Entrevista a Lars von Trier “Mi función es la del tonto del pueblo” (Álex Vicente)


Álex Vicente-Público / Rebelión

A Lars von Trier (Copenhague, 1956) le encanta hablar, pero odia leerse.

No resulta extraño, visto lo complicado que resulta hacer justicia por escrito a una conversación con el cineasta, de expresión tan viva como alambicada y ocasionalmente contradictoria. Bastan unos minutos para entender que salta de un tema a otro sin aviso ni transición, combinando largas digresiones con profundos silencios, sonoras carcajadas con emotivos lamentos. Este no está siendo un año fácil para él.

Tras sus desafortunadas afirmaciones sobre Hitler, que le valieron ser declarado persona non grata en el pasado Festival de Cannes e impulsaron una investigación judicial, Von Trier anunció a principios de octubre que no se expresará nunca más en público. “No poseo la habilidad de expresarme de forma inequívoca. Por tanto, he decidido abstenerme de cualquier declaración pública y entrevista”, afirmó en un comunicado. Unas semanas antes de su retirada, Von Trier aceptó explicarse sobre lo sucedido en su despacho de los estudios Zentropa, situados en un antiguo campo militar en las afueras de Copenhague.

¿Cómo recuerda lo que sucedió en Cannes? Me afectó más de lo que creía. Lo que dije fue estúpido, porque no tenía un objetivo concreto. No es como cuando me meto con George Bush o con [la líder ultraderechista danesa] Pia Kjærsgaard. El problema fue mi falta de claridad. En Cannes viví un momento de soledad. Antes que culparme a mí mismo, reconozco haber tenido el reflejo de culpar a los demás. Alguien me habría podido decir: “Venga, Lars, qué estás diciendo, si tú no eres un nazi”. Eso me hubiera permitido clarificar lo que quería decir. Ahora lo recuerdo como si estuviera lanzando una pelota que nadie me devolvía.

¿Considera que se le trató de forma injusta? No. Sólo fueron injustos los medios que utilizaron titulares como “Soy un nazi” acompañados de mi foto. La reacción de mucha gente que no me conoce fue pensar: “Qué hijo de puta”. Y es natural que sea así, yo reaccionaría igual. Pero la gente que me

¿En qué sentido? Me considero culturalmente judío. Fui educado con valores judíos [los de su padrastro, Ulf Trier, a quien consideró su padre biológico hasta que su madre le reveló lo contrario en 1989]. En mi casa contábamos chistes judíos los domingos. Mis padres no eran religiosos, sino socialistas y antisionistas, pero los valores que me transmitieron están arraigados en el judaísmo europeo. Y eso es lo que he seguido transmitiendo yo a mis hijos [se emociona]. No me importa que el esperma no procediera de un judío. Lo que importa es la manera como te educan. En ese sentido, soy tan buen judío como cualquier judío.

¿Le dolió entonces ser tratado de antisemita? Ser antisemita implicaría amputarme mi propia identidad. Aunque, bien pensado, también existen muchos judíos antisemitas, de la misma manera que usted debe ser un poco antiespañol, porque seguro que hay cosas en su cultura que no le gustan nada. El judaísmo es un grupo del que es difícil ser miembro, lo que lo convierte en un club fascinante. Es como cuando no te dejan entrar en un club nocturno: te entran unas ganas inmensas de ver cómo debe ser por dentro.

¿Se autodefinió como nazi con ironía? Fue una estupidez, que eclipsó lo que en realidad quería decir. Si el Holocausto significa que los israelíes tienen derecho a tratar a los palestinos como si fueran una mierda, entonces no hay justicia en este mundo y no hemos aprendido nada de lo que sucedió. Lo que está pasando en Israel me parece vergonzoso para las víctimas del Holocausto. Es como lo que sucede con los gitanos, que también fueron víctimas de la masacre. Un millón de gitanos fueron exterminados. Ellos también merecerían tener un país propio. ¿Y dónde está hoy su país? Lo único que tienen hoy es que en Europa les tratamos de la peor manera.

No me queda claro si se arrepiente. Hasta cierto punto fue un disparate, pero mi función es la del tonto del pueblo. Reivindico la existencia de personas que digan cosas tan torpes como las que dije yo. Es bueno para la salud política que se digan cosas así. Los tabúes son malos para la salud política. Es mejor que exista la posibilidad de decir cosas que son basura que pronunciar sólo lo que se considere correcto.

Al descubrir que el autor de la masacre de Utoya había citado a Dogville’ como una de sus cintas favoritas, dijo que se arrepentía “de haberla rodado”. No se puede justificar la existencia de ninguna película ante los cadáveres de 77 jóvenes asesinados. La libertad de expresión es el pilar principal de cualquier sociedad decente, pero no puedo decir que sea más importante que esas vidas.

Hablemos de Melancolía’ Ya estoy cansado de Melancolía [risas].

¿A causa de toda esta polémica? No. El alboroto no me importa, por mucho que me haya afectado. Lo que pasa es que me da un poco de vergüenza haber hecho una película así, porque no implicó ningún sufrimiento. Y, al venir de un país protestante, el sufrimiento siempre es un factor importante. Fue como escalar el Everest sin sentir ningún dolor ni peligro, de manera que tampoco hay demasiado honor en la proeza. Mi próxima película, que se titulará Nymphomaniac y hablará de la vida sexual de una mujer desde su nacimiento hasta la madurez, será mucho más desordenada. Se trata de una lucha conmigo mismo, porque yo soy un tipo muy matemático, que es algo de lo que no estoy nada orgulloso.

¿Aspira a que sus películas sean menos narrativas? La mayoría de películas que se hacen hoy son comida rápida digna de un McDonald’s. Por eso no estoy orgulloso de Melancolía, porque es como un McMenú, una película muy narrativa y bien presentada. Me gustaría que mi próxima película fuera como un libro de Proust. Si se redujera En busca del tiempo perdido a la historia propiamente dicha, seguro que no ocuparía más de diez páginas. Pero eso no significa que todo el resto no sea importante. Me gustaría que mi próxima película sea como la mesa de mi despacho, llena tanto de objetos útiles como de cosas inservibles.

¿Se considera una persona melancólica? Soy melancólico desde los 6 años. He superado una depresión y hace mucho tiempo que padezco ansiedad. Por otra parte, me gusta mucho la palabra melancolía. Es una especie de masoquismo que te permite celebrar la belleza de tu dolor. Es como el lobo aullando a la luna llena. Es como el blues en la música y la sal en la cocina. La mayoría de gente inteligente pasa por una depresión en algún momento. Es imposible observar las estrellas sin sentirse aterrado por el vacío, por el frío y por las fuerzas de la naturaleza. Para mí, mirar al cielo es como observar la boca de un tiburón.

¿Es posible ser melancólico en el país con los índices de felicidad más altos?

No sé si sabe que el personaje de Disney más popular en Escandinavia no es Mickey, sino Donald. Existe cierto romanticismo respecto a la figura del personaje torpe, que es algo que aquí se entiende muy bien y que incluso recoge un cuento de Hans Christian Andersen. Diría que, en Cannes, el que hablaba era Donald y no Mickey. Si este es el país con más gente feliz puede que sea porque en Dinamarca las cosas nos van relativamente bien. Por supuesto, existe gente pobre y largas colas para las operaciones, pero en comparación con el resto del mundo el país funciona bastante bien. Al mismo tiempo, medio millón de personas votan a los populistas de extrema derecha, que promueven vergonzosamente el egoísmo como valor. Tal vez la población sea demasiado cretina para la democracia.

¿Es cierto que escribió Melancolía’ para Penélope Cruz? Fue ella quien se puso en contacto conmigo. Acudió a Copenha-gue para conocerme y charlamos durante varios días. Ha sido la primera vez que he escrito una película con una actriz en la cabeza. Para las actrices como Penélope, trabajar conmigo significa probar algo que no han podido hacer antes. En general, la colaboración funciona y todas se lo pasan muy bien. Bueno, todas excepto Björk [risas]. Soy capaz de detectar en ellas un potencial que otros directores no han sabido ver. Al observar a Penélope descubrí cierta melancolía en su rostro, en la forma como se comporta en privado. Pero le propusieron Piratas del Caribe. Trabajando conmigo no se gana dinero. Pero me encantaría trabajar con ella en el futuro.

La protagonista de Melancolía’ parece una metáfora del artista, un visionario torturado por lo que sabe. ¿Es así?

Tengo la convicción de que el artista y el melancólico son muy parecidos. En ambos casos, los filtros que utilizan sus mentes para canalizar los estímulos externos no funcionan del todo. El artista es un personaje un poco enfermo, en el sentido de que su cerebro está algo dañado. Pero, a la vez, eso le permite ver un poco más allá que los demás. Tiene sentido que, en la antigüedad, se acudiera al melancólico para preguntarle: “¿Qué es lo que ves?”.

Todo lo que hace o dice se interpreta como una provocación. ¿Le parece una lectura correcta? Mi filtro mental también está un poco dañado. Además, me gusta ver las cosas desde ángulos novedosos. Tengo un lado provocativo, incluso en mi vida social. Hago muchas bromas y no me importa adentrarme en terrenos prohibidos. Lo que sí creo ser es honesto. En una conversación como la que acabamos de tener, nunca he mentido deliberadamente, ni tampoco he intentado caerle simpático para reforzar mis argumentos. Lo que he dicho es lo que creo.

La protagonista de Melancolía’ parece una metáfora del artista, un visionario torturado por lo que sabe. ¿Es así? Tengo la convicción de que el artista y el melancólico son muy parecidos. En ambos casos, los filtros que utilizan sus mentes para canalizar los estímulos externos no funcionan del todo. El artista es un personaje un poco enfermo, en el sentido de que su cerebro está algo dañado. Pero, a la vez, eso le permite ver un poco más allá que los demás. Tiene sentido que, en la antigüedad, se acudiera al melancólico para preguntarle: “¿Qué es lo que ves?”.

Todo lo que hace o dice se interpreta como una provocación. ¿Le parece una lectura correcta? Mi filtro mental también está un poco dañado. Además, me gusta ver las cosas desde ángulos novedosos. Tengo un lado provocativo, incluso en mi vida social. Hago muchas bromas y no me importa adentrarme en terrenos prohibidos. Lo que sí creo ser es honesto. En una conversación como la que acabamos de tener, nunca he mentido deliberadamente, ni tampoco he intentado caerle simpático para reforzar mis argumentos. Lo que he dicho es lo que creo.

Fuente: http://www.publico.es/culturas/404422/lars-von-trier-mi-funcion-es-la-del-tonto-del-pueblo

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