“Arquitectura en el cine silente” (Por Begoña Eguskiza)


“ARQUITECTURA EN EL CINE SILENTE”

La arquitectura aparece en el cine desde el primer momento que aparecen las imágenes en movimiento. Los hermanos Lumière, aunque no contaron historias, en sus películas aparecían casas y fábricas. Los primeros decorados eran copias de los escenarios del Vodevil, pero enseguida, como hemos podido comprobar con Segundo Chomón y Alice Guy, sus películas ya requerían la construcción de decorados específicos que era parte de la trama y que situaba al espectador en el espacio y tiempo, sea pasado, presente, futuro, real o irreal.
El arquitecto y diseñador francés Robert Mallet-Stevens dijo en 1919:

“El decorado para ser un buen decorado, debe actuar. Tanto si es realista, expresionista, moderno o histórico, debe empeñar su función. Debe presentar al personaje antes de aparecer en escena, indicar su posición social, sus gustos, sus hàbitos, su estilo de vida y su personalidad”.
Juan Antonio Ramírez, en su libro “La arquitectura en el cine. Hollywood la edad de oro” (Ed. Alianza) expone los seis puntos de la arquitectura cinematográfica.

1. Es fragmentaria, sólo se construye lo necesario para la filmación. La imposibilidad de construir techos, para facilitar la iluminación y la toma de sonido, marcó la estética cinematográfica que privilegiada los pavimentos, hasta que llegó “Ciudadano Kane”.
2. Altera los tamaños y proporciones, bien para realzar a los personajes frente al decorado, bien para dar la impresión de una grandeza desmesurada.
3. Presenta curiosas deformidades, plantas trapezoidales, salientes àngulos y relieves imposibles en la vida real, tanto para fines prácticos como expresivos.
4. Es exagerada, realzando los elementos con significado.
5. Es elàstica ( debido a la fragilidad de los elementos, paradójicamente se salvaron grandes decorados de terremotos) móvil y reutilizable.
6. Es rápida y los decorados no tienen valor más allá de la filmación. Aunque construir una casa en un estudio pueda resultar más caro que una casa de verdad.

Fue en la Alemania de la posguerra donde la arquitectura cinematográfica cobró un papel fundamental y la política influyó en todas las artes. En 1917 el estado creó la UFA, transmisor de propaganda estatal y en oposición al cine que venía de Hollywood, había tres millones de alemanes que iban al cine cada tarde. El estado redujo el gasto en construcción de edificios y unos pocos vieron en el cine, el vehículo perfecto para mantener vivas sus ideas.

Estudios UFA

Asociaciones de artistas, arquitectos y directores formaron movimientos, uno de ellos era la Film League, al que pertenecen películas como “El Golem”, “Nosferatu”,“El Gabinete del Doctor Caligari” y “Metrópolis”. Eran los inicios del Expresionismo alemán. Màs que un estilo con características propias comunes, fue una actitud y una forma de  entender el arte. Aglutinó a artistas de diferentes tendencias , diferente formación y nivel intelectual. Defendían un arte más intuitivo y menos formal, que predominase la visión interior de los artistas, se alejaron del Naturalismo y de el Realismo.

“El Golem” (1919)de Paul Wegener con Hans Poelzig, el creador de los decorados, fue el principio del expresionismo alemán, el filme está ubicado en el barrio judío de Praga, se construyó una ciudad completa, hasta el último detalle, con arquitectura gótica que le confiere ese aire grotesco lleno de secretos.  Estos decorados son menos gráficos que en el Gabinete y Metrópolis pero supuso el desarrollo de la arquitectura en el cine.

Robert Wiene, venía del teatro, hijo de actor fue director teatral y también actor lo que le permitió dar el salto al cine con grandes conocimientos sobre los decorados. En 1919 con “El Gabinete del Doctor Caligari” lo demuestra. Considerada la primera película expresionista por su distanciamiento del realismo. La escasez de recursos agudizan el ingenio de ahí la iluminación del claroscuro debido a las bajadas de potencia eléctrica. Utilizaron àngulos peraltados y fondos pintados , hay un magnífico contraste de luces y sombras, dando mayor irrealidad a los rostros de los personajes maravillosamente maquillados.
Los decorados se encargaron a Hermann Warner y a los pintores Walter Reinnmann y Walter Bohring. Los àngulos puntiagudos y las asimetrías arquitectónicas, como vemos en edificios, ventanas y puertas y el uso de telas pintadas como escenarios, quitan profundidad de campo dando mayor sensación de claustrofobia y consiguiendo un ambiente amenazador, oscuro y tenebroso.

Otro claro ejemplo es “Metrópolis” (1927) de Fritz Lang, considerada la obra maestra en arquitectura cinematográfica. El padre de Fritz Lang había sido arquitecto y el director cursó estudios de arquitectura, sin llegar a acabarlos, en Viena y de diseño gráfico.
En los años 20 los cineastas europeos se empezaron a fijar en el cine norteamericano, en 1924 Fritz Lang viaja a Estados Unidos con el fin de estudiar los métodos técnicos de la industria norteamericana, visita Nueva York, desempeñando esta ciudad un papel importante para los futuros diseños de la ciudad de “Metrópolis”, como el propio director solía recordarlo.
La arquitectura recrea la división existente entre el mundo subterráneo de los trabajadores, con su atmósfera sombría y opresiva. Edificios todos iguales y carentes de accesorios aparecen alrededor de una plaza desierta, sin vida y desprovista de humanidad bajo la cual se encuentran las catacumbas, una zona clandestina, aquí los elementos arquitectónicos se basan en unas escaleras, nichos  y largas cruces.

La parte alta de la ciudad donde hay un estilo monumental. Los Jardines del Edén con sus gigantescas estalactitas, el estadio deportivo de inspiración clásica, el despacho de la torre de influencia Art Decó, de moda en esos años por las clases pudientes, también la casa del pecado “Yoshiwara” claramente oriental, asociado lo oriental tradicionalmente a lo sensual, exótico y pecaminoso, la siniestra mansión del científico con tintes medievales, emulando a los alquimistas y la catedral gótica indicando su espiritualidad . Estos decorados revelan el gran conocimiento que tenía Fritz Lang en las artes, dominando la luz, el espacio y el tiempo, como más tarde demostraría en su etapa americana. Metrópolis se caracteriza por sus dimensiones gigantescas, pasadizos elevados, tráfico incesante terrestre y aéreo, edificios inspirados en los rascacielos de N.Y.  y presidiendo el conjunto se alza la majestuosa fortaleza en forma de estrella y coronada por cinco pistas de aterrizaje. Erick Kettelhut, el creador de los bocetos de los decorados, era uno de los artistas más importantes en aquel entonces. Era diseñador de decorados y pintor y junto a sus colaboradores Vollbrecht y Otro Hunter fueron los encargados de diseñar el paisaje urbano . Kettelhut realizó una serie de dibujos con pintura al óleo y témpera  sobre cartón. Carpinteros, electricistas, fontaneros y pintores llevaron a cabo una labor de artesanía, estuvieron 310 días y 60 noches de rodaje. 

Bocetos de Erich Kattelhut

La idea futurista de Fritz Lang, los diseños de Kattelhut, las nuevas técnicas de rodaje y escenografía, como la técnica Shüfftan*, hicieron de “Metrópolis” la obra más significativa del expresionismo alemán y fue reconocida como “Patrimonio de la Humanidad”.

Al otro lado del charco, la situación era bien diferente. Los años 20 fueron una etapa de prosperidad económica en E.E.U.U. esta prosperidad duraría hasta el Crack del 29 .En esos años de prosperidad Hollywood se convierte en el centro industrial cinematográfico y D.W. Griffith el creador del modelo americano conocido como “El padre del cine moderno”.

“Intolerancia” de 1916, considerada una de las películas más caras de la historia del cine y una de las obras clave junto a las ya mencionadas en lo que a decorados se refiere, cambia la forma narrativa,  enlaza cuatro historias diferentes en diferentes contextos históricos con un nexo común, la intolerancia religiosa y social. Son cuatro películas en una: La caída de Babilonia, Jesucristo, La noche de San Bartolomé y La madre y la ley. Los cuatro escenarios son muy distintos entre sí, pero al contrario que en el expresionismo alemán, estos son realistas.

En “Jesucristo” es una reproducción de Jerusalén, imitando los materiales de la época a la perfección y en el ” Día de San Bartolomé” hace lo mismo, reproduce una ciudad del s.XVI, con sus calles, las casas tanto el Interior como el exterior, reproduciendo hasta la suciedad de las fachadas. Lo mismo ocurre con “La madre y la ley” ambientada en los principios del siglo XX , nos da una información exacta de cómo era N.Y. en esa época y por último “La caída de Babilonia”, donde el tamaño de las imágenes son reales, las reprodujeron a tamaño natural, hasta la puerta de Istar imita el sistema de apertura. Para mover estos enormes decorados utilizaron elefantes y eran tan grandes que tuvieron problemas para encuadrarlos, así que construyeron unas torres  de 70 m. de altura, sobre raíles y con ascensor de manera que el cámara , Billy Bitzer, pudiera filmar desde las alturas mientras se iba acercando poco a poco al escenario. Rodó junto a su ayudante, Carl Brown, 100.000 m. de película unas 76 horas, que se redujo finalmente a 14 bobinas , poco más de 3 horas. Las murallas tenían la altura de una casa de cuatro pisos. Entre figuristas, carpinteros, pintores, electricistas, obreros y técnicos fueron empleadas 60.000 personas durante 22 meses y 11 días para la realización. Era tan complicado coordinar a tanta gente que Grifith se rodeó de numerosos ayudantes, uno de ellos Monte Blue utilizaba pistolas de señalización para guiar a tanta gente. Para el transporte , avituallamiento y la comanda de este “ejército” se construyeron redes telefónicas y ferroviarias. La película costó 2 millones de dólares de la época, resultó tan costoso demoler los decorados de madera y estuco que perduraron 10 años más. Estuvo en cartelera 22 semanas pero el fracaso fue total, demasiado vanguardista para la época. D. W. Grifith estuvo el resto de su vida pagando la deuda.

En los años 30, aparece el sonido  y la arquitectura cinematográfica va perdiendo espacio, técnicos, artistas, directores , guionistas y músicos se establecieron en Los Ángeles huyendo del régimen nazi y de la persecución a los judíos que se produjo en Europa antes y durante la II Guerra Mundial. Comenzaba “La Era Dorada”.

 *La técnica en cuestión fue ideada en  1923  por el fotógrafo alemán Eugen Schüfftan, (Les yeux sans visage, Georges Franju 1960) quien  le  dio  su  nombre. El método Schufftan es   bien conocido por su utilización en  Metrópolis, y su  aplicación práctica  es  tan  ingeniosa  como  sencilla.

Imagine el lector una cámara situada en ángulo lateral ante una mampara transparente que en su centro tiene colocado un espejo. El espejo refleja un decorado que figura la puerta de un castillo, y en este decorado se sitúan los actores que interpretan la escena. Tras la mampara hay una maqueta del castillo completo, coincidiendo el espacio reflejado en el espejo -la puerta construida en la que están los actores- con la puerta real de la maqueta. De esta forma, en una sola toma, se filma un plano en el que los intérpretes están ante la puerta de una inmensa fortaleza que en realidad es tan sólo una maqueta de pocos centímetros de altura.

“Raw Meat” (Gary Sherman, 1973)


Sinopsis: En los subterráneos de Londres se suceden numerosas desapariciones. Una pareja y un detective de policía descubren que allí habita una sociedad caníbal. (FILMAFFINITY)

by John M. Miller  / Fuente: tcm.com

Raw Meat (1973) (titled Deathline in its original British release) is an intelligent horror film which on the surface seems to regurgitate several of the familiar tropes of the genre: there is a desperate killer who strikes in a dark, remote location; a personified horror whose origin revels something even darker in the nature of mankind as a whole; a symbol of authority who attempts to root out the evil; and an abduction of a young beauty by a horrendous “beast.” These elements, however, play out in surprising and non-traditional ways, with moments of shocking horror followed by scenes that mix tenderness with repulsion. The movie surprises because both reactions are elicited by the same unforgettable character, named in the credits only as “the ‘Man'” – one of the most pathetic and pitiable homicidal maniacs in the history of film.

An unexpected music score — a throbbing and unsettling bump-and-grind strip-club selection – opens the film as a bowler-hat-wearing “gentleman” is frequenting a neon-soaked corner of the Soho district of London. This example of the upper crust (James Cossins) exits a club and heads for the Russell Square Station of the London Underground – the Tube. He propositions a lone woman on the platform and is kneed in the crotch for his crude remarks. Now alone on the platform, the man is approached by something more sinister. Later, two students – American Alex Campbell (David Ladd, son of matinee idol Alan Ladd) and Londoner Patricia Wilson (Sharon Gurney) – exit the train and see the man slumped on the steps. Alex does not want to get involved (“In New York you walk over these guys”), while Patricia is more compassionate (“He might be a diabetic – see if there’s a card in his wallet”). The couple discovers that the victim is James Manfred, OBE; they fetch a policeman, but when they return to the steps, Manfred is gone. This disappearance triggers a high-level investigation by the working-class Inspector Calhoun (Donald Pleasence), assisted by Detective Sergeant Rogers (Norman Rossington). An analysis of the history of the tube station sheds little light on any possible culprits in the recent murders and disappearances. When this particular section of the tube system was being built in 1892, a cave-in trapped eight men and four women in a cavernous area where a railway was being laid. Rather than launch a rescue attempt, the railway company wrote off the victims for dead. In fact, some survived – on rats and tunnel victims, no doubt – and bred a few generations worth of hidden underground dwellers. There are only two survivors left, the “Man” (Hugh Armstrong) who tends to his dying, pregnant mate (June Turner).

Though a British film, Raw Meat was the feature debut of American director Gary Sherman, who began his career making shorts, commercials, and TV Specials in his native Chicago. Raw Meat is confident and accomplished; the story is Sherman’s and he manages two linked, complementary storylines, each very different in tone. Above ground, British class differences are played out and satirized through the sardonic words and actions of Inspector Calhoun, while in the underground the struggle is for survival, as base emotions and instincts are tested and played out in their most raw state.

In one amazing dialogue-free shot, clocking in at over seven minutes, the viewer is shown the fate of the missing man in the tube station as well as the dire circumstances of the Underground dwellers. The shot, accomplished with a constantly moving camera, is the sort of audacious undertaking that an ambitious first-time director might be expected to attempt, but it is entirely successful in establishing mood as well as displaying – in the most compact but graphic way – the accumulated handiwork of eighty years worth of ghoulish desperation and cannibalistic depravity. Accompanying the almost unimaginable imagery is a soundtrack of dripping liquids, disembodied heartbeats, moaning, and an aural flashback to the horrible cave-in that trapped the original wretches. Interestingly, the British studio Amicus had recently produced two adaptations of the notorious American EC horror comic books of the 1950s, in the anthologies Tales from the Crypt (1972) and The Vault of Horror (1973). While those films captured the tongue-in-cheek humor of the original stories, it was Raw Meat that more effectively brings to life the quintessential EC yarns drawn by “Ghastly” Graham Ingels, peopled by pathetic ghouls and unspeakable scenes of putrescence, disease, and festering decay.

 

The tone of Raw Meat, like the plot, effortlessly shifts from the gruesome to the arch, thanks in large part to a wonderful performance by Donald Pleasence as Inspector Calhoun. The veteran actor takes what could have been a stock character and presents a fully rounded, spirited – though somewhat reluctant – working-class official. Highly intelligent, Calhoun is cynical and sardonic but shows himself to be a creature of habit, demanding his tea at the proper times. In thorough contrast to the horrors of existence that the “Man” suffers in the tube station, Calhoun grouses at the extreme inconvenience of having his beverage made with teabags and makes a point to stab the bag with a dart and plop it with disdain on the floor. One stark scene becomes a battle of wills between Calhoun and Stratton-Villiers, a stuffy upper-class MI5 Agent played in an amusing cameo by a strident and stiff-as-a-board Christopher Lee.

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In a lengthy review of Raw Meat that appeared in the Village Voice, Robin Wood has high praise for the film, saying it “…vies with Night of the Living Dead (1968) for the most horrible horror film ever. It is, I think, decidedly the better film: more powerfully structured, more complex, and more humanly involved. Its horrors are not gratuitous; it is an essential part of its achievement to create, in the underground world, the most terrible conditions in which human life can continue to exist and remain recognizably human.” Wood observes that the structure of the film “…is strong without being schematic; one can’t talk of allegory in the strict sense, but the action consistently carries resonances beyond its literal meaning.” Wood sees several intentional parallels between the Underworld and the “Over-world”; for example, “the desperate, totally committed need of the underground cannibal for his dying wife is set against the casualness of the young American student, who can manage little beyond a shrug when his girl, Pat, walks out on him.” Wood acknowledges that Ladd’s performance is “ineffectual,” but for him that doesn’t unduly damage the film: “…The point lies partly in the superficiality of the ‘surface’ characters, as against the intense desires and needs of their Underworld counterparts.” Wood also notes that the structure of the film is given even greater complexity “…by the introduction of a third term of comparison, Inspector Calhoun. Against the coolness of the student and the desperation of the cannibal is set his tough resilience, the sarcasm, invective, and cynicism that are his protection against loss and aloneness…”

Reviewing Raw Meat for the genre magazine Cinefantastique (Vol. 3, Number 2), Reynold Humphries calls Raw Meat “a fine and noble film” and “…one of the most intelligent contributions to the genre in recent years, with a complexity of inter-relating ideas that one finds only in the best works.” Humphries makes note of the film’s emphasis on caste politics, as well as the attitudes toward violence. “Whereas the indifference of the American stems from being conditioned to violence in New York, that of the British ruling class is due to the arrogance of an imposed class superiority. The Establishment is shown to be split on class lines and only the young people come out of it well…”

For the American release, distributor American International not only slapped the film with a more exploitative title, they sidestepped any hint of gruesomeness or satire. Instead, their publicity artwork featured wild misrepresentation in the form of shapely blonde zombies with pink shrouds falling off their shoulders. The tagline shown on the posters read: “Beneath modern London – buried alive in its plague-ridden tunnels lives a tribe of once humans. Neither men nor women, they are less than animals…they are the raw meat of the human race!” Director Sherman went on to direct the quirky Dead & Buried (1981) and the big-budget studio sequel Poltergeist III (1988), but has mostly worked in television since 1990.

by John M. Miller

La XV Muestra de Cine realizado por Mujeres de Huesca presenta fechas y cartel


muestrahuescaCartel de Marta Ester

El colectivo de Mujeres Feministas de Huesca hace públicas las fechas en las que se
celebrará la XV Muestra de Cine realizado por Mujeres de Huesca, tendrá lugar del 18 al
22 de marzo en Huesca, del 26 al 29 de marzo en Boltaña, y el 13 de marzo en Sariñena .

 

 

 

“The Untold History of the United States” (Oliver Stone, 2012)


 
Luis Matías López / Rebelión / Público.es. Como de tapadillo, en pleno agosto, La 2 de Televisión Española ha repuesto la notable producción propia La forja de un rebelde, dirigida por Mario Camus y basada en la trilogía autobiográfica de Arturo Barea cuya publicación estuvo prohibida durante el franquismo. Hace dos años, con ocasión de su anterior reestreno, le dediqué ya una columna, por lo que me limito ahora a remarcar lo insólito de que, incluso en esta época en que la escasa audiencia del canal se ha reducido al mínimo, se emita una serie, rodada en 1989, en tiempos del PSOE, cuyo contenido choca abruptamente con la línea que impregna hoy la televisión pública. El capítulo del pasado domingo se centró en las elecciones de febrero de 1936, los preparativos del golpe militar y el inevitable estallido de la guerra civil.

Ese duende progresista infiltrado en la programación de La 2 parece que ha aprovechado de los ardores de agosto para colar también la emisión de un documental de 10 horas en el que Oliver Stone desmonta la historia oficial de su país desde la II Guerra Mundial hasta la presidencia de Obama. Con La historia no contada de Estados Unidos, el director de Platoon, JFK, Nixon y Comandante escapa del patrioterismo que anega el cine norteamericano para ofrecer una visión diferente y transgresora que le ha ganado feroces ataques desde los sectores derechistas que se han adueñado del partido republicano.

oliver_stone“Absurda regurgitación de propaganda estalinista” no es lo peor que ha tenido que leer o escuchar el cineasta sobre una obra que pretende nada más y nada menos que desmontar la sarta de mentiras con la que se construye la imagen que gran parte del mundo (y la inmensa mayoría de los propios norteamericanos) tienen de Estados Unidos: que se trata de una nación elegida por Dios, con un irrenunciable destino manifiesto, con el deber moral de difundir la democracia, un poder blando al servicio de causas justas, una sólida vocación por el intervencionismo humanitario, un ejército que garantiza la paz y la estabilidad mundiales, un altruista cruzado anticomunista que acabó con el imperio del mal soviético, y un misionero y desinteresado deseo de compartir parte de su riqueza con los países en desarrollo.

Tal es la potencia del aparato propagandístico de la gran superpotencia que esta verdad oficial construida a golpe de manipulación, dinero e incluso talento aplasta casi siempre a esa otra verdad basada en datos casi siempre incontestables, que supone el negativo de la versión que se ha impuesto de forma abrumadora. Ese otro Estados Unidos, mucho más ajustado a la realidad, es el que ha emprendido guerras injustas, defendido dictaduras y golpes militares fascistas, tomado decisiones brutales como utilizar la bomba atómica, contribuido a empobrecer aún más a los más pobres y basado su acción exterior en objetivos imperialistas de exclusivo interés económico e ideológico. Un poder, en fin, que no duda en actuar por motivos egoístas como policía del mundo.

La historia no contada de Estados Unidos, con Stone de director, narrador y guionista (junto a Peter Kuznick), es un documental que, sin dar tregua al aburrimiento, destila buen cine, sin apenas cabezas parlantes, construido con un habilidoso montaje de impactantes imágenes de archivo y una acertada selección de fragmentos de películas de Hollywood. No es un panfleto, aunque no oculta su clara carga ideológica, a contracorriente de la atmósfera que se respira en el país. Se entiende que haya levantado las iras de los sectores más conservadores, rabiosos porque se carguen las culpas de la Guerra Fría y de la catastrófica carrera de armamentos en las espaldas de sucesivos presidentes empeñados en debilitar a toda costa a la Unión Soviética, desaprovechar las oportunidades de paz y servir los intereses del todopoderoso complejo militar-industrial.

Stone peca quizá de ingenuo cuando sugiere que las cosas pudieron haber sido diferentes si el exvicepresidente izquierdista Henry Wallace, y no Harry Truman, hubiera sustituido en 1945 al fallecido Franklin D. Roosevelt. Wallace, acusado de comunista y agente del KGB por reconocer el papel vital de la URSS en la derrota del nazismo, defensor de un seguro sanitario público, opuesto radicalmente a la segregación racial, que incluso en campaña se negaba a hablar en locales en los que separase a negros y blancos, fue derrotado estrepitosamente tres años más tarde cuando se presentó a la Casa Blanca como candidato del Partido Progresista. Tal vez si hubiese ganado, opina Stone, la posguerra habría sido otra, sin carrera nuclear, crisis de los misiles de Cuba, Vietnam, Corea, Chile, Guatemala, Muro de Berlín, Granada, Panamá, 11-S, Afganistán, Irak…

El cineasta no es un cínico, sino un idealista que se atreve a soñar en utopías. Y su manera de hacerlo es mostrar, con hechos difícilmente rebatibles, los pies manchados de sangre y explotación de políticos, militares y grandes conglomerados industriales de su país.

La historia no contada de Estados Unidos es, también, la constatación de un fracaso. Imagen a imagen, palabra por palabra, muestra la atormentada historia del planeta desde la II Guerra Mundial y la decisiva participación norteamericana en ella, la muerte brutal de millones de personas en injustas guerras imperialistas, la impotencia de las protestas masivas, el lacerante aumento de la desigualdad incluso en la cuna del imperio, la incapacidad y falta de decisión para aprender de los errores del pasado, la frustración que siempre ha seguido a los escasos momentos de esperanza, como el último: la llegada de Obama a la Casa Blanca.

Stone demuestra que con escasos cinco millones de dólares (de los que él aportó uno), una mínima fracción de lo que cuesta cualquier mediocridad made in Hollywood, puede armarse un producto cinematográfico de factura impecable, perfecto en su composición, y destinado a quedar como referente de buen cine, político pero sobre todo histórico, por mucho que su difusión quede restringida, como en España, a las épocas de menor audiencia de un canal que solo frecuentan los cinéfilos y amantes de los documentales.

Fuente: http://blogs.publico.es/luis-matias-lopez/2014/09/02/oliver-stone-hace-trizas-la-historia-oficial-de-eeuu/

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(Último capítulo de la serie “Untold History of the United States” (La Historia No Contada de los Estados Unidos) de Oliver Stone.)

“Para cambiar radicalmente la conducta del régimen debemos pensar con claridad y valentía, puesto que si algo hemos aprendido, es que los regímenes no quieren ser cambiados. Nuestro pensamiento debe ir más allá que el de quienes que nos han precedido, descubriendo cambios tecnológicos que nos envalentonen mediante modos de actuar en que antes no pudieran haber sido utilizados. Primero, debemos entender qué aspecto de la conducta del gobierno o del neocorporativismo queremos cambiar o eliminar. En segundo lugar, debemos desarrollar una forma de pensar sobre esta conducta que tenga la suficiente fuerza como para llevarnos a través del lodazal del lenguaje políticamente distorsionado, hasta llegar a una posición de claridad. Por último, debemos utilizar este entendimiento para inspirar en nosotros y en otros un curso de acción efectiva y ennoblecedora”. – Julián Assange

La historia no contada de los Estados Unidos en IMDb

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Oliver Stone’s Untold History of the United States, also known as The Untold History of the United States, is a 2012 documentary series directed, produced, and narrated by Oliver Stone.

Oliver Stone and American University historian Peter J. Kuznick, began working on the project in 2008. Stone, Kuznick and British screenwriter Matt Graham co-wrote the script. The documentary miniseries for Showtime had a working title Oliver Stone’s Secret History of America. It covers “the reasons behind the Cold War with the Soviet Union, U.S. President Harry Truman’s decision to drop the atomic bomb on Japan, and changes in America’s global role since the fall of Communism.” Stone is the director and narrator of all ten episodes. The series is a re-examination of some of the under-reported and darkest parts of American modern history using little known documents and newly uncovered archival material. The series looks beyond official versions of events to the deeper causes and implications and explores how events from the past still have resonant themes for the present day. Stone said: “From the outset I’ve looked at this project as a legacy to my children, and a way to understand the times I’ve lived through. I hope it can contribute to a more global insight into our American history.”

The first three episodes of the series premiered at the New York Film Festival on October 6, 2012, which Indiewire described as “extremely compelling” and “daring”. The series was personally presented by Stone at the Subversive Festival on May 4, 2013, in Zagreb, Croatia, which next to film screenings also included debates and public lectures by prominent intellectuals such as Slavoj Žižek and Tariq Ali.

Stone described the project as “the most ambitious thing I’ve ever done. Certainly in documentary form, and perhaps in fiction, feature form.” Production took four years to complete. Stone confessed “It was supposed to take two years but it’s way over schedule”. The premiere was finally set for November 12, 2012. Stone spent $1 million of his own money on the budget, which had inflated from $3 million to $5 million.

The series premiered on Showtime in November 2012. The executive producers were Oliver Stone, Tara Tremaine and Rob Wilson. A book by the same name was also published.

On October 15, 2013, Oliver Stone announced that Untold History of the United States would be released on Blu-ray. All 10 episodes of the show would be featured on 4 discs, and the Blu-ray release would also include various bonus content, as well as 2 prologue episodes. The first prologue episode would deal with World War I, the Russian Revolution and Woodrow Wilson. The second prologue episode would highlight the pre-World War II era of Franklin D. Roosevelt, Adolf Hitler and Joseph Stalin. On March 4, 2014, Stone announced via his own website that the series was officially available on DVD. (Wikipedia)