“Nymphomaniac Vol.1: Un orgasmo no sexual” (Sebastián Peñuela Camacho)


Título original: Nymphomaniac. Volume I / Nymphomaniac (1) 

Dirección y guión: Lars von Trier

Año: 2013 / Duración: 117 min. / País: Dinamarca / Música: Varios / Fotografía: Manuel Alberto Claro

“Nymphomaniac Vol.1: Un orgasmo no sexual”

Sebastián Peñuela Camacho

sebas

Después de una inhalación de ciento diecisiete minutos, al exhalar, lo primero que pienso es: ¿Qué diantres acabo de ver? No tardé en pensar que quizás estaba ante una de las películas más polémicas del cine. No obstante, dicha cuestión no radica precisamente en aquello por lo cual nos han querido vender como “lo polémico” de la cinta (contenido de escenas con sexo explícito), sino por el contrario, por no centrarse en ese debate y sí proponer algo verdaderamente polémico: ¿Es posible tener como hilo conductor el sexo sin que, necesariamente, el discurso tenga que recaer ya sea en lo erótico o en lo pornográfico? Qué decepción se han de haber llevado aquellos espectadores que iban tras estos dos discursos.

Como lo es en un libro el primer párrafo, en una película siempre la primera escena es decisiva. Esto en tanto que, no sólo está en juego el nivel de atención que se logra conseguir del espectador, sino más aún, es en ella donde es posible desvelar las intenciones y el sentido que el director propone en su película. Basta con dejarse llevar por los lentos movimientos de cámara, el concierto que puede brindarnos las gotas de lluvia, los primeros planos a objetos banales que terminan, por la misma estética de la escena, unificándose en un todo en forma de collage; en esta primera impactante escena, Lars Von Trier, con gran sutileza, logró hacer que contuviera la respiración. A partir de allí, lo que continúa con Nymphomaniac vol.1 es un continuo juego con las simples cosas. El sexo es el hilo conductor de la historia, sin embargo, lo que conecta los distintos hilos que se van tejiendo en la película, no es el sexo en sí, sino por el contrario, esas simples cosas, que con maestría, Von Trier logra hacer que sean objeto de fijación por parte del espectador.

Pero para poder tejer todos estos elementos se necesita, además, un verdadero trabajo dramatúrgico donde, tanto amantes como detractores del director, coinciden en que es uno de los fuertes de Lars Von Trier. En este caso, lo primero que me sorprendió fue encontrarme con una historia fraccionada, de nuevo en forma de collage, donde los distintos elementos se entraman en una historia no lineal, que logra unificarse en un todo mediante la narración que hace la protagonista a un curioso personaje que le da cobijo en su casa. Esta forma de contar la historia, más allá de ser un recurso de narración, constituye una exquisita base que da pie para poder dejarse llevar por la atracción que generan estos distintos cuadros poéticos. Por momentos es la imagen la que invita a la poesía, en otras ocasiones son los textos escritos por Von Trier, pero que en definitiva, terminaron por penetrar la sala con un fuerte sentido onírico.

Todos estos elementos más el sexo, que si bien es tratado en las escenas de forma explícita, por todo en lo que se enmarcó, mi atención terminó por recaer, no tanto en los distintos actos sexuales, sino por el contrario, en un campo más complejo: la metáfora. La película habla por sí sola: reconoce su sentido sexual, más aún, utiliza el sexo como su hilo conductor, sin embargo, éste termina por ser apenas un primer paso hacia lo que pareciera que pretende llevarnos la misma. Los conflictos humanos, las tensiones inherentes y constitutivas de nuestra naturaleza, nutridas por los textos y los juegos de cámara, se presentan como efímeras metáforas que se van fundiendo cuadro tras cuadro.

Apenas terminó la película me fue posible exhalar y reflexionar sobre lo que había acabado de ver. Seguido a ello, volteé a mirar a mí alrededor y vi distintas caras: unos sonreían, otros dormían, mientras que algunos el inconformismo se les notaba a flor de piel. Definitivamente había tres tipos de espectadores, cada uno buscando cosas distintas. Uno primero que creía que la cinta iba a ser lo más parecido a una película pornográfica; que pena de él, porque apenas será de los ciento diecisiete minutos que dura la cinta, diecisiete de escenas con sexo explícito. Un segundo espectador, que también desde sus entrañas buscaba ver pornografía, pero por su carácter bohemio se encubría denominándolo como erótico; muy seguramente también se debía sentir bastante decepcionado, porque la película a pesar de ser muy excitante, no lo es en el sentido sexual como si lo es una buena película erótica. Y finalmente, uno tercero que llego a la sala sin buscar lo sexual y encontró en ello, la base para la creación de distintas metáforas que logran desgarrar el alma. Así, pensé una vez más, <<qué polémica que es esta película…>>, porque logró burlarse de los dos primeros tipos de espectador y salvaguardó a uno tercero que no iba ni en búsqueda de sexo ni de erotismo. Si aún no ha visto la película y, ya sea por el nombre o por el tráiler, se sintió interesado en verla, le aconsejo alejar su mano de su aparato sexual y ponerla a la deriva para así, poco a poco, dejarse seducir por esta película que muy seguramente, en unos años, se le comenzará a denominar como de culto.

10 pensamientos en ““Nymphomaniac Vol.1: Un orgasmo no sexual” (Sebastián Peñuela Camacho)

  1. Lars Von Trier desafía, provoca y asombra. Intenté esperar, no leer el artículo porque aún no he visto la película, pero fue imposible, desde la primera frase caí en el deleite de la lectura. Me dejó en la butaca, aunque en piso inestable, emocionada, a la deriva, esperando que empiece la función.

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  2. Tampoco vi Nymphomaniac Vol.1 todavía. Controvertido Lars von Trier, como siempre y en toda su filmografía. Un apunte, no se que hubiera pensado su admirado Carl Theodor Dreyer, ultracatólico, de una de sus polémicas frases: “Soy un melancólico danés masturbándose en la oscuridad ante las imágenes de la industria del cine”.
    Melancolía, la última de Trier me dejó pasmado. Espero bastante de Nymphomaniac, que es la tercera parte de la Trilogía de la depresión.
    También volveré cuando vea esta. Saludos,

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      • Igor, ya que los mencionas los pongo aquí:

        -Carl Theodor Dreyer (1965).- Documental de Jörgen Ross en el que se recogen testimonios de Henri Langlois, Jean Luc Godard y François Truffaut, entre otros. 28 min.

        -Carl Theodor Dreyer (1966).- Eric Rohmer dirige este documental para la prestigiosa serie de Cineastas de nuestro tiempo. 62 min.

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  3. Fº Soria, no se de donde sacas que Dreyer era ultracatólico. Esto es lo que dijo después de ver “Intolerancia” de Griffith. “En Dies irae estaba la intolerancia de que hicieron gala los cristianos ante todos aquellos que seguían aún atados a las supersticiones y todo lo que aún sobrevivía. Incluso en Gertrud también se siente dicha intolerancia, pero aquí aparece en la propia Gertrud, que nunca aceptará nada que no sienta ella misma y que exige, en cierto modo, que todos se inclinen ante ella”.

    En Dies Irae cuenta la historia de un triángulo amoroso entre un sacerdote, su última y joven mujer y el hijo de este, en plena caza de brujas de la Dinamarca de los años 20. Valiente película que se atreve a mostrar claros paralelismos entre fanatismo religioso y nazismo en pleno 1943.

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  4. Insulsa y pretenciosa. No tiene más recorrido. No provoca, no inquieta y nos deja poco más que alguna imagen de calidad. Poco para Trier.

    La crítica es bastante más interesante que esta nueva entrega de la Trilogía.

    Buen blog. Saludos,
    Igor,

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  5. Crítica pretenciosa. No tengo referencias del crítico que firma el texto pero después de ver las dos partes de Nymphomaniac y la crónica que firma de la primera parte creo que no comprende nada de la filmografía de Lars Von Trier. Este último sigue con su machacona idea de la redención a través del sufrimiento y la culpa de sus últimas entregas (salvo Melancolía), estas dos incluídas, y no aportan nada nuevo. En mi opinión si nos hubiera entregado una sola cinta con lo rodado dentro de habitación entre Joe y Seligman habría bastado. Cierto que Von Trier es muy potente con las imágenes (Melancolía) pero aquí toda esa estética no hace más que rellenar cuatro horas de tedio sin justificación cinéfila.
    Estas dos partes ya están en Rompiéndo las olas.
    Viendo a Dreyer casi sobra casi todo de Lars Von Trier.
    Saludos desde Chile.
    Alejandro Martín

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