Segundo de Chomón (y II)


GEA Gran Enciclopedia Aragonesa

(Teruel, 17-X-1871 – París, 2-V-1929). Director, fotógrafo, efectos especiales y trucos. Iluminador a color. «De su niñez y adolescencia -dice Carlos Fernández Cuenca- no sabemos nada; los documentos que poseía su hijo Roberto conciernen al año 1902, o sea, cuando ya el turolense había rebasado la treintena y estaba entregado a las tareas cinematográficas. Es indudable que cursó la Primera Enseñanza y que hizo el Bachillerato, puesto que pudo empezar una carrera especial. Pero ¿dónde siguió tales estudios y con aprovechamiento? De todo eso y de otras cosas concernientes a los primeros años de la vida fecunda de nuestro personaje quedarían constancias documentales que ya no existen, pues la mayoría de los archivos públicos y privados de Teruel se perdieron en la destrucción de la ciudad durante la guerra civil».

Cuando llegó la hora de elegir profesión decidió hacerse ingeniero. A Joaquín Carrasco (actor y maquillador del cine español), le parecía recordar que Chomón le dijo alguna vez que hubo de interrumpir sus estudios de ingeniero, ya bastante avanzados, para hacer el servicio militar y que después quiso terminarlos, pero otras apetencias más atractivas y poderosas se lo impidieron. Sin embargo, Roberto de Chomón me afirmaba que su padre obtuvo el título de ingeniero. Para cumplir sus deberes militares fue destinado a Cuba, que a la sazón era un peligroso foco de guerrillas que luchaban por la independencia de la isla. Sabemos que Chomón intervino en algunas acciones bélicas y que llegó a ser oficial.

Se ha dicho que regresó de Cuba en 1897 y directamente a España; también se ha dicho que a poco de volver a su tierra hizo un viaje a Francia para estudiar el cine recién nacido. Roberto de Chomón me dice: «Entusiasmado con el descubrimiento de los hermanos Lumière, él también se dedicó a la cinematografía». Juan Antonio Cabero Buscar voz... alude por dos veces a la estancia de Chomón en París: primero al hablar de la «preparación especial adquirida en la naciente casa francesa Pathé» y más adelante al decir que «como cuna del nuevo arte, en sus comienzos, era Francia, a París se fue para estudiar de cerca la manera de asociar al nuevo invento sus ideas maravillosas».

Es a finales de 1900 cuando Segundo de Chomón decide dedicarse plenamente a la actividad cinematográfica en dos vertientes: como especialista en la impresión de títulos españoles para las películas extranjeras que se importaban y en el coloreado a mano de las copias de filmes de intención fantástica o espectacular; a esas dos vertientes añadiríase en seguida otra tercera: la de realizador y operador al mismo tiempo.

Naturalmente, Chomón inicia su oficio cinematográfico en España. Con películas españolas de una mayor o menor trascendencia, pero que sin duda perfilan la personalidad del mago realizador. Para el exigente Miquel Porter Moix, Chomón es el creador de la zarzuela cinematográfica y reconoce que «esta modalidad es aceptable en aquel momento, pero que más tarde había de convertirse, al cabo de los años, en uno de los más nefastos vicios de nuestro cinema». Efectivamente, el aragonés Chomón es el creador de esa zarzuela cinematográfica que, no se olvide, se inicia en los primeros tiempos del cine como sucedáneo teatral y que anticipa, rudimentariamente, al cine sonoro. Por entonces el llamado cine parlante, que populariza Ignacio Coyne Buscar voz..., es una tabla de salvación para la competencia que supone el teatro y a la que Chomón se aferra con toda una serie de films breves que sin ninguna duda, servían como ilustración a un disco fonográfico que sonaba, mejor o peor, sincronizado con la imagen.

Chomón realiza una buena colección de películas cuyos temas van de lo ingenuamente cómico a la más exaltada fantasía, y estas obritas pueden ser antecedentes de un quehacer repleto de atisbos, pero también de desoladoras vacilaciones. Adiós de un artista y Amor gitano dan al realizador aragonés un prestigio inusitado en aquellas fechas heroicas. Dedica también cierto tiempo al reportaje, y Boda de Alfonso XIII es uno de los más afortunados de los que realiza en 1906. Otro film que lleva el sello de lo popular es Carceleras. Pero entre esos ocasionales films de consumo ofrece otros correspondientes a su auténtica devoción por lo insólito y lo novedoso. Uno de ellos es El biombo de Cagliostro, cuya acción mágica ofrece apariciones y mutaciones misteriosas; otros, La casa de los duendes, El castillo encantado, recrean una inventiva fresca y asombrosa para los públicos de principios de siglo. Choque de trenes, es uno de los primeros films de Chomón, la primera película española (1902), donde se utilizan maquetas. Para Antonio Cabero sólo comparable «a la cinta de la coronación de Alfonso XIII». La danza de las mariposas trata un nuevo tema fantástico, y dentro de su actividad cinematográfica española, tan variada como apasionante, destaca La expiación, asunto altamente dramático —según las gacetillas de la época—, que, dentro de sus limitaciones establecía ya conflicto, nudo y desenlace, según los moldes clásicos de la narrativa. Los guapos recoge, en síntesis, la zarzuela del maestro Jerónimo Jiménez que, sin duda, corresponde al nutrido grupo de películas parlantes que tanto difundió Coyne. En 1905, producida por Macaya y Marro, en Barcelona, rueda Los guapos del parque, cuyo tema de humor causó verdadera sensación y proporcionó a Chomón un amplio crédito entre profesionales y empresarios. Gulliver en el país de los enanos es un notable ensayo de trucos y fantasías, logrados con la utilización de la doble impresión y constituye una innovación dentro del cine español. El asunto, según lo describe Méndez-Leite, era muy sencillo: «Aparece el enano Gulliver atrevidamente encaramado al borde de la jícara de chocolate del rey de los gigantes y ocasiona una serie de sustos y de imágenes cómicas entre las gentes de palacio». Segundo de Chomón llenaba estas escenas de encantadora sugestión fantástica.

• Los temas de ciencia-ficción en Chomón: Es lástima que Alfredo Lefebvre no incluya en su estupendo libro Los españoles van al otro mundo al aragonés Segundo de Chomón. Pues ningún otro español se desplazó a través del espacio como lo hizo él, para dar su fabulosa y entrañable visión cinematográfica de los mundos interplanetarios. Chomón, en un alarde intuitivo de anticipación espacial, ofreció a la curiosidad de su tiempo viajes a la Luna, a Marte y Júpiter, en abierta competición con otros viajeros enviados a su vez por cuantos fantaseaban por entonces con el cine. El siglo XX, recién estrenado, estaba abierto a un sinfín de maravillas a las que el cine aportaba sus medios técnicos y artísticos portentosos. No es casual que uno de los primeros films de Chomón sea Eclipse de Sol; aquí, la cámara del genial aragonés fijó su objetivo en el cielo para captar un fenómeno real, que habría de convertirse en maravilloso cuando utilizara su prodigiosa inventiva en los temas de fantasía.

Segundo de Chomón inicia una etapa muy interesante dentro del cine fantástico de la Europa de 1900. El cineasta aragonés siente intensa curiosidad por cuanto signifique aportación de trucos visuales a un género cinematográfico que despierta la curiosidad de los públicos, que exige, en una insaciable y apremiante curiosidad, lo maravilloso y hasta lo imposible. Después de Eclipse de Sol, el realizador entra ya en una decidida vocación por lo extraño y lo fantástico. Trabaja a pleno rendimiento en los estudios Pathé Frères, de París, reclamado por la competente productora para que Chomón inicie la competencia al llamado Julio Verne del cine: a George Méliès, otro mago asombroso especializado en «viajes al infinito» y otras sugestiones asombrosas.

Surgen los filmes Viaje al planeta Júpiter (Voyage dans le planète Jupiter, 1907), que sigue la trayectoria iniciada por Méliès, tan rica en este cine primitivo, consistente en la «exploración espacial», inspirándose en grabados de la época o en la fantasía de escritores imaginativos como Julio Verne. Aquel cine encantador ofrecía maravillas por quince céntimos, precio de las localidades de general en las barracas de feria donde se exhibía. El encanto de contemplar vedettes de music-hall encaramadas en los cuernos de la Luna, producía tanta fascinación como ver surcar el cielo a un largo tren con su penacho de humo flameante a todos los vientos; o el hallazgo de vida y placer en lejanos y misteriosos planetas. Viaje a Marte (Mars, 1908), es uno de esos filmes donde la fantasía se tiñe de ironía para hacerse a veces trivial o encantadoramente ingenua, pero nunca anticipación trascendente, más bien un espectáculo colorista lleno de fantasía de ilustración que tanto prodigan los artistas grabadores de la época. Los caminos abiertos por Julio Verne hacia el Cosmos son trascendentes para los realizadores que buscan en el cielo su principal fuente de inspiración. Cineastas que van a remolque de las visiones literarias, que incluso las estimulan con sus propias creaciones.

Nuevo viaje a la Luna (Voyage dans la Lune, 1907) no insiste ya en lo utópico de los viajes interplanetarios, pues su trama es un divertimento con la Luna de oriente, que remeda un costumbrismo ambiental, agudizando su sátira, ofreciendo la fuerza del matriarcado.

La sugestiva atracción del cine de Chomón no se alicorta con este breve catálogo de temas espaciales tan cercanos a lo que hoy entendemos por ciencia-ficción, sino que se prolonga a narraciones fantásticas y cuentos de hadas, donde la virtud tiene su premio y el pecado su castigo. En esencia, estas películas llevan una evidente tramoya fantástica que nada tiene que envidiar a los cortos de dibujos animados que hicieran famoso a Walt Disney en la década de los años treinta. Hay que limitarse, pues, a ofrecer una cuidadosa selección de los más interesantes realizados o fotografiados por el aragonés Chomón.

George Sadoul, sitúa La leyenda del fantasma (La lègende du fantôme), en 1907, como uno de los ciento cincuenta films rodados en París por Chomón en los cuatro años de más actividad del cineasta turolense (1904-1908). No cabe duda que argumento y realización los inspiraron la competencia con que Pathé se enfrentaba a la obra fabulosa de George Méliès. Su tema encaja en ciertas narraciones fantásticas y el desenlace es, incidentalmente, moral. La fantasía de La leyenda del fantasma es rica y sugestiva, muy barroca e ingenua; el argumento enfrenta la lucha entre el bien y el mal, con una victoria aplastante del primero. Casi podríamos encontrar vestigios del origen del realizador en el contenido de esta pequeña obra maestra, pues lleva elementos de tradición y leyenda que lo vinculan a Aragón. Aparece en cierto momento un supuesto guerrero en lucha contra el demonio que bien puede reflejar la imagen de San Jorge. Se muestra, también, toda una serie de elementos fantásticos: sapos, bestias en acecho y cuantos elementos plásticos podemos ver en la imaginería religiosa. Decorados (de gran fantasía y barroquismo), enlazan con el arte religioso aragonés, bien presente en nuestras iglesias barrocas. El antagonismo entre el fantasma y el diablo es mucho más que una representación ante una escenografía convencional, que tiene algo de creación pictórica con animales fabulosos y el dragón que conduce -una vez doblegado al filo de la espada- a la brava tropa de guerreros al rescate de la mujer amada. Todo ello da a La leyenda del fantasma un peculiar brillo y una desbordante fantasía, que acreditan a Segundo de Chomón como un maestro del género.

La caja de puros (Boîte à cigares, 1907) está definida por Chomón como un film de transformaciones. Su tema, breve, queda resumido así: Una caja con aspecto de bombonera aparece en el centro de una habitación. Tiene cierta traza de quiosco chino. Un hombre de largas barbas (posiblemente el propio Chomón) manipula a su alrededor con una varita mágica. Se abren las puertas y se ofrece, en posición vertical, un puñado de puros. Nuevas manipulaciones del barbudo convierten los puros en ramo de flores; las flores en esplendorosas bailarinas que, abandonando su podio, ejecutan una vistosa danza. Segundo de Chomón no utilizó trucos, pues se limitó a escamotear un motivo para sustituirlo por otro, con sólo detener la cámara cinematográfica.

El lago encantado (L´etang enchanté, 1905), lleva la definición de fantasmagoría, en un tema de encantamiento y de sortilegios para romperlo. Película rodada totalmente en exteriores, su parte fantástica se refiere a la labor de los gnomos y las hadas, personajes decisivos (al igual que en los cuentos) en esta clase de argumentos. Gulliver en el país de los gigantes es un film español de 1905. Chomón incorpora aquí la doble impresión, como una innovación, según apunta el aragonés Juan Antonio Cabero. El enano Gulliver aparece ante una gran mesa dispuesto a despachar una gigantesca jícara de chocolate que va a tomarse el rey de los gigantes. Esta especie de confrontación entre la maravillosa virtud del enano y la brutal apariencia de su contrincante, servían a Chomón para resolver peliagudos problemas de tipo técnico verdaderamente insólitos para la época.

El hotel eléctrico (una de las obras maestras de Chomón), planteaba muchas dificultades, felizmente resueltas por el realizador aragonés. Estamos en los tiempos de las técnicas avanzadas y en este hotel se ha suprimido el servicio de criados. Todo se hace mediante computadoras. Se oprime un botón y aparecen unas manos que manejan un cepillo para lustrar los zapatos, otro botón deshace la maleta, otro, viste al caballero. La electricidad es la magia que realiza los trabajos del hombre. El humor y el ingenio (también el asombro), eran las peculiaridades más acusadas de El hotel eléctrico, rodada en Barcelona en 1906.

En 1972, Carlos Fernández Cuenca dedicó una extensa monografía a Segundo de Chomón. Hasta dicho año es el libro más completo que se ha dedicado en el mundo a nuestro paisano, estudiando con rigor y seriedad la obra realizada en España, Francia e Italia. Por primera vez se agrupaban los testimonios más solventes y se catalogaba su obra más importante, la mayor parte de ella destruida por la incuria y por el tiempo. Con motivo del centenario del nacimiento de nuestro cineasta, se celebró en Teruel un homenaje el 18-XII-1971, que consistió en el descubrimiento de una lápida en su casa natal, en el número 6 de la calle de la Chantría. Homenaje que fue ofrecido por el Ayuntamiento de Teruel y el Círculo de Escritores Cinematográficos, asistiendo también una representación de críticos cinematográficos aragoneses.

El cine de Segundo de Chomón ganó prestamente la voluntad de los empresarios. Hoy, la escasa obra que podemos ver causa asombro por su precisión, su ingenio y su visión de futuro. Trabaja en España, donde pone a punto numerosas zarzuelas a las que presta ese punto mágico tan peculiar en su estilo. París se rinde poco después a su ingenio y es un rival de categoría de Méliès. Contratado por Itala Films, encuentra allí a Piero Fosco, futuro realizador de Cabiria. Años más tarde, todos los hallazgos visuales de Chomón para esta epopeya de la antigüedad, serán estudiados meticulosamente -plagiados-, por un gran hombre de la cinematografía norteamericana, nada menos que por David Wark Griffith, en Intolerancia.

Se habló siempre de que Chomón inventó el travelling, minimizando o ignorando otros hallazgos más importantes en Cabiria. El historiador y crítico italiano Lino Lionello Ghirardini, en su Storia Generale del Cinema (Milán, 1959), dedica toda una página a la enumeración de los descubrimientos y hallazgos del ilustre turolense. «El gran mérito de Pastrone (Piero Fosco), fue parcialmente compartido -dice Ghirardini- por las invenciones del operador del film, el español Segundo de Chomón, maestro en efectos especiales, con las siguientes innovaciones: El travelling, que ensaya el 5 de agosto de 1912, y sucesivamente perfecciona; la aplicación estética de la luz artificial, que en Cabiria sirve principalmente para «modelar» el rostro de los actores y crear determinado ambiente o ciertos efectos especiales, como el que procede de la iluminación desde la base de un decorado de dimensiones normales; el uso funcional de la panorámica; el ritmo continuo de las tomas cinematográficas y la fijeza de la imagen sobre la pantalla». Resulta grato que sea un italiano quien haga justicia a Chomón, cuando tantos intentos hubo de minusvalorar su trabajo o silenciar su colaboración. Hoy, Segundo de Chomón, turolense genial (al que se nos intenta arrebatar en otras latitudes de la península), ha pasado con todos los honores a la Historia del Cine universal.

Con los años, el cine de Chomón se va conociendo, de manera que en una reciente entrega de la revista Positif (núm. 297, nov. 1985, p. 37) que incluía un dossier monográfico sobre el cine de animación, se dedicaba un amplio párrafo a Segundo de Chomon (sic: escrito todavía sin acento), reseñando con admiración e incluso el asombro propio de un descubrimiento de varios de sus trabajos exhibidos en el Festival de Annecy de 1985. El autor del artículo, Lorenzo Codelli, terminaba su recuerdo echando de menos el resto de la filmografía de Chomón, ya que lo visto en Annecy le había sabido a poco: «Deseamos que otro festival le consagre una retrospectiva más exhaustiva».

No era la primera recuperación que este festival especializado en cine de animación ensayaba teniendo como objetivo nada marginal al realizador turolense: ya en 1971, coincidiendo con el centenario de su nacimiento, se había proyectado El hotel eléctrico, con los elogios unánimes de los asistentes. Y a ese éxito en el mes de junio le siguió en octubre del mismo año el obtenido en la sesión de clausura de la IV Semana Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Sitges, donde se proyectaron cinco películas de Chomón con presentaciones de Manuel Rotellar Buscar voz... y José Francisco Aranda Buscar voz.... El homenaje continuaría en Bilbao en noviembre (XIII Certamen Iberoamericano y Filipino de Cortometrajes y Documentales) y se cerró en Teruel el 18 de diciembre de 1971 con el descubrimiento de una lápida en la casa natal del cineasta.

Pero la importancia de la retrospectiva de Annecy 1985 no sólo radica en el prestigio de este festival en los circuitos del cine de animación, sino también en la iniciativa de editar un opúsculo sobre Chomón en inglés y francés a cargo de Louise Beaudet, responsable de la sección de animación de la Cinématheque Québecoise (Louise Beaudet, À la recherche de Segundo de Chomón, pionnier du cinema / In search of Segundo de Chomon, cinema pioneer, Centre International du Cinema d´Animation, Festival d´Annecy, 1985).

Esa monografía bilingüe sitúa a Chomón en el ámbito idiomático de mayor difusión para el estudio de las materias cinematográficas, calibra muy adecuadamente la importancia del turolense dentro de la evolución del séptimo arte, e incluso escribe su nombre correctamente, con acento y todo. Lejos van quedando, pues, aquellos tiempos en que se le llamaba Facundo de Chomón (en un artículo de J. Soler Moréu publicado en la revista barcelonesa Arte y Cinematografía en 1936) o, pura y simplemente, no se le mencionaba. Si a ello se añade que en el reciente y monumental trabajo en cuatro volúmenes de Vittorio Martinelli sobre el cine mudo italiano (Il cinema muto italiano, Roma, Bianco e Nero, XLI, 1980-81) ya se recoge también la labor de Chomón en Italia, puede decirse que su figura está en trance decidido de recuperación definitiva. La monografía de Carlos Fernández Cuenca y la película de Juan Gabriel Tharrats, Cinematógrafo 1900 (emitida, por fin, por TVE el viernes 11 de julio de 1986) suponen un anclaje equivalente en el mercado cultural de habla hispana.

No siempre fue así, ni mucho menos. Sobre Chomón se cernió durante muchos años un espeso manto de olvido. Todavía en 1971, Jean Mitry no lo citaba ni una sola vez en su Historia del cine experimental, donde sí se hablaba de Napoleón y Cabiria, películas en las que había intervenido decisivamente como operador.

Le cupo a Georges Sadoul el honor de respaldar con su prestigio el primer reconocimiento internacionalmente solvente de Segundo de Chomón al publicar en 1947 el segundo tomo de su Histoire générale du cinéma. Los escasos datos que allí se recogían (poco se sabía entonces de Chomón) fueron ampliados por Carlos Fernández Cuenca al dar a la luz en 1948 y 1949 los dos tomos de su Historia del Cine.

Pero estas noticias sobre su vida y obra, si son suficientes para obras panorámicas, resultaban todavía muy menguadas cuando se ceñían al terreno especializado. Y así lo hacía notar en 1949 el también aragonés Juan Antonio Cabero en su Historia de la Cinematografía Española: «Este hombre singular, al que la cinematografía le debe una reparación en su injusto olvido…».

Fernando Méndez-Leite ya le dedicaba todo un capítulo en su Historia del cine español (1965), con el título de «Segundo de Chomón, el aragonés genial», y le citaba repetidamente. Y Manuel Rotellar, siempre atento, se refería a él con el mismo título que el capítulo de Méndez-Leite en Cine aragonés, lamentándose de que, a pesar de los dos capítulos dedicados por Fernández Cuenca en su Historia del Cine, seguíamos sabiendo poco de él, incluso después de la presencia que empezaba a tener en Italia gracias a referencias como la de Ghirardini en su Storia Generale del Cinema (1959). Y el propio Rotellar volvía sobre la cuestión en Aragoneses en el cine español al año siguiente, 1971, con motivo del centenario de su nacimiento.

Pero el verdadero hito de ese año vino marcado, como queda dicho, por la publicación de la monografía de Carlos Fernández Cuenca, fundamental para poner en limpio lo mucho que se suponía (pero lo poco que se sabía) sobre Segundo de Chomón. De ella ya parten todos los trabajos posteriores.

El libro definitivo sobre Chomón corresponde a Gabriel Tarrats: titulado los 500 films de Segundo de Chomón, se publica el año 1988 en Prensas Universitarias Buscar voz... de la Universidad de Zaragoza. Años más tarde, y en la misma ciudad, Javier Hernández Ruiz y Pablo Pérez Ruiz publican Cineastas Aragoneses, mientras que Agustín Sánchez Vidal Buscar voz... publica el libro titulado El cine de Segundo de Chomón, ambos en 1992.

Y, aproximándonos cronológicamente, hoy ya empieza a resultar anacrónico que un diccionario de cine que se precie no cite a Chomón. Sadoul le dio entrada en el suyo, Danilo Arona lo cita oportunamente en su Guida al Fantacinema (Grammalibri, Milano, 1978), Roger Boussinot le dedica toda una página en su Encyclopédie du Cinema (Bordas, París, 1980), y Jean Tulard (Dictionnaire du Cinéma, Laffont, París, 1985) lo incluye en el volumen de los realizadores, rescatándolo del purgatorio de los técnicos, donde venía recluyéndosele habitualmente, sobre todo por sus trabajos en Napoléon y Cabiria. La reciente reivindicación del Napoleón de Abel Gante por cineastas del influjo y prestigio de Francis Ford Coppola puede no haber sido ajena a una cierta recuperación del nombre de Chomón.

Quizá la cuestión que convenga revisar con mayor cuidado a la luz de las nuevas aportaciones sobre Chomón (en especial las investigaciones de Tharrats) sea la cronología de El hotel eléctrico.

Es en 1905 cuando suele situarse la obra cumbre de Chomón, El hotel eléctrico, fantasía futurista en que los objetos están animados de vida propia para ofrecer al huésped todo tipo de comodidades… hasta que se produce un cortocircuito por descuido y ebriedad del encargado de las máquinas y aquello se convierte en un amenazador caos.

Sin embargo, la cronología de El hotel eléctrico plantea muy delicados problemas que afectan de manera sustancial a las prioridades en la historia del cine de animación. Siempre ha habido quien ha sospechado que El hotel eléctrico era posterior a 1905 (Sadoul, por ejemplo), y una serie de indicios hacen sospechar a Tharrats que quizá haya que datarla en 1908. Es decir, El hotel eléctrico podría ser posterior a su más directo rival, del que se había dicho que era inspiradora, The Haunted Hotel, de Stuart Blackton (1875-1941), el productor y realizador de la Vitagraph y uno de sus fundadores junto a Smith. Blackton ha sido considerado a menudo el sistematizador del llamado plano americano, sobre todo gracias a Scenes of True Life, y muchos le han atribuido también el movimiento americano, una de las denominaciones del paso de manivela.

Fernández Cuenca, tras evocar un encuentro con Walt Disney donde le habría hecho notar la importancia de Segundo de Chomón (que Disney desconocía), afirma: «Blackton realizó para la Vitagraph su película The Haunted Hotel, en la que se veía a objetos inanimados desplazándose por sí solos. El filme tuvo mucho éxito en Estados Unidos y no tardó en llegar a Francia, en donde produjo sorpresa y entusiasmo. Los productores franceses quedaron atónitos ante el prodigio, al que en seguida dieron el nombre de movimiento americano. León Gaumont movilizó a sus técnicos para que a toda costa descubriesen el sistema que permitía lograr tales juegos increíbles. Pathé, en cambio, no tenía que preocuparse, pues en sus estudios trabajaba el inventor de aquella maravilla. Lo que los americanos llamaban one turn, one picture y los italianos denominarían sin tardanza como giro ad uno, era el paso de manivela creado por Chomón».

Según Fernández Cuenca, Blackton podría haber visto una copia de El hotel eléctrico y haberse inspirado en ella. Pero claro está que las cosas serían muy distintas (exactamente al revés) si se confirmara la fecha de 1908 como el año de realización de la obra maestra de Segundo de Chomón.

La difusión de The Haunted Hotel, de Blackton, prestigió, eso sí, los procedimientos de Chomón, concediéndole la Pathé mayor libertad de movimientos: «Pathé estuvo conforme en conceder a Chomón todo el tiempo necesario para trabajar con su sistema. Así haría Une aventure au voyage (‘Aventura de viaje’), La boite à cigars (‘La caja de puros’), Le courant électrique (‘Corriente eléctrica’), La démenagement (‘Una mudanza difícil’), La table magique (‘La mesa encantada’), Les jouets vivants (‘Los juguetes animados’), Cauchemar et doux rêve (‘Pesadilla y dulce sueño’), Fabrique d´argent (‘Fabricación de monedas’), Cuisine magnétique (‘La cocina magnética’), Sculpteur moderne (‘Escultor moderno’) y, sobre todo, Licuefaction des corps durs (‘La licuefacción de los cuerpos duros’). En esta producción de 1908, que empezaba con seres vivos, iba sustituyendo Chomón a los actores por maniquíes de alambre de acero que se aplastaban y reducían de tamaño hasta disolverse en un charquito. El sistema del paso de manivela se enriquecía con otros varios alardes de fantasía, como sobreimpresiones de distintos tamaños y fondos transparentes, que dejaban estupefacto al público» (Fernández Cuenca, Segundo de Chomón, maestro de la fantasía y de la técnica, Ed. Nacional, 1972, p. 15).

Pero su trabajo más famoso junto a la Cabiria de Pastrone en 1914, sobrevendría al incorporarse al equipo de Napoléon, la grandiosa epopeya fílmica de Abel Gante, cuyos preparativos y rodaje durarían desde principios de 1925 hasta bien entrado el año 1926. Uno no puede por menos de imaginar el curioso futurible que hubiera supuesto el encuentro en los platós de Napoléon de los dos máximos creadores cinematográficos turolenses: Chomón y Luis Buñuel Buscar voz..., ya que este último estuvo a punto de ser el ayudante de Abel Gante, propuesta que el realizador de Calanda rechazó indignado en una entrevista con Jean Epstein, como ha contado en Mi último suspiro (pp. 89-90).

Todavía tuvo ocasión Chomón de realizar un último trabajo en París, aunque para una película española, El negro que tenía el alma blanca, de Benito Perojo, sobre la novela homónima de Alberto Insúa, cuyos exteriores fueron rodados en Barcelona, pero no así los efectos especiales en las escenas de baile y oníricas, que fueron filmadas en los estudios de Epinay-sur-Seine.

No se conoce el título de la última película en la que intervino, rodada en Marruecos en color por el procedimiento Keller-Dorien en 1928. A su regreso había contraído una enfermedad (pulmonía, al parecer) que acabaría con su vida el 2 de mayo de 1929, a los cincuenta y siete años, en el Hospital Tenon de París. Fue enterrado en el cementerio Pantin y, al no ser renovado el contrato de cinco años de la sepultura (la familia había regresado a Turín), fue a parar a la fosa común. Final éste acorde con lo que había sido su vida y su obra, eclipsada bajo el nombre y prestigio ajenos o subsumida a efectos legales en un anonimato del que laboriosa y esforzadamente ha sido, por fin, recuperado de forma definitiva.

• Filmografía: —España. 1902: Choque de trenes (primera película española realizada con maquetas). Montserrat (documental). 1905: Eclipse de sol (d.). Los guapos del parque (cómica). Gulliver en el país de los gigantes. El hereu Pruna. Se da de comer (cómica). Los Sitios de Chile. Boda de Alfonso XIII (reportaje). El hotel eléctrico (film rodado a paso de manivela, fotograma a fotograma, dirección, fotografía y trucos: de Chomón, obra maestra). Juanito el forzudo. 1908: La Casa de los duendes. 1909: Justicia de Felipe II. 1910: Los guapos de San Antonio. 1911: Adiós a un artista. Amor gitano (costumbrista). El biombo de Cagliostro (fantasía). Carceleras. La expiación (altamente dramática). La fatalidad. La fecha de Pepín (cómica). Flema inglesa. Flores y Perlas (trucos). El gusano solitario. La hija del guardacostas (altamente dramática). Justicia del Rey Don Pedro (histórica). La manta del caballo (cómica). El pobre Valbuena. El portero modelo (cómica). El puente de la muerte. Pulgarcito (fantasía). El puñao de rosas. 1912: La farsa de Colás (cómica). 1927: El negro que tenía el alma blanca (colaboración técnica en el film de Benito Perojo).

—Francia. 1904: L´enchanteur Alcofribas. 1905: Vot-permis? Vieus le charcher. Les joies du mariage. Odysée d´un paysan à París. L´Etang enchanté (fantasmagoría). 1906: Les éfets du mélon. Les aventures du fils du diable à París. Le roi des bois (fantasía). J´ai perdu mon lorgnon. Appartament à louer. Prenez garde à la peinture. Une soif insatiable. Le courant élèctrique. La grève des bonnes. Jour de paye. Le matelas de la mariée. L´obsession du billard. Le tour du monde d´un policier. Cocher à l´heure. Deux poids, deux mesures. Le bon juge. Boîte à cigares. Le chevalier mystère. La lêgende du fantôme. La maison hantée. Nouveau voyage dans la lune. Les ombres animées. Le roi des Aulnes. Le roi des Têtes-à-Claques. La vie et la passion de Jésus Christ (Pathé. Guión y supervisión: Ferdinan Zecca. Director: Maître. Fotografía: Chomón y otros. Montaje y trucos: Chomón). Voyage dans la planète Jupiter. 1908: La belle au bois dormant. Cauchemar et doux rève. Cousine magnètique. Le déménagement. Fabrique d´argent. Les jouets vivants. Liquéfaction des corps durs. Mars (ciencia-ficción). Peau d´Ane. La poule aux oeufs d´or (Pathé. Director: Albert Capellani; fotografía y trucos: Chomón). Sculpteur moderne. La table magique. Transformation élastique. 1909: La paraven de Cagliostro. Le petit poulet. Voyage au centre de la Terre. 1923: La bataille. 1924: J´ai tué (director: Roger Lion; colaboración técnica y efectos: Segundo de Chomón). 1926: Napoleón (director: Abel Gante; colaboración técnica en efectos: Chomón).

—ITALIA. 1912: Il crítico (Itala Films. Guión y director: Piero Fosco; fotografía: Chomón y Augusto Tomatis). Le disparu. Lo scompraso. 1913: Cabiria (director: Piero Fosco; fotografía: Chomón). 1914: Il fornareto de Venezia (director: Luigi Maggi). 1916: La guerra e il sogno di moni (fotografía, animación y efectos: Chomón). 1924-25: Maciste all´Inferno (director: Guido Brignone; efectos: Chomón).

• Bibliog.: Aranda, José Francisco: Cinema de vanguardia en España; Lisboa, 1953. Cabero, Juan Antonio: Historia de la cinematografía española, 1896-1948; Madrid, 1949. Fernández Cuenca, Carlos: Historia del Cine (tomos I y II); Madrid, 1948. Hernández Ruiz, Javier y Pérez Rubio, Pablo: Cineastas aragoneses; Ayuntamiento de Zaragoza, Área de Cultura y Educación, Zaragoza, 1992. Fernández Cuenca, Carlos: Segundo de Chomón (Maestro de la fantasía y de la técnica); Madrid, 1972. Lizzani, Carlo: Il cinema italiano; Firenze, 1954. Mitry, Jean: Ferdinand Zecca et son école; París, 1945. Porter-Moix, Miquel: Història del cinema català; Barcelona, 1969. Rotellar, Manuel: Cine Aragonés; Zaragoza, 1970. Id.: Aragoneses en el cine español; Zaragoza, 1971. Id.: Aragoneses en el cine; Barbastro, 1974. Sánchez Vidal, Agustín: El cine de Chomón; Caja de Ahorros de la Inmaculada Aragón, Zaragoza, 1992. Tharrats, Juan Gabriel: Los 500 films de Segundo de Chomón; Universidad de Zaragoza, Prensas Universitarias, Zaragoza, 1988.

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