«Lolita» cincuentona y «Garganta profunda» cuarentona (Javier Cortijo, ABC)


Javier Cortijo, ABC

Hoy cumplen años dos de las películas más controvertidas, atrevidas y exitosas de las últimas décadas

En 1962, el cine tenía nombre de mujer: Cleopatra, Baby Jane, Juana de Arco, Elektra, Ana Sullivan, Mamma Roma… Pero ninguna como Lolita (o Lo por la mañana, o Lola con pantalones, o Dolly en la escuela, o Dolores cuando firmaba, ya se sabe). Era cuestión de tiempo que un tipo como Stanley Kubrick agarrara firmemente la novela de Nabokov y, en su línea, la hiciese suya, a pesar de contar con el autor ruso como guionista oceánico (el «tocho» que le entregó fue de unas 400 páginas de eslora). Pero Kubrick tenía ganas de celebrar la ruptura del contrato que le unía a Kirk Douglas y, de paso, despejar los fantasmas homófilos de su anterior película, «Espartaco», que le había catapultado a la élite de Hollywood y le había dado carta blanca para hacer lo que se le antojase.

Ni Olivier, ni Brando, ni Grant, ni Flynn

Y se le antojó «Lolita». Tras podar y suavizar el tono pedófilo de la obra maestra de Nabokov para que la tijera de la censura y la losa de los exhibidores no cayesen a plomo (subieron la edad de la protagonista de los 12 a los 14 años), Kubrick y su productor James B. Harris se centraron en encontrar un Humbert Humbert idóneo después de que James Mason rechazara el papel por un compromiso previo en Broadway y Cary Grant casi les abofeteara de pura indignación cuando se lo propusieron. Laurence Olivier, Peter Ustinov, David Niven, Marlon Brando, un moribundo Errol Flynn y hasta Noel Coward declinaron la oferta y, cuando la situación empezaba a ser desesperada, Mason acudió al rescate y aceptó un papel que le daría un espuelazo a su irregular carrera.

800 nínfulas

Con Shelley Winters y Peter Sellers como contrapuntos más o menos extravagantes, y que aportaron la dosis de humor necesaria para aliviar demasiadas tensiones sexuales, quedaba pendiente la principal papeleta: elegir a Lolita. Tras un casting de 800 chicas, la agraciada fue Sue Lyon, quien aportaba las dosis justas de candidez y despertar sexual para no pasarse o no llegar en el intento (los censores procuraron acentuar sus incipientes pechos para que resultara más «normal» que un hombre maduro se sintiera atraído por ella). Una dualidad que cristalizó, nunca mejor dicho, en la imagen del cartel, gracias a que el fotógrafo Bert Stern compró en una gasolinera unas gafas de plástico con forma de corazón que se convertirían en icono rápidamente.

El rodaje, presidido por la clásica mano de hierro de Kubrick, fue un particular tormento para la joven Lyon, que tuvo que aguantar a un picarón Peter Sellers haciéndole fotos a la altura de los tobillos entre toma y toma, y al propio Kubrick exigiéndole que tuviese cuidado al montar a caballo para que no se lastimase su bello rostro, ignorándola por completo nada más acabar su trabajo. Al menos, el esfuerzo mereció la pena, ya que la actriz ganó el Globo de Oro a la mejor promesa, e inmediatamente la fichó John Huston para «La noche de la iguana», aunque su carrera no llegó a cuajar (como curiosidad, Eloy de la Iglesia contó con ella en 1973 para «Una gota de sangre para morir amando», filme que contó con José Luis Garci como guionista). Tras caer en la droga, acabó retirándose del cine en 1985, culpando al filme de Kubrick de su mala estrella.

A pesar de tales dificultades, «Lolita» obtuvo buen rendimiento en taquilla tras su estreno el 12 de junio de 1962, reforzó el estilo (aquí fue la primera vez que introdujo una escena en el cuarto de baño, uno de sus sellos venideros) y la reputación de Kubrick para encarrilar proyectos cada vez más personales y geniales y, medio siglo más tarde, sigue quedando como una de las historias de amor más patéticas y desgarradoras de Hollywood.

Garganta profundamente rentable

Y si «Lolita» marcó una época, ¿qué decir de «Garganta profunda»? Rodada en seis días en Miami, y con un presupuesto de 20.000 euros (financiado por oscuras organizaciones relacionadas con la mafia), el filme tampoco estaba predestinado a ser más que uno de tantos subproductos X que alimentaban los cinuchos neoyorquinos, y que Gerard Damiano, director nacido y curtido en el Bronx y que solo había asomado la cabeza más allá de la clandestinidad con documentales didácticos sobre la vida conyugal sana, producía en cadena.

Sin embargo, éste tenía la particularidad de que su protagonista era una prostituta metida a actriz con fama de no hacer ascos a nada (incluyendo la zoofilia) llamada Linda Lovelace, quien contó a Damiano su peculiar habilidad en el arte oral de la «garganta profunda». Y éste, ni corto ni perezoso, ideó un delirante argumento sobre una mujer con una extraña mutación que le había recolocado el clítoris al fondo de la garganta, por lo que su vida sexual estaba, como quien dice, «en boca de todos». Un empujoncito del mismísimo Hugh Hefner desde su cuartel general en la mansión Playboy hizo el resto.

Según relata el documental «Inside Deep Throat», el auténtico boom llegó cuando el 12 de junio de 1972 el filme pasó a proyectarse en cines más comerciales, lo cual provocó un escándalo de dimensiones extraordinarias y que involucró al presidente Richard Nixon (que curiosamente caería en el caso Watergate por culpa de otra «garganta profunda»). El que realmente pagó el pato fue el actor principal, Harry Reems(en realidad un ayudante de iluminación que había sustituido al protagonista a última hora por 100 dólares de nada), condenado a cinco años de carcel. Una sentencia que finalmente fue anulada ante la presión popular y de estrellas como Jack Nicholson o Warren Beatty.

Lovelace, antiporno

El resultado fue una lluvia de dinero (se dice que acabó recaudando 500 millones de euros al cabo de los años) que provocó que Damiano creara la productora Bryanston Distributing, y financiara cintas igual de exitosas como «La matanza de Texas». Peor le fue a Lovelace, incapaz de desencasillarse, lo que le llevó a renegar del filme declarando que le habían obligado a hacerlo a punta de pistola. Falleció en 2002, a los 53 años, en un accidente de tráfico, pero su agridulce vida sigue fascinando a Hollywood, como lo prueba su biopic, «Lovelace», actualmente en postproducción, y con Amanda Seyfried como protagonista y James Franco en el papel de Hefner. En fin, «Lolita» y «Garganta profunda», dos películas, cuatro rombos y un destino: no dejar indiferente a nadie.

“Lolita” (Stanley Kubrick, 1962) en IMDB
“Garganta profunda” (Gerard Damiano, 1972) en IMDB

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