Cine documental en Internet


Carles Mercadal (Mientrastanto / Rebelión)

Bueno, bonito y barato, aunque no lo podáis ver en vuestros plasmas de 40 pulgadas. Como últimamente la edición de buenos documentales en DVD tiende a brillar por su ausencia, he aquí una selección de algunos que a su calidad e interés temático añaden dos peculiaridades: que son de acceso gratuito y que proceden del otro lado de la charca globalizada, un rico ámbito de producción documental cuyas mejores muestras suelen llegarnos en cuentagotas.

La próxima estación (Pino Solanas, 2008)

El primer documental es argentino y lo firma Fernando “Pino” Solanas, un director cuyos dos únicos filmes editados por estos pagos, Memoria del saqueo y La dignidad de los nadies, ya fueron objeto de reseña por fray Metralla (véase mientrastanto.e n.º 50). Continuando con la temática expuesta en el primero de esos documentales, Solanas se centra en el caso de los ferrocarriles argentinos para profundizar en el proceso de privatizaciones a mansalva emprendido por el gobierno neoliberal de Carlos Saúl Menem en los años noventa y exponer las crudas consecuencias de dicho proceso: la pérdida para el Estado y la sociedad de un activo enorme que acabó vendido prácticamente como chatarra, la profunda degradación del servicio ferroviario, la conversión de centenares de localidades en pueblos fantasma, la saturación del transporte por carretera, etc. Un proceso, en fin, que no sólo no permitió “convertir al proletario en propietario”, como auguró Menem, sino que lo abocó a pagar más por viajar en un medio de transporte ruinoso y bastante más deficitario que antes.

Tierra sublevada. Parte I: oro impuro (Pino Solanas, 2009)

Este segundo documental, también dirigido por el argentino Pino Solanas, aborda el tema de la minería a gran escala, un filme que viene como anillo al dedo tras el espectáculo circense que nos llegó recientemente desde Chile. Sin embargo, Tierra sublevada no incide tanto en las nefastas condiciones laborales que suelen ser habituales en este tipo de explotaciones cuanto en otros efectos colaterales de la llamada “megaminería”, la realizada a cielo abierto: la profunda degradación ecológica (fruto sobre todo del uso de cianuro y de cantidades ingentes de agua en el procesamiento del mineral en bruto), el expolio territorial y ambiental que sufren las comunidades indígenas de la zona, o la ilimitada capacidad corruptora que poseen las transnacionales mineras a la hora de comprar el favor de los políticos locales (hasta el punto, por ejemplo, de forzar en 1997 la firma del “tratado minero chileno-argentino”, que cedió a corporaciones como la canadiense Barrick Gold toda la franja fronteriza andina para que la explotara a su antojo). Un saqueo neocolonial en toda regla a cambio del cual el país donde se ubican los yacimientos obtiene teóricamente el 3 por ciento de la riqueza generada… si no fuera por que las diferentes exenciones fiscales permiten que las empresas extranjeras también se lleven ese 3 por ciento.

Food Inc. (Robert Kenner, 2008)

Dirigido por el estadounidense Robert Kenner, Food Inc. analiza gráficamente la industria destinada a la producción y distribución de alimentos, un modelo que, aunque en su variante norteamericana ha llegado a extremos orwellianos de mecanización y concentración empresarial, se está imponiendo a marchas forzadas en otros puntos del planeta, especialmente en Europa. Tras un breve repaso a sus orígenes, muy vinculados a la proliferación de las cadenas de comida rápida, Food Inc. se adentra en la multitud de aspectos siniestros que rodean a este sector: la explotación que sufren los trabajadores y los pequeños productores que suministran a las grandes corporaciones, las lamentables condiciones en que se cría a los animales, la aparición en seres los humanos de enfermedades asociadas a los métodos de cultivo y de alimentación del ganado, la creciente epidemia de obesidad y diabetes, la irreparable degradación ambiental como consecuencia del uso intensivo de pesticidas y fertilizantes, y tantos otros.

A Crude Awakening: The Oil Crash (Basil Gelpke, Ray McCormack, Reto Caduff, 2006)

¿Ha reparado el espectador avispado en algún denominador común que caracterice a las actividades económicas, desde el sector primario hasta el terciario, en las que se han centrado los tres documentales anteriores? El creciente volumen de transporte por carretera, la necesidad de utilizar maquinaria cada vez más pesada en la industria minera, el uso intensivo de pesticidas y de maquinaria en el sector agrícola, la globalización… todo un sistema económico, no ya estadounidense u occidental sino mundial, basado en muy alta medida en un suministro constante de petróleo lo más barato posible. Sin embargo, como bien explica el documental Crude Awakening (Duro despertar), todo parece indicar que poco queda para que la demanda mundial de maná negro exceda la oferta, con las consiguientes consecuencias para el precio del producto. De hecho, a los autores de Crude Awakening les hubiera venido de perlas poder presentar como magnífico ejemplo de lo expuesto lo que sucedió dos años después de finalizar el documental, en 2008, cuando el precio del crudo se disparó y casi alcanzó los 150 dólares el barril (pocos meses antes, por cierto, de que estallara la fuerte recesión económica en la que estamos inmersos). Angustiante paradoja, pues, la que se atisba en el horizonte; a corto plazo, poco se va a reactivar una economía dependiente del petróleo y del consumo desaforado sin poder contar con un suministro regular de crudo a precios razonables y, por lo mismo, una reactivación de la actividad económica no haría sino sacar rápidamente a la luz lo que cada vez más expertos de numerosos ámbitos consideran un hecho probado: que ya se ha alcanzado el cenit de la producción mundial de crudo y que, a partir de aquí, sólo cabe esperar un rápido descenso por un precipicio energético en el que los agrocombustibles, la extracción en aguas profundas, las arenas bituminosas de Canadá o el crudo pesado del Orinoco serán sólo parches ridículos (además de extremadamente nocivos desde el punto de vista ecológico) con los que compensar el declive de la producción convencional. Hala, que tengáis plácidos sueños.

 

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