“Alan Moore: Por qué di la espalda a Hollywood” (Tom Lamont)


Alan Moore, genio excéntrico detrás de las novelas gráficas clásicas V for Vendetta y Watchmen, rechazó el dinero que le habrían supuesto las grandes películas. Acaba de hacer una película de bajo presupuesto en su querida ciudad natal, Northampton.

Alan Moore pasea por el centro de Northampton [ciudad situada en el centro oriental de Inglaterra] con un bastón, esculpido con el propósito de parecerse a una serpiente, y un cepillo. El escritor, de 59 años, anda con un movimiento vivo que es la razón de que lleva bastón, y el cepillo es porque no se ha cortado el pelo desde que era adolescente. Durante décadas Moore ha conservado su melena y su barba de hechicero a base de cepillados enérgicos. “De esta manera se cuida sola”.

“Los críos del centro comercial me increpan a veces llamándome Dios o Jesús, pero no me importa porque Jesús se murió con 33 años y está claro que me han tomado por un hombre más joven”. Pero para los seguidores de los cómics de referencia que Moore ha escrito a lo largo de los años (el superhéroe policiaco Watchmen y la fría distopía de V for Vendetta ) puede que la deificación esté justificada. Moore es uno de los escritores más venerados e influyentes del país. También es uno de los más desconcertantes porque es perverso y difícil de desentrañar.

Alan-MooreEl trabajo que realizó en los años 80, por ejemplo para Watchmen y V for Vendetta, hizo que toda una industria cambiara su enfoque y las editoriales dirigieran los cómics no sólo a críos y adolescentes dispuestos a gastar su dinero de bolsillo, sino también a los adultos. Después, a medida que un público más amplio se aficionó a su trabajo, Moore se apartó de la corriente principal y llegó a tener tal aversión a los Estados Unidos corporativos que rechazó pagos importantes de Hollywood por hacer adaptaciones de su trabajo. De todas formas se hicieron cinco películas muy taquilleras basadas en las historias de Moore y el mes pasado se estrenó una película que le gusta y refrenda; se trata de un corto de bajo presupuesto cuyo guión Moore escribió y está actualmente disponible en la red sin coste ( http://jimmysend.com/ ). Además de este guión cinematográfico y décadas de cómics, Moore ha escrito ficción, prosa, historia, canciones protesta y pornografía. Único entre los escritores británicos de más venta, se describe a sí mismo como un mago practicante.

Moore es un enigma y una de las cosas que más sorprenden de él es que ha vivido siempre en Northampton, la septuagésima tercera ciudad del Reino Unido, rica en historia local y deprimida en casi todos los demás aspectos. “La mayoría de las tiendas se están cerrando. Los únicos que prosperan son los fabricantes de planchas de yeso.”

Sin embargo no tiene intención de marcharse nunca, a pesar del entusiasmo creciente por su obra en el resto del mundo Una película de la serie Watchmen fue un gran éxito hace cuatro años, con una recaudación de 140 millones de libras aproximadamente en las taquillas. Mientras tanto fue la película de 2005 de V for Vendetta de Moore la que dio lugar a las máscaras desconcertantes de Guy Fawkes [católico inglés implicado en la llamada conspiración de la pólvora] y que suelen llevar los grupos de protesta como Occupy. Las máscaras son ahora un símbolo tan potente de rebelión que el mes pasado se proscribieron en los Emiratos Árabes Unidos, “pero no quiero que me den crédito por ello”, dice Moore. “El crédito se debe atribuir a los que protestan, por sus esfuerzos”. Además es reacio siempre a desviar su atención de Northampton. Cuando en 2007 le pidieron que apareciera en un episodio de The Simpsons

un productor voló de Los Ángeles a Northampton para que Moore pudiera grabar su diálogo en un estudio destartalado cerca de su casa.

“Éste es un buen sitio para mí. Mantiene mi atención centrada. La vida no es fácil, pero no es extremadamente difícil. Hay una gravedad en torno a Northampton que me gusta”.

El corto que Moore escribió y estrenó en la red el mes pasado se titula Jimmy’s End , una historia inquietante y bien tramada sobre el hampa, y fue dirigido por otro habitante de Northampton, Mitch Jenkins. Se filmó en un working men’s club [un club social para el ocio y en sus orígenes de educación de los obreros y sus familias] y Moore hace un breve cameo.

¿Por qu é hacer una película ahora, después de tantos años de resistencia incómoda? “Mis experiencias en el pasado han sido en Hollywood y fueron repulsivas para mí en muchos aspectos. Cada película es una nueva versión de una película anterior o de una serie televisiva que a todos les gustaba o que todos odiaban en los años 60. O es propia de un parque temático; pronto serán tema de las mascotas del cereal de desayuno”.

“Pero he pensado siempre que me apetecía la idea de una pequeña película muy barata. Si quieres ser escritor o artista, todo lo que necesitas es un bolígrafo y un bloc de notas de Woolworths; es un medio democrático. Me encantan las películas que se hacen casi sin presupuesto”.

Moore tiene una relación complicada con el dinero. “Puro vudú”, dice ahora. “Sólo existe mientras creemos en él”. Cuando le preguntaron en una entrevista televisiva

celebrada este año por qué cedió los derechos del cómic Watchmen si no quería que se hiciera la película, Moore dijo que lo hizo porque no esperaba que se hiciera ninguna adaptación; lo llamó hacer dinero sin esfuerzo. Pero entonces se estrenaron las películas y a Moore empezó a no gustarle lo que veía en la pantalla ni los ingresos que de ellas se conseguían, de forma que pidió que se quitara su nombre de los créditos; fue entonces cuando empezó a rechazar el dinero que correspondía a la producción. Moore dio su parte de los honorarios por Watchmen a Dave Gibbons, el artista con quien escribió la serie.

Además de Jimmy’s End , Moore y Jenkins filmaron recientemente un corto sobre el mismo tema cuyo título es Act of Faith , ambientado en una Northampton de ficción. Costó 11.000 libras, lo que habría sufragado el precio del café en el plató de Watchmen . “Me horrorizan los presupuestos de estas películas, casi tanto como las películas en sí”.

“He desarrollado la teoría de que hay una relación inversa entre el dinero y la imaginación. Si tienes mucha imaginación no necesitas mucho dinero y si tienes mucho dinero no necesitas mucha imaginación”.

Tienes que poder pagar las facturas para poder dormir por la noche. Pero más allá de eso, el mundo dentro de mi cabeza es mucho más rico que el que hay ahora fuera de ella. Supongo que mi arte y mi escritura están destinados a juntar los dos”.

En el museo de Bellas Artes de Charleroi, Bélgica, se expone permanentemente un teclado viejo del ordenador de Moore. Esto sería impensable en 1969 cuando el subdirector del Instituto para chicos de Northampton lo sacó de la clase de arte.

Con el pelo largo y rizado que parecía “un trozo de canalón” por encima de las orejas, con 16 años el chaval se encontró en el despacho del director con un detective de la brigada antidroga local. Su charla sólo habría sido más tensa si Moore no se hubiera vaciado discretamente los bolsillos donde guardaba marihuana de baja graduación en el camino al despacho del director. “Creí que había gestionado la situación bastante bien”, recuerda. “Evidentemente ellos no pensaron lo mismo”.

Cuando tuvo que decir a sus padres que lo habían expulsado del Instituto “sintió como si fuera el fin del mundo”. Vivían en la zona oeste de Northampton llamada The Boroughs, un vecindario pobre que el resto de los habitantes de la ciudad procuraba evitar. Moore era inusitadamente inteligente. “Como había crecido en The Boroughs pensé que era el chico más listo del mundo, una ilusión que sólo pude albergar hasta g rammar school [establecimiento público pero selectivo de educación secundaria]”. Fue uno de aproximadamente 10 chicos de familias obreras que no habían ido a prep school [escuela primaria privada] donde enseñan a declinar en latín. “Mi puesto en la clase cayó en picado”. [Las grammar schools en el Reino Unido asignaban a los alumnos un puesto en la clase de acuerdo con sus resultados en los exámenes estivales].

Los cómics estadounidenses fueron “una válvula de escape bien recibida, una ventana hacia una imaginación desenfrenada”. Moore empezó a escribir y dibujar sus propias tiras e inventó pronto un superhéroe llamado Ray Gun (cuya identidad secreta fue Raymond Gunn) y prestaba sus creaciones a sus amigos por una cantidad módica. Los beneficios se destinaban a Unicef o Save The Children, ahora no lo recuerda. “Me parecía noble. ¿Cómo podría alguien resistirse a un cómic mal dibujado por un chaval con fines benéficos?”

Después de que lo expulsaron del Instituto a los 16 años, lo que atribuye “al momento expansivo y eufórico de los años 60”, Moore pensó en matricularse en la escuela de arte, pero pronto empezó a lanzar tiras de cómic. Los dibujos animados eran cosa de familia. Su bisabuelo paterno, un vividor legendario de Northampton que se llamaba Ginger Vernon, solía intercambiar caricaturas por pintas de cerveza en el bar. (Fue, añade Moore, un alcohólico feroz.) Moore empezó a escribir y dibujar una tira habitual para el periódico local y para la revista de música Sounds. Cuando encontró trabajo con títulos británicos como Doctor Who, Moore ya no dibujaba, con el fin de dedicarse a la escritura (según él no lo hacía ni lo suficientemente rápido ni lo suficientemente bien).

En este momento Moore ya estaba casado, tenía una hija y vivían en una urbanización a las afueras de la ciudad. Cuando nació su segunda hija vivían en una vivienda municipal destartalada más en el centro de la ciudad, donde Moore trabajaba en su dormitorio con su largo cuerpo doblado sobre una máquina de escribir posada en un taburete. “Cuando escribí V for Vendetta sabía que era bueno. Pero no fue hasta que me buscaron los editores de cómic estadounidenses cuando cambiaron mis circunstancias.”

A Moore se le pidió trabajar en el título estadounidense Swamp Thing sobre un superhéroe que era también vegetal humano, un territorio ideal, kitsch e idiosincrásico, pero difícilmente un buque insignia para la editorial, así que Moore podría introducir unos elementos más sombríos. “No sabía que socialmente el incesto y la necrofilia se desaprobaban todavía aquí”, dijo Moore socarronamente en una entrevista

en 1985 después de que le criticaran sus tramas controvertidas.

Para entonces su serie V for Vendetta ya se publicaba y Moore se concentraba en Watchmen, una fusión inusitada de géneros sobre un grupo de excombatientes del crimen al que amenaza un asesino en serie. En la superficie Watchmen era ficción de superhéroes -poderes, capas, barbillas- pero se ambientaba en un mundo más real, más oscuro y estaba claramente destinada a adultos. Fue innovadora y todavía se imita hoy.

Moore escribió luego el relato histórico de horror From Hell (del que se hizo una película con Johnny Depp en 2001) y una serie estridente de aventuras llamada The League of Extraordinary Gentlemen (un fracaso cinematográfico para Sean Connery en 2003). En los años 90 empezó a trabajar en Lost Girls, un cómic pornográfico concebido con la artista estadounidense Melinda Gebbie. Cuando se publicó en 2006, Moore se había separado de su primera mujer y Gebbie y él ya eran pareja. Se casaron en 2007 vestidos con trajes de color “azul y verde iridiscentes” que en palabras de la hija mayor de Moore les hicieron parecer una pareja de moscardones.

Nada de su variada producción ha eclipsado el éxito de Watchmen (que Time enumeró como una de las 100 mejores novelas en lengua inglesa de la era moderna) pero el Moore de 2012 no guarda una copia de la novela en su casa. Está reñido desde hace mucho tiempo con su coautor Gibbons sobre si permitir a los editores reanimar la serie con prólogos y si refrendar la inclusión de un juego de ordenador con la novela. Moore dijo que regañaron sobre Watchmen el día de su boda. De todas formas una serie de cómic llamada Before Watchmen se ha puesto a la venta y sin duda habrá más películas.

Moore ha renegado de todo con un coste personal, calcula, de un millón de libras. Odia que lo coaccionen, sea la que sea la iniciativa financiera de que se trate, y puede ser algo en la sangre. A su bisabuelo Ginger, el dibujante alcohólico, le ofrecieron al principio del siglo XX, la posibilidad de ser director de una compañía de vidrio en la ciudad. “¡Serás millonario!” le dijeron. “La única condición es que es que no entres en el bar durante dos semanas”. La respuesta, inevitablemente, fue negativa y Vernon se pasó el resto de la vida paseándose por delante de la mansión del hombre que dijo que sí.

“Pero estoy inmensamente orgulloso de eso. Rechazar algo porque no lo quieres hacer. Esas cosas se llevan probablemente en los genes”. Moore dice que la imaginación es como un músculo. “Si lo trabajas, se hace más grande”. Sin embargo después de cuatro décadas puede que se haya trabajado demasiado. Moore apenas sabe qué hacer con sus ideas.

No contento con hacer Jimmy’s End y su prólogo Act of Faith, se ha inventado todo tipo de fantasías que podrían dar sabor a episodios futuros ambientados en el mismo mundo. Se ha tomado tiempo para escribir un programa de radio de ficción que podría sobresalir en algún momento y con su hija Amber ha inventado un juego de ordenador que podría también hacer méritos. Ha creado una línea de bebidas energéticas y una red social.

“Abarco demasiado. Podría tener que ver con que fuera el chico más listo del mundo a los 10 años. Pero lo que quiero hacer es difuminar las líneas entre lo real y lo ficticio”.

También se ha difuminado lo real y lo ficticio con respecto a Moore: que es un recluso, un mago. Cuando te apeas del tren en Northampton con la idea de ver a un amargado tipo Salinger o Aleister Crowley [ocultista, místico y mago ceremonial inglés] que pinta pentágonos en el andén, te encuentras con un hombre cálido y atento que lleva una capucha de color morado. Moore está encantado de presumir de Northampton, explicar qué significa para él y no se avergüenza de acicalar su enorme melena ante el público, por cierto una experiencia extraordinaria; se peina toda la melena hacia delante y luego, con la raya en medio, parte el pelo como si fueran dos cortinas pesadas.

Charla continuamente de homeopatía y Lemsip [un medicamento], CSI Miami y el asesino del coche en llamas Alfie Rouse (“un favorito local”). “Creo que soy bastante gregario”, dice, después de aproximadamente 100 minutos de conversación, tímido y con la barba apoyada sobre el pecho. Lleva un anillo pesado que le ocupa todo el dedo y que podría estar relacionado con la magia, pero en realidad es su alianza de casado, diseñado por él mismo e incrustado con lágrimas de ópalos.

Esto de ser un mago practicante, lo que anunció por primera vez en los años 90 (la fecha en que empezó a ponérsele gris la barba y se hizo con el bastón en forma de serpiente), ¿es de verdad o es para jugar? “Tiene mucho que ver con cómo veo el mundo. Con la pinta que tengo de Gandolf, en cuanto salgo de casa tengo que dispersarme…” Y por una vez Moore no encuentra un final elocuente para la frase. Empieza de nuevo. “Es cierto que hay un elemento de juego. Pero lo que hay detrás es muy serio”.

¿Coge una carta, cualquier carta? No, dice Moore, no se trata de trucos. Para él se trata de percepción y se sale por la tangente rápidamente al hablar de los límites de la mente, pasando por Freud, Alan Turing [matemático, lógico, científico de la computación, criptógrafo y filósofo británico], Paracelsus y Twelfth Night [Noche de Reyes] para llegar a una conclusión bastante razonable. Moore ve la magia como una forma de meditación, una válvula de escape para su imaginación desbordada.

“¿Que si creo, por ejemplo, que mediante la magia podría volar? Pues no. ¿Cómo se puede salvar la gravedad? Imposible. ¿Que si creo que podría proyectar mi percepción hacia una simulación muy viva de que estoy volando? Pues sí. He hecho eso y funciona”.

“A veces requiere tomar drogas pero algunas veces se puede hacer mediante un acto creativo. Escribir es una forma muy intensa de meditación, tan buena como adoptar la posición de loto”.

Cuando se subastó el año pasado en eBay otro viejo teclado de ordenador de Moore, el vendedor arriesgó que “podría albergar poderes de otro mundo”. Se vendió por 461 libras a pesar de tener mal la tecla de la z. De paseo por Northampton, Moore explica que sus viejos teclados han terminado en eBay o en el museo de Charleroi porque ha tenido que retirarlos del servicio activo. Escribe actualmente con un teclado metálico industrial de los que se utilizan en fundiciones y zonas de conflicto. Los teclados plásticos le duraban pocos meses bajo tanta ceniza de cigarrillo o debido al uso excesivo.

En este momento termina una novela ambientada como sus cortos en Northampton. Se titula Jerusalem y tiene aproximadamente 600.000 palabras -más que la Biblia- de la que está encantado, aunque un poco preocupado de que no le quede la huella dactilar de los dedos índice con los que teclea exclusivamente. La imaginación de Moore pasea al mismo tiempo que él y piensa en voz alta en los crímenes que alguien en sus circunstancias podría cometer sin temor a ser descubierto. Por ejemplo, podría producirse un asesinato con la aplicación de dos dedos rígidos en la sien…

Pincha este vínculo para ver el video de la canción de Alan Moore The Decline of English Murder [El declive del asesinato inglés].

Moore lamenta que ni su padre ni su madre pudieran leer su mejor obra antes de fallecer en los años 90. (Aunque su madre intentó una vez leer Swamp Thing , “que seguramente fue el segundo libro que leyó en toda su vida después de la conversión en novela de Sonrisas y Lágrimas ). Atribuye a sus padres la convicción de que el dinero es de valor secundario en la vida. “Es cosa de clases. De lo único que te podrías enorgullecer en The Boroughs era de ser gente decente y enfrentarte a los abusones. Eso se me quedó grabado de niño y no es mala forma de llevar tu vida”.

Su hija Leah acaba de dar a luz mellizos y Moore ha sido abuelo por cuarta vez. ¿Esto le hace pensar en todo el dinero que ha rechazado? “No. Atiendo a mis hijos cuanto puedo y a mis nietos no les falta de nada. Pero no les voy a comprar mansiones, igual que me parece bien que Ginger Vernon no aceptara el empleo que le ofrecieron hace 100 años”.

Uno sospecha que Moore, un siglo más tarde, ocupará su lugar en la leyenda familiar al lado de Vernon, el antepasado excéntrico que rechazó una fortuna por obstinación u otras razones más confusas pero esencialmente decentes.

Mientras pasea Moore señala los monumentos locales: el Ayuntamiento donde se casó, una estatua que conmemora el papel de la ciudad en el descubrimiento del ADN y el emplazamiento del viejo Woolworths donde compraba sus blocs de notas. Se para en la vieja plaza del mercado de Northampton, una de las más antiguas del país. Ricardo I concedió el derecho a tener mercado el 18 de noviembre de 1189. “Y el 18 de noviembre es mi cumpleaños” dice el escritor con gran satisfacción. “Así que de alguna manera je suis Northampton. Sí… me identifico con esta ciudad”.

Fuente: http://www.guardian.co.uk/books/2012/dec/15/alan-moore-why-i-rejected-hollywood-interview

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