“¿El último independiente?” (Roberto Cueto)


Roberto Cueto / El blog del Festival

¿El último independiente?

El pasado 10 de octubre el Festival de Sitges (un certamen ya imprescindible para cinéfilos de toda clase y condición) me invitaba a presentar dentro de su sección “Seven Chances” un contundente, intenso y furioso film de Koji Wakamatsu titulado Caterpillar. Dije entonces que Wakamatsu, a sus 76 años de edad, seguía siendo un hiperactivo director que hacía gala de un asombrosa vitalidad. Seis días más tarde, me entero del fallecimiento de Wakamatsu y mi primera reacción es pensar que ya me podía haber estado yo callado. Pero luego averiguo que Wakamatsu no murió por culpa de la edad ni una enfermedad, sino arrollado por un taxi en las calles de Tokio: una muerte trágica y absurda que, sin embargo, demuestra que solo un azar estúpido y aciago podía haberse llevado de este mundo a un cineasta que siempre lo desafió con uñas y dientes a través de sus inclasificables,  violentas,  eróticas y nada complacientes películas.

Wakamatsu visitó el Festival de San Sebastián en 2008 para presentar una de sus películas, que habíamos incluido en nuestra retrospectiva Japón en Negro. Se trataba de Shinjuku Mad, que él consideraba una de sus trabajos favoritos porque, según confesó, al contar la historia de un padre que buscaba al asesino de su hijo en el barrio de Shinjuku,  “trataba de encontrarme a mí mismo”. El principio del film es toda una declaración de principios del estilo de Wakamatsu, libre de todo convencionalismo narrativo.

Wakamatsu siempre se movió en los terrenos del cine de consumo (sus incursiones en el pinku eiga, o cine erótico que se producía como churros en el Japón de los años 60-70) o de bajo presupuesto, pero eso le permitió desarrollar un discurso agresivo, militante y siempre polémico. Pero prefiero reproducir algunas citas suyas (tomadas de la entrevista incluida en el muy recomenable libro de Chris D. Outlaw Masters of Japanese Film) ilustradas por clips de sus películas. Es un precioso testimonio de cómo se hacían películas en una época en que no había escuelas de cine ni subvenciones. La escuela de Wakamatsu, como se verá, fue más bien la de la vida, y, si bien algunas de sus experiencias no se las recomiendo a ningún joven aspirante a director, es evidente que nutrieron la fuerza insobornable de su cine.

I. “En el barrio de Shinjuku conocí a un jefe de la mafia y me acabé convirtiendo en miembro de su banda. En aquel entonces si alguien quería rodar una película en Shinjuku tenía que pedir permiso a la yakuza. Y si eras un miembro de una banda que estaba encargada de vigilar los rodajes, lo único que tenías que hacer era estarte al lado de la cámara mientras ellos rodaban y supervisarlo todo. A mí me pagaba mi jefe, a quien pagaba el equipo que rodaba la película. Fue así cómo entré en contacto con el cine. Después me arrestaron por “falsa apropiación de dinero”, considerado como un delito de hurto. Me encerraron en la cárcel por seis meses, y la policía me pegaba palizas y me molestaba todo el tiempo. Así que me dije: ‘¿Cómo puedo responder a esta gente? ¡Exprésate!’ (…) Cuando salí de la cárcel le pedí a mi jefe que me dejara salir de la banda, y él me dejó ir (…) Fui a ver a un productor que había conocido cuando trabajaba en los rodajes y me arrodillé en su puerta diciéndole: ‘Por favor, admítame como pupilo’.  Y así empecé en el mundo de la produccción.”

II. “La inspiración para mi película The Embryo Hunts in Secret vino de mi edificio de apartamentos. Cuando me despertaba por las mañanas tenía la costumbre de abrir las ventanas. Me encantan los espacios claustrofóbicos y que me liberen de ellos. Llovía a mares porque era la temporada de lluvias. Y mientras miraba la lluvia, se me ocurrió rodar una película íntegramente en mi habitación. No tendría que preocuparme de la lluvia y saldría muy barato. Un montón de imágenes vinieron a mi mente. Yo soy bueno con las imágenes, pero no so sé escribirlas, porque no tengo estudios. Así que llamé a mi guionista, Masao Adachi, y le dije: ‘Vamos a vernos, tengo una gran idea’. Vino por la tarde, nos fuimos a beber a un garito  y le conté mis ideas (…) La noche siguiente vino con el guión escrito y lo leí. Era muy interesante, pero había cosas que costaban mucho dinero, como, como paredes que explotaban y pájaros volando en el interior. Le dije: ‘No puedo destrozar mi apartamento, tío’. Captó el mensaje. No había máquinas fotocopiadoras entonces, así que rompió el guión y lo tiró a la basura. ‘Vuelvo mañana’, me dijo. Volvió con otra versión que se convirtió en la película. Pintamos todas las paredes de mi apartamento de blanco. Junté al equipo y los actores y les ordené que no salieran del apartamento hasta que termináramos el rodaje: ‘Dormiréis aquí, os cocinaré y alimentaré hasta que terminemos’. Éramos como refugiados viviendo allí. Rodamos toda la película en una semana (…)”

III. “Me echaron de mi apartamento después de pintar las paredes para rodar The Embryo Hunts in Secret, así que tuve que mudarme. Me fui a un edificio con una azotea a la que se podía subir, y me gustaba ir allí a relajarme y hacer ejercicio. Un día que estaba allí pensé: ‘¡Puedo hacer una película aquí’. Imaginé una escena de un poema que estaba leyendo, “Primavera” de Adachi. Le dije a Adachi que pensara sobre el poema y la azotea y de ahí saldría la película, Go Go, Second Time Virgin. A las chicas jóvenes, por alguna razón, les gusta mucho esta película, pero fue otra de esas que hicimos en cuatro días”.

IV. “Un distribuidor me contactó para hacer una película [Secret Acts Within Four Walls]. Escribí varios guiones para ellos, pero los rechazaron todos. Pensé: ‘¡Que les den!’. Escribí un guión con un montón de chicas desnudas y gente enamorada, y les gustó mucho. Me dieron el dinero para empezar la producción, pero yo tenía preparado un guión diferente. Una vez que empiezas a rodar, la película es tuya. Cuando vieron el copión de trabajo se enfadaron y dijeron: “¡Esto es un fraude! No es el guión, no podemos exhibir esto en ningún cine’ (…) Afortunadamente, un tipo alemán buscaba películas para el Festival de Cine de Berlín y dijo que la quería. De todas las películas japonesas que fueron presentadas al Festival de Berlín ese año, la mía fue la única seleccionada”.

V. “Creo que hacer películas es como hacer juguetes. Cuando eres pequeño haces juguetes, y te juntas con los otros chicos del barrio para enseñárselos. Y a veces dices: ‘Mola, ahora enséñame el tuyo’. Siento la necesidad de seguir haciendo eso, de ser infantil. Muchas veces la gente me dice: ‘¡Eres un crío!’. Pero si pierdes tu naturaleza infantil, pierdes tus verdaderas emociones. Tienes que ser honesto y libre a la hora de crear cosas”.

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