“El Gran Hermano vela por todos nosotros” (Juan Carlos Rivas Fraile)


Juan Carlos Rivas Fraile / Mundo Obrero

Película: Citizenfour, de Laura Poitras

Laura Poitras registra con su cámara el relato de Snowden con un despojamiento absoluto de cualquier artificio narrativo.

A veces se diría que anida en Los Angeles un peligroso nido de rojos encargado de seleccionar y premiar obras que denuncian las lacras más sangrantes del imperio. Resulta pues todo lo paradójico que se quiera, pero ya no sorprende (ha sucedido en numerosas ocasiones) que Hollywood haya concedido este año el Oscar al Mejor Documental a un trabajo como CitizenFour, firmado por la realizadora Laura Poitras, quien pese a su nacionalidad norteamericana tuvo que desplazarse a Berlín para eludir el acoso de los servicios de seguridad de su país y poder terminarlo.

CitizenFour cierra una trilogía comenzada con My Country, My Country (2006) y The Oath (2010), títulos que uno querría recuperar a toda costa al abandonar la sala con un nudo en la garganta después de ver el tercero. El primero, que describía la vida de los iraquíes bajo la ocupación del ejército de Bush y su patética coalición, ya rozó la estatuilla dorada con la punta de los dedos. El segundo se centraba en el caso de un chófer y un guardaespaldas de Osama Bin Laden, dos detenidos alojados en el monumento a la ignominia de Guantánamo, el infierno sin ley que el presidente Obama iba a clausurar al comienzo de su primer mandato y a día de hoy, casi siete años después, alberga a más de cien huéspedes sin esperanza.

Aún con su naturaleza documental Citizenfour se perfila como un thriller de espionaje cuyos episodios se desarrollan en tiempo real. Una periodista –la propia realizadora- recibe en enero de 2013 una serie de correos electrónicos cifrados que alientan la promesa de escandalosas revelaciones; su reemitente, el ciudadanocuatro del título, que resulta ser Edward Snowden. En una habitación de Hong Kong se produce el encuentro de Laura Poitras acompañada de dos periodistas de The Guardian, Glenn Greenwald y Ewen MacAskill, con el analista que iba a destripar los secretos mejor guardados de la NSA (National Security Agency). Snowden había escogido cuidadosamente a su interlocutora, sabía de buena tinta, claro, que había estado sometida a estrecha vigilancia durante bastante tiempo. De su boca comenzaron a fluir durante ocho días, ante el objetivo y los asombrados ojos de los reporteros, minuciosos detalles de la mayor operación de control de comunicaciones a escala mundial de la Historia perpetrada por el gobierno de los Estados Unidos sin detenerse ante barreras legales ni propias ni ajenas, sin respetar derechos de amigos ni enemigos. Miles de millones de llamadas telefónicas y correos electrónicos sistemáticamente reventados que convertían el derecho a la privacidad en un chiste, ni jefes de estado ni inocentes ciudadanos se respetan, nada ni nadie está a salvo del espionaje. Ni siquiera el teléfono privado de frau Merkel.

citizenfour
Laura Poitras registra con su cámara el relato de Snowden con un despojamiento absoluto de cualquier artificio narrativo. Apenas vemos otros personajes que el héroe (pues de un héroe, que sacrifica su libertad por altruismo, se trata) hablando con sus mensajeros, los privilegiados mensajeros que también asumen no pocos riesgos, escenas de algún aeropuerto, algunos debates provocados aquí y allá, en Europa, en Brasil, por las miserias al descubierto, y dos habitaciones de hotel en las que este hombre joven, tan sólo 29 años y una altísima especialización top secret, se recluye a la espera de una más que incierta salida al túnel en el que se ha metido para sacarnos a todos de la caverna. Todos es todos, la población mundial a merced de la vigilancia suprema, el control absoluto del habitante amparado por decisiones políticas de un farsante Premio Nobel que habita en la Casa Blanca.

Con una narración tan austera como se ha explicado, Poitras deja a las películas de espías convertidas en artificiosos juegos de niños y consigue un efecto mucho más aterrador. Los planos fijos de algunas instalaciones de la NSA en variados lugares del mundo, identificadas sólo por un simple rótulo, hacen que éstas resulten amenazadoras y siniestras. El filme se atiene a unas reglas estrictas de respeto al documento veraz, ante todo las palabras del ciudadano Snowden, sacudidas por la inquietud e interrumpidas por algún sobresalto; no hay puesta en escena de ningún tipo (salvo lo que implica la ubicación de la cámara y algunos –escasos- apuntes musicales), lo que sucede ante el objetivo es documento notarial, periodismo en estado puro, un modelo canónico para la Universidad. Citizenfour muestra al mundo algo de lo que hemos tenido noticias en prensa y televisión a lo largo de los dos últimos años, el momento y el modo exactos en que Edward Snowden cruzó una línea que ponía en peligro su vida y alcanzaría una trascendencia mundial, sin ninguna duda, histórica. Con CitizenFour se redefinen los conceptos de cine-realidad y de thriller documental.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s