproducciones idénticas. Actualmente la auténtica The General se encuentra en el Museo del Sur de la guerra civil en Kennesaw (Georgia), a lo que no se pudo resistir fue a hundir la locomotora enemiga en un río de Oregón donde permaneció más de veinte años, finalmente se empleó como chatarra durante la Segunda Guerra Mundial.
Al público le gustó pero no a los críticos que fueron muy duros con el director y actor, por las simpatías que mostraba hacia la causa confederada.
En 1965 Buster Keaton protagonizaría “The Railrodder’ dirigido por Gerald Potterton y producido por el National Film Board of Canada, un corto con la intención de publicitar las tierras canadienses y ponía a Keaton en soledad en uno de esos vehículos que los obreros usan para trasladarse y revisar las vías, vehículos que tantas veces hemos visto en el cine, como en la última escena de “O Brother, Where Art Thou”.
 
Los medios de transporte en la primera mitad del s.XIX eran los carros o diligencias con los que los primeros colonos se adentraron a la conquista del Oeste. La llegada del ferrocarril supuso el aumento de colonos y el nacimiento de nuevas ciudades, estas ciudades en mitad de la nada, que se creaban con la misma rapidez que algunas desaparecían, eran terreno abonado para la creación de bancos, prostíbulos, salones, contrabandistas de whisky (entre indios y pioneros intercambiaban productos), predicadores, pequeños comerciantes que empezaron a establecerse ,agricultores y ganaderos que llegaban con sus reses a cargarlas en el ferrocarril o ladrones de toda índole. En “Dodge City” (Michael Curtiz, 1939)  comienza con la llegada del coronel Dodge (Henry O’Neill) en el primer tren y la posterior apertura de la nueva línea ferroviaria que uniría la ciudad con el resto del país, para unos años más tarde convertirse en una Sodoma y Gomorra donde Wade Hatton (Errol Flynn) tendrá que poner orden.
“Unión Pacific” (C. B. de Mille, 1939) narra unos hechos acaecidos después de la guerra civil, la  puesta en marcha de la ampliación de las redes ferroviarias expandiéndose hacia el oeste, auspiciadas por los poderes públicos y destinado a poblar los inmensos terrenos vírgenes, donde se dan cita los buenos y los malos. Los primeros, Jeff Butler (Joel Mc. Crea) que creen en el progreso y los segundos Dick Allen ( Robert Preston) que creen en el beneficio a corto plazo, se enfrentarán por el amor de Mollie (Barbara Stanwyck) mujer de carácter con una personalidad forjada en la dura vida cotidiana del ferrocarril conducido por su padre.
Cuando el tren comienza a cruzar las tierras de los indígenas, estos asisten curiosos al espectáculo y hay un tratado de respeto que los malos rompen matando a un inofensivo guerrero indio, estos no tendrán más remedio que asaltar el ferrocarril.
C.B. de Mille se encargó de mostrar lo bueno y lo malo que trajo el progreso con las nuevas vías, otra vez asistimos a una visión de los indios tratados con dignidad.
En “Río Lobo” (Howards Hawks, 1970) a finales de la guerra civil, asaltan un tren de la Unión cargado de oro por las guerrillas confederadas y el coronel del tren (John Wayne) encarcela a los jefes enemigos, acabada la guerra se hacen amigos e irán en busca de los traidores de la Unión responsables de una serie de robos a trenes, donde les llevará a la corrupta ciudad de Río Lobo.
En “Hasta que llegó su hora” (Sergio Leone, 1968) Frank (Henry Fonda) asesina a Mc. Bain y sus hijos, contratado por un magnate del ferrocarril el señor Morton (Gabriele Ferzetti), para apoderarse de sus tierras con el fin de construir nuevas vías ferroviarias, cuando aparece su viuda (Claudia Cardinale) heredera de las tierras, Cheyenne (Jason Robards) y Harmónica (Charles Bronson) se unirán a ella y juntos lucharán por el mismo objetivo, acabar con Frank.
“Los hermanos Marx en el Oeste” (Edward Buzzell, 1940) también ansía el ferrocarril unas tierras donde había minas y que ya no tienen valor como tal, pero  con la llegada del tren adquieren un valor por todos codiciado.
Acabada la guerra de Secesión, muchas personas quedaron desposeidas de propiedades y en la miseria, colonos, bandidos, militares y servidores de la ley entre otros llegaron al Oeste, acostumbrados a la violencia, el cuatrerismo y el asalto a diligencias y trenes fueron los delitos más frecuentes.
La Banda de los Dalton se especializaron en robos a Bancos y trenes, estaban  emparentados con los hermanos Younger de la Banda de Jesse James formada por este y su hermano Frank, los tres hermanos Younger y los hermanos Miller. Fueron famosos por sus atracos a Bancos y trenes, innumerables películas han trasladado a la pantalla  sus hazañas como en el primer western de la historia del cine “The Great Train Robbery” (Edwin S. Porter, 1903) que escaparon con 5.000$ o “Jesse James” (Henry King, 1939) “The True Story of Jesse James” (Nicholas Ray, 1957) “The Great Northfield Minnesota Raid” (Phillip Kaufman, 1972) o “The Long Ryders” (Walter Hill, 1980).
Litografía de Jesse James de Hart Benton 1936
Tras estallar la Guerra Civil en México el 20 de noviembre de 1910, el uso militar del ferrocarril se hizo común tanto por parte de los federales como de los revolucionarios. Rutas, vagones y estaciones fueron los escenarios de la contienda.
Emiliano Zapata se especializó en volar puentes y ríeles y Pancho Villa volaba trenes para ganar batallas.
La destrucción de la vía ferroviaria fue una constante durante la guerra así como la reparación.
En los vagones se amaba, se odiaba, sufría, se reía, conspiraba y se combatía, se vivía en el ferrocarril, en ellos se montaban hospitales como la Brigada Sanitaria de la División Norte de Villa. En las estaciones se montaban oficinas gubernamentales y cuarteles militares provisionales.
Las redes ferroviarias mexicanas en su gran mayoría conectaban con los centros mineros y algodoneros de México que a su vez conectaban con EEUU, principal capital estranjero para la construcción del tramado vial.
Porfirio Díaz supo aprovechar el entramado para acortar distancias y abortar las revueltas civiles, pero los revolucionarios también aprovecharon el ferrocarril, irónicamente el tren ayudó a derrocar a Díaz quien en 34 años de gobierno incrementó las redes ferroviarias.
En “Grupo Salvaje” (Sam Peckinpah, 1969) un grupo de pistoleros viejos y cansados, tras un atraco fallido en Starbuck (Texas)  a la compañía del ferrocarril, es perseguido por un grupo de cazarecompensas contratados por esta compañía, que les perseguirá hasta México en plena revolución, estamos en 1913. Allí el general Mapache, un sádico que lucha contra Pancho Villa, contratará los servicios de estos pistoleros para que roben un tren cargado de armas. El Oeste americano está muriendo, el mundo está cambiando incluso el general Mapache tiene un  coche y el ferrocarril se extiende por todas partes.
Pike (William Holden)- Le han dado. Parece que está gravemente herido.
Dutch (E. Borgnine)-¡Maldito sea ese Dick Thorton!
Pike-¿Que harías tú en su lugar? Ha dado su palabra.
Dutch-Le dió su palabra a un ferrocarril.
Pike-¡Es su palabra!
Dutch-¡Eso no importa!¡Lo que importa es a quién se la da!”
Durante la Gran Depresión estadounidense, muchas personas se quedaron sin casa y sin trabajo y el número de vagabundos y “hobos” aumentó considerablemente. Los hobos eran trabajadores itinerantes, sin dirección fija ni riqueza, que decidieron viajar gratis en los trenes de mercancías y probar suerte en otro lugar, a diferencia de los vagabundos que no viajaban y ni trabajaban. La vida del hobo era peligrosa, además de saltar a los vagones tenían que enfrentarse a los guardianes de los trenes, apodados “toros”,  tenían una reputación violenta. Los hobos desarrollaron un sistema de símbolos, escribían con tiza o carbón para proporcionar direcciones o advertencias a otros hobos. Una cruz con un ángel significaba “Comida después del oficio religioso”, un triángulo con las manos era “Peligro, el propietario tiene una pistola”, un circulo con dos flechas “Salir corriendo” o un gato “Señora amable vive aquí”.
También tenían expresiones propias, como Punk para referirse a cualquier niño o Percebe que era una persona que se pega a un trabajo un año o más y un código de 16 puntos, entre ellos:
– No se aproveche de alguien que esté en una situación vulnerable.
– No se permita convertirse en un estúpido borracho.
– Siempre respete la naturaleza, no deje basura donde esté enganchando (acampando).
– Trate de mantenerse limpio y hervir (hervir su ropa para matar piojos y sus huevos) hasta donde  sea posible.
Y así hasta dieciséis.
Hobos famosos:
Harry Mc.Clintock el autor de la canción “Big Rock Candy Mountain” que aparece en “O brother Where Art Thou”, Woody Guthrie cantautor estadounidense que escribió cientos de canciones sobre la injusticia social e interpretó una melodía popular “Hobo’s Lullaby” compuesta por Goebel Reeves que escribía y cantaba mientras viajaba.
Jack Kerouac su novela “On The Road” de 1957 está basada en sus viajes, Robert Mitchum, Jack London, George Orwell o Leon Ray Livingston , hobo que viajó con el nombre de “A-n°1” y que perfeccionó el sistema de símbolos. Escribió doce libros sobre viajes y aunque el no era pobre le gustaba viajar así, ni fumaba ni bebía y era conocido por vestir bien y ser excepcionalmente limpio. Viajó con Jack London y escribió un libro narrando sus aventuras titulado “De costa a costa con Jack London” libro en el que se basó Robert Aldrich para su película “El emperador del Norte” que se desarrolla en el noroeste del Pacifico en el año de 1933, en el mismo tramo de vías donde Buster Keaton rodó “The General”, Lee Marvin es el hobo “A n°1” y Ernest Borgnine es “Shack” el temible toro que se encargará que A-n°1 no monte en su tren, el n°19.
Mark Twain dijo del Oeste:
“Este país es fabulosamente rico en oro, plata, cobre, plomo…ladrones, asesinos, tahúres, forajidos, poetas, predicadores y liebres”.
En vísperas de la II Guerra Mundial Laura (Celia Johnson) una mujer casada que como todos los jueves coge el tren que la llevará a Milford, un pueblecito donde hará sus compras, cambiará unos libros en la biblioteca e irá al cine para más tarde volver a la estación donde cogerá el mismo tren, como todos los jueves, que la llevará a la rutina de su hogar. Pero un día al paso del expreso, el Flying Scostman, se le meterá una tizna de carbón en el ojo y entra en la cantina de la estación e intenta quitársela inultilmente entonces aparece Alec Harvey (Trevor Howard) que se ofrecerá a ayudarla. Un encuentro que se irá repitiendo todos los jueves .
La estación y el tren son los símbolos de lo efímero, las bocinas que dan las salidas y llegadas de los trenes son las que separan el destino de los protagonistas, el enorme reloj de la estación donde el tiempo pasa inexorablemente o el beso furtivo en los subterráneos de la estación son los secundarios de lujo en “Breve encuentro” (David Lean, 1945), este decía:
“No sé por qué, pero hay trenes en la mayoría de mis películas. Supongo que es por el niño que hay en mi. He tenido trenes de juguete desde pequeño. Igual se trata de algo particularmente inglés, pero no lo creo. Aunque también Celia Johnson tenía el mismo sentimiento con los trenes”
Durante el rodaje David Lean y Celia Johnson solían salir al andén a contemplar el paso del Flying Scostman, el expreso que como se ve en la película, atravesaba la estación de Carnforth entre el vapor y los golpes de sirena.
Nos trasladamos a Irlanda, John Ford nos confirma su amor hacia la verde Erin y hacia los trenes en “La salida de la luna”, 1957,  película que se divide en tres episodios “”El rigor de la ley”, “La salida de la luna” y el que nos ocupa, “Un minuto de retraso”. La película es presentada por el también de origen irlandés Tyrone Power, que describe sus impresiones del país y las claves de cada capítulo en cuestión.
“Un minuto de retraso” está ubicada en una típica estación de tren, narra en tono de comedia la vida despreocupada ajena a la puntualidad y a los horarios rígidos en contraposición a la puntualidad de los trenes. Se suceden  una serie de acontecimientos que retrasan la salida del tren durante un minuto una y otra vez, retraso recibido con alegría siempre y cuando el bar esté abierto. Los pasajeros aprovechan ese minuto para beber cerveza y para pitorrearse de una pareja de estirados protestantes. Suben y bajan del tren numerosas veces presentàndonos la idiosincracia de Irlanda. Un minuto da para mucho.
Estalla la II Guerra Mundial con la invasión alemana de Polonia el 1 de septiembre de 1939. Los trenes jugaron un papel importante tanto como para trasladar material y personal, destrozar las vías como el “Shienewolf” artilugio inventado por los nazis que consistía en un arado gigante que destrozaba las vías e imposibilitaba la circulación dejando incomunicado al enemigo, para trasladar a los deportados a los campos de concentración como en “El último tren a Auschwitz”, de 2006, de Joseph Vilsmaier y Dana Varovva o para el traslado de obras de arte robadas.
Invadida París el 14 de junio de 1940 Hitler creó un intrincado plan burocrático para expoliar obras de arte que les permitiera sacarlas de Francia. En apenas tres años salieron desde París casi 140 trenes hacia Alemania o hacia los países “pantalla” para el robo organizado, como Suiza, España, Portugal, Suecia o El Vaticano, más de 5.000 cajas repletas de obras de arte, unas 100.000 de las cuales se recuperaron 60.000 gracias a Rose Valland, una infiltrada de la Resistencia que hizo una contabilización escrupulosa de las obras de arte.
“El tren” (John Frakenheimer, 1964) basada en el libro “Le front de L’art” de Rose Valland, recoge estos hechos. Cuando faltan pocos días para que los aliados entren en París un tren, manejado por el maquinista Papa Boule (Michel Simon), ha sido cargado de cuadros valiosísimos por los nazis para enviar a Alemania y de allí al mercado negro para financiar la fuga de los dirigentes nazis que ya ven perdida la guerra. Un grupo de resistentes intentará impedir la salida del tren sin causar daño a los cuadros.
En la secuencia que vemos en el interior del Museo Jeu de Paume, aparece el coronel alemán Van  Waldheim (Paul Scofield) como mira maravillado los cuadros, al fondo la directora del museo Mademoiselle Villard (Suzane Flon), que interpreta el personaje real de Rose Valland, este personaje también aparece en “The Monuments men” 2014 de George Cloney interpretado por Cate Blanchet.
Un tosco ferroviario Labiche (Burt Lancaster) miembro activo de la Resistencia francesa ayudado por Christine (Jeane Moureau) y Papa Boule impedirán que llegue el tren a Alemania. El film es un homenaje a la Resistencia francesa y sobre todo a los ferroviarios franceses que hicieron todo lo posible para luchar contra los nazis.
John Frakenheimer hace que el tren sea su principal protagonista, mostrando todo el poder de las máquinas de vapor. En el tren se da el comienzo de la trama, el nudo y el desenlace, vapor, cambios de agujas, depósito de locomotoras, caseta de señales, choques y descarrilamientos para los que se utilizaron trenes de verdad. Un verdadero homenaje al tren.
El cine negro americano se valió del tren y sus estaciones o vías muertas para perpetrar asesinatos, hacer contrabando o cualquier cosa que estuviera fuera de la ley, así en “Perdición” (Billy Wilder, 1944) el tren es el escenario del crimen o en “Mentira latente” (Mitchell Leisen, 1950) un accidente de tren cambiará el curso de las cosas.
En “Deseos Humanos” (Fritz Lang, 1954) basada en la novela “La bestia humana” de Émile Zola que con el mismo nombre que la novela ya en 1938 hizo una primera versión Jean Renoir.
La trama y el desenlace gira en torno al mundo ferroviario.
Tras combatir en la guerra de Corea Jeff Warren (Glenn Ford) vuelve a su antiguo empleo de maquinista ferroviario, a su misma compañía pertenece Carl Buckley (Broderick Crawford) quien al perder su puesto de trabajo pide a su atractiva esposa Vicki (Gloria Grahame) que interceda por él ante un ejecutivo de la compañía, con quien Vicki mantuvo relaciones sexuales años atrás. Lo que Carl no prevee  es que Vicki tendrá que volver a acostarse con su antiguo amante para lograr su propósito.
En palabras de Fritz Lang:
“Traté de hacer algo distinto con las vías y los furgones para dar la sensación de destino , de estar arrinconado por objetos enormes. Utilizamos luz de bajo contraste en los interiores para hacer que los alrededores parecieran desvencijados y grises. Eso se parecía a Zola”
El tono documental de la película con las filmaciones de las estaciones, los cruces de vías, plataformas giratorias, las inmensas locomotoras que ya no son de vapor y cuyas cabinas son unas moles con altas escaleras para acceder a ellas.
La película está plagada de metáforas visuales, los compartimentos y pasillos de los trenes dando sensación de claustrofobia, vías de tren que se cruzan o entradas a túneles oscuros presagiando algo malo.
Fritz Lang arranca y finaliza la película sobre las vías del tren, raíles que a veces van en paralelo, otras se cruzan mientras que otras se alejan en  diferentes direcciones para diferentes destinos.
En Ciudad de México en 1856 se inaugura la primera línea de tranvía con tracción animal, en 1890 contaban con 3.000 mulas, 55 locomotoras que tiraban de 600 tranvías, empiezan a introducir los tranvías eléctricos en 1896 aunque las mulas resistirían 30 años más.
Porfirio Díaz era un entusiasta del ferrocarril y por ende del tranvía, mandó construir uno especial ,”El tranvía presidencial” hasta  con cortinajes en las ventanillas, para trasladarse por la ciudad para sus compromisos oficiales, en 1897 sufrió un atentado fallido.
La gran red de tranvías llegaba prácticamente a cualquier punto de la ciudad, se compraba un bono  y se podían hacer todos los viajes que fueran necesarios y en las líneas que se quisiera. Todos llevaban un maquinista y un cobrador y estaban numerados, había rutas tan largas que la gente aprovechaba para echar un sueñecito.
Había un servicio especial “Las Góndolas” donde los vendedores iban sentados a la intemperie sobre cajas repletas de diversos productos, gallinas, vegetales, frutas o flores, en dirección al mercado. Estaban “los moscas”, chavales generalmente, que iban de colada viajando sobre el vástago que servía para enganchar los trenes.
Cuando terminaban su jornada iban a Indianilla, el gran almacén donde se guardaban y reparaban los tranvías, en las afueras de estas instalaciones había unos puestos donde servían unos caldos calientes para los tranviarios madrugadores y para los “crudos desvelados”.
Con la llegada del metro en 1969 este  va desplazando al tranvía hasta su total desaparición en 1985.
En “La ilusión viaja en tranvía”, 1954, la única película ferroviaria de Luis Buñuel, hace un retrato de la vida y la ciudad de México en los 50.
Caireles ( Carlos Navarro) y Tarrajas ( Fernando Soto) dos trabajadores del tranvía, se enteran que el tranvía donde trabajan el n° 133 lo van a llevar a Indianilla a desguazarlo, temiendo por su trabajo desesperados y borrachos, roban el tranvía y lo llevan a hacer su último recorrido por la ciudad, se une a esta espedición la hermana de Tarrajas, Lupita (Lilia Prado)  que intentará que lo devuelvan, surgiendo la historia romántica, y perseguidos por un inspector tranviario Papà Pinillos (Agustín Isunza). Suben todo tipo de personas, matarifes, beatas, niños de un hospicio, una americana, un farmacéutico, dos “crudos desvelados”, representando de forma teatral la psicología social a través de los personajes y a través de las ventanillas del tranvía Buñuel harà el retrato de la ciudad de México.
En Europa se fundó en 1957  una red ferroviaria, la Trans Europ Express que conectaba 130 ciudades diferentes y operada por diferentes compañías ferroviarias de Alemania Occidental, Francia, Suiza, Italia y Holanda. La idea fue crear una red rápida y cómoda para  la gente que iba de negocios y personas que viajaban con regularidad. Todos los trenes eran de primera clase y los horarios fueron programados para permitir hacer el viaje de ida y vuelta en el mismo día y tuviera tiempo de hacer su actividad comercial o de ocio en la ciudad de destino. Cesó en 1995.
Trans- Europ- Express (Alain Robbe-Grillet, 1967) guionista de “Marienbad” (Alain Resnais, 1961) nos hace un recorrido por esta red ferroviaria. Empieza con un hombre desaliñado caminando a través de la estación de Gare du Nord de París para tomar el citado tren , es el productor (Christian Barbier) de una película que viajará en el mismo compartimento con el guionista (el mismo Robbe-Grillet ) y la secretaria de este (Catherine Robbe-Grillet ) donde y aprovechando el viaje se disponen a idear el nuevo guión para su próxima película. En el pasillo del tren pasa Jean-Louis Trintignant (interpretándose a él mismo) y al director se le ocurre una historia con él de protagonista, historia que vamos viendo en pantalla según la van elaborando en el citado compartimento.
Elías (Jean- Louis Trintignant) es un traficante de drogas que lleva un correo a la ciudad de Amberes donde se encuentra con una prostituta, Eva (Marie-France Pisier) y comenzarán una relación sadomasoquista.
Las situaciones se construyen y   deconstruyen según van ideando nuevas historias para el guión, realidad y ficción se mezclan,  es una película dentro de una película. En hora y media hemos cruzado media Europa.
A pocos minutos de la frontera entre Bosnia y Herzegovina, ya en territorio serbio, está el pintoresco pueblo de Mokra Gora de 500 habitantes, que se puede llegar en el Sargan Eight, un tren de vapor que hace un recorrido de 15km. en hora y media.
Entre 1921 y 1974 un pequeño tren subía por las montañas para comunicar Mokra Gora, su particularidad era que había que salvar un desnivel de 300m. entre Sargan y Mokra Gora, hubo que hacer 22 túneles, 5 puentes y un trazado en ocho, 15km. de bosques, estaciones entrañables, un monasterio y pequeñas casas serbias, como recién salido de una maqueta. En 1999 se creó el recorrido turístico con vagones de 1930 arrastrados por una locomotora de vapor que llegarán hasta Drvengrad (pueblo de madera) donde Emir Kusturica rodó “La vida es un milagro”, la hilarante historia de un tren que debía unir Bosnia y Serbia.
Luis (Slavko Stimac) es el jefe de estación, vive con su mujer Jadranka (Vesna Trivalic) que es cantante de ópera y con el hijo de ambos Milos. Luis inmerso en el ferrocarril vive ajeno a los rumores de guerra, cuando estalla está su vida se desmorona, su mujer desaparece con un músico y su hijo es llamado al frente.
Tras el rodaje , en una de las colinas de Mokra Gora, Kusturica empezó a construir Drvengrad y ahora es un referente cultural, el Hollywood de los Balcanes, las calles con nombres como Bruce Lee, Federico Fellini o Luis Buñuel, el cine se llama Stanley Kubrick. Del 14 al 19 de enero se celebra el festival de cine y música organizado por la productora Rasta International, el Ministerio de la República Serbia, la ciudad de Mećarnik y The No Smoking Orchestra, esta formación ganó la Palma de Oro por la banda sonora de ‘Gato negro, Gato blanco” en 1994. El violinista Dejan, Dr. Nelle el cantante y Kusturica compondrían en 2005 las canciones para “La vida es un milagro”.
Desde hace más de un siglo el cine comienza a deleitarnos y el ferrocarril ha sido y es uno de sus más asiduos protagonistas.
Películas donde el tren es el desenlace como en “Ana Karenina”, donde se urde una trama en “Extraños en un tren”, reencuentros de amores pasados en “El Expreso de Shangai”, voladuras de puentes en “El puente sobre el río Kwai” , asesinatos en “Asesinato en el Oriente Express”, la lista sería interminable.
Orson Welles dijo al respecto del cine: “Es el más maravilloso tren eléctrico que se ha inventado”.

“El manuscrito encontrado en Zaragoza” (Wojciech Has, 1965)


Título original: Rekopis znaleziony w Saragossie

Año: 1965 Duración: 182 min. Polonia Director: Wojciech HasGuión: Tadeusz Kwiatkowski (Novela: Jan Potocki)

Música: Krzysztof Penderecki, Fotografía: Mieczyslaw Jahoda 

Reparto: Zbigniew Cybulski, Iga Cembrzynska, Elzbieta Czyzewska, Gustaw Holoubek, Stanislaw Igar, Joanna Jedryka, Janusz Klosinski

Crítica completa de Rubén Redondo en cinemaldito.com “Tenía algo de miedo, pero finalmente he caído en la tentación. Una tentación por otro lado placentera y gozosa que no es otra que escribir unas líneas sobre mi película polaca favorita de todos los tiempos: El manuscrito encontrado en Zaragoza, dirigida en un ya lejano 1965 por el maestro Wojciech Has. Hablar de una película tan legendaria siempre entraña cierto riesgo. El de caer en la rutinaria exposición de los puntos más fascinantes de una obra que ha hipnotizado a millones de críticos y escribidores especializados en el séptimo arte. Espero no naufragar en el intento, siendo mi objetivo únicamente conseguir llamar la atención de aquellos fanáticos del cine que aún no se hayan atrevido a degustar este dulce imprescindible.”

Wojciech Jerzy Has (Cracovia, Polonia, 1 de abril de 1925 – Łódź, Polonia, 3 de octubre de 2000), cineasta, productor y guionista polaco. Considerado el mejor adaptador de obras literarias al cine de toda la historia del cine polaco y junto con Andrzej Wajda, uno de los más relevantes de la Escuela Polaca de Cine. Casi toda su fama internacional se sustenta en una única e influyente obra, El manuscrito encontrado en Zaragoza. Otra película que recibió un gran reconocimiento fue El sanatorio de la clepsidra, con la que consiguió el Premio del Jurado del Festival de Cannes de 1973 y el Gran Premio en el Festival de Trieste de 1974.

Wojciech Jerzy Has nació en Cracovia en 1925, cuando la ciudad era uno de los focos culturales y artísticos más importantes de toda la Europa Central y Oriental, junto a Viena, Praga y Berlín. Su padre era de origen judío asimilado (debido al fuerte antisemitismo que asoló la Polonia católica y al Imperio ruso, en el primer tercio del siglo XX), pues su apellido Has es la versión germanizada del yídish de Haas (האָז), que significa liebre en este idioma y también en neerlandés. Su madre era católica, aunque Wojciech Jerzy Has no se educó en ninguna religión y, posteriormente, en la Polonia comunista (1945-1989), se declaró siempre agnóstico.

Durante la invasión nazi alemana, Has estudió Comercio en Cracovia durante la II Guerra Mundial, aunque luego ingresó en la Academia de Bellas Artes de su ciudad natal, en la que coincidió con su amigo Andrzej Wajda. Posteriormente, finalizada la guerra, formó parte de la primera promoción del Taller Cinematográfico de Jóvenes, en Cracovia, la primera escuela de cine creada en Polonia. Se diploma en 1946 y en seguida debuta como ayudante de realización de Stanisław Wohl y Józef Wyszomirski, dos realizadores también novatos, en su ópera prima Dwie Godziny (1946), un mediometraje de 68 minutos que no se estrenó hasta 1957.

Enseguida, debuta como realizador en el campo del documental con el mediometraje Ulica Brzozowa (Calle Brzozowa, 1947), escrito por él mismo y realizado junto a Rozewicz, y Harmonia (1948). Trasladado a Varsovia, en el Estudio de Documentales de Varsovia Wojciech Has se lanza a una actividad frenética, dirigiendo once documentales (algunos con fines educativos) en apenas una década. Augusto M. Torres señala Karmik Jankowy (La casita para los pájaros de Jankowy, 1952) como su película más destacada entre las que rodó de no ficción entre los años 1947 y 1955.

En 1957 comienza a rodar la que es su primera película de ficción, Pętla (El nudo, 1958), adaptación literaria de un relato de Marek Hlasko. Pętla es un film excepcionalmente bien rodado por Has en donde ya comienza a desarrollar sus célebres travellings laterales y su creación de lo atmosférico y lo espacial sobre la base de la luz y a la puesta en escena, que por el tema que desarrolla, genuinamente moderno. Esta historia sobre el alcoholismo, la redención y la culpa, cuenta con una fotografía en blanco y negro excepcional del operador Mieczysław Jahoda, unos decorados realistas diseñados por Roman Wołyniec y una música inquietante del compositor Tadeusz Baird, además de una cuidada dirección de actores. Por desgracia Pętla no ha sido comercialmente estrenada en cines españoles, no se ha proyectado en televisión, ni editado en DVD (al menos hasta 2011) por lo que para poder ver el film hay que recurrir a la importación del DVD polaco, en copia restaurada comercializada por Telewizja Polska (la televisión estatal polaca) y editada por tres instituciones que colaboraron en la restauración y digitalización del negativo original: Filmoteka Narodowa, Rekonstruczja Obrazu y OKO Studio Filmowe. Has ya debutó con un film que, además de ser una adaptación de una pieza literaria (una constante en su filmografía) roza con los dedos la categoría ficticia de obra maestra. La película fue mal recibida por las autoridades socialistas polacas, lo que no le impide rodar en seguida su segundo largometraje de ficción, Pożegnania [Adioses, 1958], basado en una obra de Stanislas Dygat, premiado en el Festival Internacional de Locarno y presentado en el de San Sebastián.

Su prestigio como cineasta comunista se cimentaría en Polonia con sus sucesivas películas, escribe y dirige Wspólny pokój (Habitación común, 1960), Rozstanie (Adiós juventud, 1961) y luego dirige Złoto (Oro, 1961) y Jak być kochaną (El arte de ser amado?, 1963), de cuyos guiones no es responsable.

Este bagaje le permitiría acceder a rodar una superproducción como Rękopis znaleziony w Saragossie (El manuscrito encontrado en Zaragoza, 1964), con exteriores filmados en las estribaciones montañosas de Cracovia e interiores en los estudios de Wroclaw y una extraordinaria banda sonora compuesta por Krzysztof Penderecki. La repercusión internacional del film, convertido en auténtica cult movie en Estados Unidos o Francia, entre otros muchos países, no permitió sin embargo que sus obras tuviesen una distribución comercial normal en occidente. Lo que sí le supuso es convertirse en un cineasta especializado en trasladar a la gran pantalla algunas grandes novelas, Szyfry [Los códigos, 1966], drama psicológico que parte de una novela de Andrzej Kijowski, Lalka (La muñeca, 1968), cuyo guion escribe Has a partir de la importante novela homónima de Bolesław Prus.

En 1973 W.J. Has dirige la imprescindible Sanatorium pod klepsydrą (El sanatorio de la clepsidra), en la que parte de un guion propio en el que adapta el libro homónimo de Bruno Schulz. En este filme se aprecia el conocimiento de la cultura judía polaca de la que provenía su árbol genealógico paterno y la del propio escritor adaptado.

Tras una década alejado del cine, Has retoma su personal vertiente creativa con Nieciekawa historia (Una historia sin importancia, 1982), y continúa con Pismak (El escritor, 1985), escrita y dirigida a partir de un cuento de 1885 del escritor ruso Anton Chéjov -traslación fílmica de la ópera de Wladyslaw Terlecki-, Osobisty pamietnik grzesznika… przez niego samego spisany, que también firma Has. Se aproxima a otro de los temas tan queridos por Has, presentes en El sanatorio de la clepsidra, considerada por algunos expertos como su otra obra maestra junto al Manuscrito. Las tribulaciones de Balthasar Kober no fue entendida en su tiempo, quizá por ser una propuesta excesivamente vanguardista en tiempos de conservadurismo artístico y porque mezclaba a partes iguales el surrealismo, la picaresca de corte esotérico y el romanticismo fantástico, tres géneros difíciles de combinar. Por esos años W. J. Has combinó su labor profesional con la dirección de los Estudios Rondo (1987-89) y, sobre todo, la actividad docente, impartiendo clases en la Escuela de Cine de Łódź desde 1974, institución de la que sería decano (1989-1990) y rector (1990-1996).

Durante los años 1990, Jerry García (Grateful Dead), junto con Martin Scorsese y Francis Ford Coppola, financiaron la restauración de una edición sin cortar de El manuscrito encontrado en Zaragoza, un trabajo cuyo resultado quizás no llegó a ver el director y que no pudo ver tampoco Jerry García, fallecido en 1995. En 1997 los dos directores norteamericanos habían relanzado el interés por este cineasta en Occidente gracias a una proyección de la versión íntegra de 3 horas en el Festival de Cine de Nueva York. Finalmente la edición restaurada se editó en DVD en EE.UU. en el año 2001. (WIKIPEDIA)

 

Novela: Manuscrit trouvé à Saragosse” , de Jan Potocki

Manuscrito encontrado en Zaragoza (en francés original, Manuscrit trouvé à Saragosse) es una novela gótica publicada por Jan Potocki en 1804 y 1805, adaptada al cine por el director polaco Wojciech Has en 1965. Construida según la técnica del relato enmarcado o mise en abyme, con historias dentro de historias que se ramifican y entremezclan, al modo de Los cuentos de Canterbury, el Decamerón o Las mil y una noches, la obra fue comenzada en 1797 y publicada en dos partes. El autor trabajó en ella hasta completarla poco antes de su suicidio.

La primera parte del libro, publicada en San Petersburgo, en los años 1804 y 1805, en edición muy limitada, es un relato fantástico, pródigo en prodigios (aunque casi todos ellos acaban recibiendo una explicación racional).

Estructurada en jornadas y ambientada en torno a 1715 tomando el nombre de Zaragoza, su protagonista, Alfonso van Worden, es un oficial de la Guardia Valona que atraviesa Sierra Morena en dirección a Madrid, donde entrará como capitán al servicio de Felipe V.

En el camino, topa con todo tipo de personajes extraordinarios: gitanos, princesas moras, ladrones, endemoniados, miembros de la Inquisición, cabalistas e incluso Ahasvero, el Judío Errante, todos ellos cuentan sus envolventes historias en torno a míticos lugares como la Venta Quemada, la Posada de los Alcornoques, o las orillas del Guadalquivir en Sierra Morena. A veces no les basta una sola jornada: el autor mezcla dos historias, las alterna y ambas avanzan con gran fuerza durante varios episodios.

Se trata de una estructura laberíntica constante, de clima sorprendente. En la primera jornada, asistimos a una levísima escena lésbica -e incestuosa- entre dos hermanas, Emina y Zibedea, capaces de compartir «un marido para las dos» y de amar a un cristiano, y asistimos a un hecho inesperado: Alfonso goza del amor, duerme profundamente y amanece entre los dos ahorcados: los hermanos del bandolero Zoto.

Todos estos personajes y sus historias van tejiendo en torno a Van Worden una compleja red de engaños, que ponen a prueba su temple y cordura. Finalmente, Van Worden descubre que cuantos le rodean están al servicio de un misterioso personaje, el jeque de los Gomélez, que ha decidido someterle a una compleja prueba iniciática.

La segunda parte de la obra, Avadoro (una historia española), vio la luz en 1813, en París y de la mano del editor Gide Fils. Los elementos fantásticos se atenúan en favor de intrigas cortesanas y amorosas, y reproducía algunos capítulos ya publicados en la primera parte.

En 1815 Gide Fils reimprimió el texto de la primera parte, ahora con el título Les dix Journées de la Vie d’Alphonse van Worden, con algunos cambios y adiciones sobre la edición original.

Durante el siglo XIX, la novela cayó en el olvido, hasta tal punto que algunos de sus escasos lectores, como Gérard de Nerval y Washington Irving, cedieron a la tentación de plagiar algunas de sus historias y presentarlas como propias. Charles Nodier también plagió otros fragmentos del Manuscrito, que publicó con su firma en La Presse en 1841 y 1842, un hecho que mereció un sonado juicio por plagio. Otros relatos de Potocki aparecieron por esos años en la prensa, atribuidos a un compañero de la masonería, Cagliostro. La novela fue traducida por primera vez al polaco, lengua natal de Potocki, en 1847 por Edmund Chojecki.

La edición crítica de Kukulski y la de Caillois. En 1956, el académico polaco Leszek Kukulski —el más importante especialista en Potocki— publicó en Varsovia una edición crítica del libro, reconstruido a partir de las cerca de mil páginas del texto en francés.

Dos años después, en 1958, Roger Caillois publicaba en París a través de Éditions Gallimard Les dix Journées de la Vie d’Alphonse van Worden, una edición no completa de la novela, que reproduce el texto impreso por primera vez en San Petersburgo, completándolo con la Histoire de Rébecca, con la que termina la edición de París de 1813. La denominada edición de Caillois contiene también tres relatos tomados de Avadoró, histoire espagnole, es decir de la segunda parte de la obra, publicada por Gide Fils en 1813.

Caillois preparaba una antología mundial de la literatura fantástica a principios de la década del cincuenta. Según cuenta, su desconocimiento del idioma polaco hizo que pidiera a un amigo que revisara una antología polaca de relatos fantásticos editada por Julien Tuwim en 1952. El amigo de Caillois le recomendó un cuento titulado Historia del comendador de Toralva, perteneciente a la traducción polaca de Kukulski. El cuento le pareció a Caillois un plagio de un relato muy conocido de Washington Irving, El gran prior de Menorca, con la salvedad de que Irving publicó su relato en 1855, y Potocki había muerto en 1815.

A partir del trabajo de Caillois se despertó cierto interés por Potocki; comenzó a reunirse un conjunto de pruebas, manuscritos, copias tempranas y traducciones polacas de ese trabajo que su autor había publicado parcialmente en una tirada de sólo cien ejemplares.

En lengua castellana, la editorial Minotauro publicó en 1967 una versión adaptada por el argentino José Bianco a partir de la edición francesa de Caillois. En 1970, se publicó una edición abreviada de unas 300 páginas en español, por Alianza Editorial, con introducción de Julio Caro Baroja y traducción y notas de José Luis Cano, que ha sido reeditada en 2008. La primera edición completa se publicó en 1989 de la mano de René Raddrizani, que lo publicó en la casa parisina José Corti.

Las nuevas ediciones de Editorial Valdemar y de Pre-Textos, recogen 66 jornadas y cerca de mil páginas. Estas dos ediciones recientes presentan ligeras variaciones en la traducción. La de Valdemar ha sido vertida por Mauro Armiño (traductor, entre otros, de Rosalía de Castro y de Marcel Proust), y la de Pre-Textos por César Aira, que recoge el relevo de la edición de Minotauro.

Nueva versión inédita de la obra descubierta en 2002. El Acantilado edita en 2009 una versión de 1810 basada en un manuscrito hasta hace poco inédito de la obra, descubierto en Poznan en 2002 por Dominique Triaire y François Rosset, que ofrece una visión notablemente distinta de la precedente, preparada a partir de fragmentos: más terminada, quizá más melancólica, pero en cualquier caso mucho más lista para su edición. Resulta, pues, que según este nuevo manuscrito hubo, por lo menos, dos versiones de la obra.1 Está traducida por José Ramón Monreal y editada por François Rosset y Dominique Triaire. También cuenta con un prólogo de Marc Fumaroli. (WIKIPEDIA)

 

 

 

 

“Cuando las salas de cine eran mudas” (Por Begoña Eguskiza)


CUANDO LAS SALAS DE CINE ERAN MUDAS.

También llamado Periodo Silente, desde 1894 hasta 1829.
Combinar las imágenes con sonido es tan antiguo como la cinematografía, pero hasta finales de los años 20 la mayoría de las películas eran mudas .
Visualmente eran de muy buena calidad aunque hayan llegado a nuestros días deterioradas debido a las innumerables copias que se han hecho.
En 2013 la Biblioteca del Congreso de E.E.U.U. concluyó en un informe que el 70% de la producción estadounidense de cine mudo está irremediablemente perdida.

Las primeras salas de cine eran Barracas, cafés o espacios hechos para la ocasión, donde la mayoría de los espectadores pertenecían ala clase baja. En 1939 un cronista, Jacob Lewis, escribió a este respecto:
“Concentrados principalmente en los distritos más pobres y en tugurios, la gente de buena familia despreciaban los cines, mientras que eran los obreros y sus familias aquellos que frecuentaban estos locales sin importarles las apretadas, poco higiénicas y peligrosas localidades que la mayoría de los Nickelodeones ofrecían”.
Fueron llamados  Nickelodeones a las primeras salas de cine en U.S.A. ya que la entrada costaba una moneda de níquel de 5 centavos, fueron considerados lugares de mala reputación por algunos grupos cívicos. Desde las primeras proyecciones el ruido ambiental siempre fue un problema, también debido al ruido que hacían las máquinas de proyección.
Los empresarios empezaron a contratar a músicos para acompañar las imágenes y amortiguar el ruido. Solían ser pianistas generalmente pero en espacios más grandes era el órgano lo que sonaba.
Estos músicos improvisaban, generalmente no habían visto la película antes, ritmos rápidos para persecuciones, sonidos graves para las escenas misteriosas, ritmos trepidantes en las comedias y melodías románticas para las escenas de amor.

En 1912 los neoyorquinos John D. Scott y Edward Van Altera idearon todo un decàlogo de la conducta para las salas de cine. Eran lujosas fotografías enmarcadas y un texto explicativo superpuesto. La Biblioteca del Congreso de Washington conserva esta maravillosa colección.

La proyección comenzaba dando la bienvenida al público y durante 3 minutos se sucedían las fotografías con las instrucciones a seguir.


“Por favor, aplaudid solo con las manos”


“Señora ¿Le gustaría sentarse detrás del sombrero que usted está usando?”


“Hablar alto y silbar no está permitido”


“Ante cualquier molestia dígamelo al gerente”


“No olviden sus paraguas u otras pertenencias”


“Mañana cambio de canción”


“3 minutos de intermedio mientras se cambian los rollos”


“Publicidad de su negocio en esta pantalla y obtenga resultados. Ver al gerente”


Acabada la proyección de la película, daban las buenas noches a los espectadores con una última fotografía.

Todo un dechado de educación.

Los Nickelodeones se fueron haciendo viejos a medida que las películas iban ganando en metraje y cada vez había más público interesado en el séptimo arte, empezó a ir la clase media y pasó de 5 centavos a 10. Construyeron salas de cine más grandes , más cómodas, mejor amuebladas hasta culminar en los lujosos teatros de la década de los 20.

“A Snake of June” (Shinya Tsukamoto, 2002)


A Snake of June (Japanese: 六月の蛇, Rokugatsu no hebi) Japanese movie directed by Shinya Tsukamoto. His seventh film, it is notable for its striking monochrome blue cinematography tinted in post production. It won the Kinematrix Film Award and the San Marco Special Jury Award at the Venice Film Festival.

TÍTULO ORIGINALRokugatsu no hebi / A snake of June
AÑO: 2002 PAÍS: Japón
DIRECCIÓN: Shinya Tsukamoto
GUIÓN: Shinya Tsukamoto
PRODUCCIÓN: Kaijyu Theater Co. Ltd
MÚSICA: Chu Ishikawa
MONTAJE: Zenya Ohara, Shinya Tsukamoto
ACTORES: Asuka Kurosawa, Yuji Kotari, Shinya Tsukamoto, Yukino Asai, Hira Dezu, Koichi Fujita, Takehiro Fukuhara, Tomoya Fukumoto
FOTOGRAFÍA: Shinya Tsukamoto
DURACIÓN: 77 m.
Proyectada en la 63 edición del Festival Internacional de Cine de Donostia-San Sebastián dentro de la sección “nuevo cine independiente japonés 2000-2015”.

by Tom Mes Fuente: http://www.midnighteye.com/reviews/a-snake-of-june/

Shinya Tsukamoto’s films have always focused on the family unit, or more precisely on the unity between couples. Most of the attention for his work has concentrated understandably but somewhat disproportionately on the sci-fi / cyberpunk elements, the theme of bodily mutation, and the similarities with the works of Davids Cronenberg and Lynch. Although these are certainly major factors, at heart Tsukamoto’s films consistently deal with relationships and the influences that threaten them.

Rarely was this more apparent than in A Snake of June, which recycles the love triangle premise of his earlier films Gemini and Tokyo Fist, but dispenses with the horror/fantasy overtones of the former and the bloodspurting brutality of the latter. This is the story of a couple first and foremost, not a genre film that happens to have a couple as its subject.

The couple in question are Rinko (stage actress Asuka Kurosawa) and Shigehiko (novelist Yuji Kotari), whose physical mismatch (she a lithe beauty, he an overweight, balding, obsessive-compulsive neurotic) is reflected in the complete lack of intimacy between them. They connect as human beings, but they live more like friends than as lovers and lead nearly independent lives. Both seem comfortable with this coexistence, but the desires that lurk beneath its surface are brought out with the introduction of a third element into the equation. When Rinko receives a package of candid photographs of herself masturbating and the sender (played by Tsukamoto himself) contacts her with the threat of exposing them to her husband, she submits herself to the anonymous voyeur’s sexual games. If she wishes to get hold of all the negatives and prints, Rinko is to comply with a set of assignments that place her constantly on the borderline between humiliation and pleasure – the voyeur knows exactly what Rinko’s personal erotic fantasies are and makes her act them out one by one.

Although such material lends itself all too easily to an exploitative approach, Tsukamoto keeps his attention rigorously focused on the characters and their emotional responses. A Snake of June never once feels like exploitation – or worse, pornography – and the only explicitness on offer here is in the actors’ faces rather than other parts of their anatomy. The film is a character piece, one that despite its intimate point of view manages to incorporate the characters’ position in society. In order to confront her with what she’s allowing herself to hide, the blackmailer forces her to play out her innermost desires in public. He coerces her into breaking a barrier, to behave in a way that requires her to violate society’s rules of how she’s expected to behave. Because it’s those rules that have allowed her to continue living in denial of her own desires, to co-exist instead of sharing her life with her husband.

It’s in this aspect that the film reveals hidden depths in its attitude towards the female protagonist. Although the premise would suggest a very male perspective, with the woman taking the role of object of sexual gratification, the real gratification and liberation are Rinko’s. Like the female protagonist of Tokyo Fist, she develops into a self-aware and self-confident individual in touch with her own personality, a woman who doesn’t let the rules imposed on her by her environment decide how she should live her life. Without going so far as to call A Snake of June feminist, Tsukamoto’s film displays a degree of empathy with its female protagonist that unfortunately is still all too rare in the male-dominated world of cinema (it won the Special Jury Prize in Venice, where the feminist French director Catherine Breillat was one of its staunchest supporters).

Despite doing away with the genre-based surface that has been the most eye-catching element of the director’s previous work, stylistically this is instantly recognisable as a Tsukamoto film. Shot in blue-tinted monochrome, the images are as beautiful and the photography and editing as intense as any of his earlier efforts. Although he places more emphasis than ever on the human form as is – untainted by mutation or mutilation – the director does occasionally add some of his beloved biomechanical imagery. Though seemingly at odds with the realistic tone of the film, these moments this time round have a more symbolic function, serving as the visualisation of the characters’ emotions. These fantasy scenes, only two in number, are both experienced by Shigehiko, whose obsession allows for such delusions: his discovery of a huge glob of filth in the sink (an exaggerated, almost mutant version of what most of us hesitantly scrape from the drain on occasion) is what forms the catalyst for these nightmarish visions.

With its focus on human beings and organic life (also present in the incessant downpour that forms the backdrop to Rinko’s sexual reawakening – see our interview with the director for more on the function of rain in the film), rather than machinery and physical deformations, A Snake of June might well be the thematic culmination of all of Tsukamoto’s past work. For the same reason it might also prove to be the most accessible point of entry for the uninitiated, illustrating that an artist doesn’t necessarily have to compromise his message in order to communicate with a larger audience.