“Adiós, Mr. Oshima” (Roberto Cueto)


Roberto Cueto (El blog del Festival)

Cuando nos comunicaron que Nagisa Oshima no podría estar en San Sebastián en septiembre para presentar la retrospectiva que le dedicamos debido a su “delicado estado de salud”, no podíamos imaginarnos que nuestro entusiasta reconocimiento a su filmografía acabaría siendo póstumo. Hoy la reivindicación de su obra se hace más necesaria que nunca, porque, tras una efímera popularidad en la década de los 70, Oshima había quedado un tanto relegado al olvido y él mismo se había sumido en un discreto retiro desde que rodara su última (y gran) película en 1999.

Los lectores de este blog intermitente y perezoso saben que soy de la opinión de que las películas se explican mejor por sí mismas que cualquier texto laudatorio hablando de ellas. Además, en septiembre, los espectadores del Festival tendrán en sus manos el estupendo libro que está coordinando Quim Casas, y ahí va a quedar perfectamente explicada la gran aportación de Oshima al cine moderno. Así que, siguiendo mi costumbre, prefiero hacerle este pequeño homenaje personal con una galería de trailers de sus películas. Por supuesto, todas ellas las podréis ver en el ciclo que estamos preparando para septiembre.

El imperio de los sentidos

Oshima comenzó su carrera en el estudio Shochiku, uno de los más poderosos de Japón, en una época (finales de los 50) en que los productores  descubrieron que las películas sobre jóvenes rebeldes eran baratas de hacer y funcionaban bien en taquilla. Sobre eso trata el film de Oshima Historias crueles de juventud, protagonizado por una joven pareja que vive del chantaje. Lejos del tono moralizante que a veces tenían estos films juveniles, el de Oshima es un contundente retrato de una generación que rechaza el mundo de sus mayores y que anticipa los movimientos contestatarios de la década siguiente.

En 1960 Oshima rodó otra película para Shochiku titulada Night and Fog in Japan, y ahí ya dejó clara cuál era su verdadera vocación: ser el cronista político del Japón de su tiempo. Es una cinta opresiva, claustrofóbica y desencantada, con delirantes y enloquecidos movimientos de cámara, acerca de las tensiones políticas en el mundo estudiantil japonés de los 60. A Shochiku no le gustó  la película, ya que no encajaba con el tipo de producciones que prefería hacer, y decidió no estrenarla. En vista de ello, Oshima abandonó el estudio para hacerse productor independiente.

Nunca se nos ocurriría relacionar a Oshima con el anime japonés, pero lo cierto es que él también hizo una película de animación: Tales of the Ninja o Band of the Ninja. Eso sí, es una muy poco convencional adaptación de un manga que es todo un reto a quienes aún desprecian el anime japonés por su falta de dinamismo: Oshima reiventa el cine de animación a través del estatismo.

No son muchas las películas de Oshima que se estrenaron en España, pero al menos sí llegó a nuestras pantallas El muchacho, uno de sus títulos más conmovedores. Basado en un extraño suceso real, el film sigue las peripecias de un niño al que sus padres utilizan en un turbio “negocio”, y es otra certera indagación del director en la estructura familiar y en los males endémicos de la sociedad japonesa de la época.

Y con él llegó el escándalo: El imperio de los sentidos fue objeto de censura y llevó a Oshima a los tribunales por saltarse uno de los grandes tabués del cine japonés, mostrar genitales en la pantalla. También lo hizo famoso en todo el mundo. Afirma Wikipedia que “cuando fue estrenada en Estados Unidos, la venta de huevos se incrementó inesperadamente”, un dato que no sé hasta qué punto es fidedigno, pero que dice mucho de la condición humana (y de la gente que redacta la Wikipedia).  Más allá de la anécdota, la película es todo un emblema del cine de Oshima y de su idea del sexo como cómo una poderosa fuerza revolucionaria. Volver a verla en pantalla grande en el Festival demostrará que no ha perdido nada de su poderío.

Allá por los años 80, en los lejanos tiempos en que David Bowie era mucho más popular que Michael Jackson, Feliz Navidad Mr. Lawrence fue todo un acontecimiento, aunque no sé por qué las nuevas generaciones han olvidado esta película. Lo que podría entenderse como una especie de remake de El puente sobre el río Kwai (las duras condiciones de vida de los prisioneros de guerra británicos en un campo de concentración japonés) se convirtió en manos de Oshima en otra fábula sobre los extraños sitios a los que nos puede llevar el deseo y la búsqueda de la belleza. La otra estrella del film era Ryuichi Sakamoto, entonces otro ídolo de masas en Japón, quien también compuso esa música que tanto ayudó a la popularidad del film.

Oshima se despidió del cine con Tabú, una película que pasó más bien desapercibida en España, aunque no había ninguna razón para ello. Más bien al contrario, porque es un refinado, sutil y elegante relato sobre la vida cotidiana de los samuráis que contesta a lo que nadie se atrevía a preguntar: ¿acaso no era habitual la homosexualidad entre tanta katana? A los 67 años de edad, Oshima volvía a desafiar los límites de lo que se podía contar para hacer una película joven, viva y, sobre todo, muy hermosa.

Me voy con una despedida, un último homenaje a la memoria de Oshima. Un director que el próximo septiembre estará más vivo que nunca con sus películas en San Sebastián. Pero la música expresa mejor estas cosas que las palabras, así que os dejo con Ryuichi Sakamoto interpretando al piano su tema de Feliz Navidad Mr. Lawrence.

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