“Exiled” (Johnnie To, 2006), por Roberto Cueto


Resulta muy oportuno que el público español tenga ahora la posibilidad de ver Exiled, una cinta que guarda parentesco con la última y resplandeciente obra de Johnnie To vista en Cannes, Vengeance. Como esta, Exiled se ambienta en ese escenario exótico y decadente que es Macao, que viene a ser lo mismo para el policiaco hongkonés que lo que México significaba para el western. Y, al igual que en Vengeance, To consigue aquí fusionar dos viejas pasiones en principio estéticamente antagónicas: el polar francés (versión Melville) y el western crepuscular (versión Peckinpah). Rodada hace ya tres años (en los cuales To ya nos ha entregado otras cinco espléndidas películas), Exiled recupera por enésima vez al trío formado por Anthony Wong, Simon Yam y Lam Suet como protagonista de uno de sus habituales relatos de ajustes de cuentas. Una tenacidad que cierta crítica ha visto como cansina tendencia por parte del cineasta a ofrecernos más de lo mismo una y otra vez (aunque parece que a esa crítica no le importa que Ford, Hawks, Melville o Chabrol hayan hecho lo mismo durante películas y películas). En realidad, To está trabajando con un argumento cada vez más primitivo y con un guión no inexistente, pero sí bastante desnutrido, para concentrar todos sus esfuerzos en lo que le interesa: las variaciones infinitas sobre un tema inicial, variaciones minúsculas o espectaculares, variaciones que no se basan en giros inesperados de guión, sino en bellos cambios de figuras, atmósferas y ambientes. Como un buen director de cine musical, para quien el argumento es solo la excusa para orquestar un nuevo número, su virtuosismo consiste, precisamente, en sorprendernos una y otra vez partiendo siempre de lo mismo, porque sólo desde ese re-conocimiento del origen común de sus películas entendemos la grandeza de su arte.

Si consideramos que Exiled es una de las obras maestras de su director es porque en ella se acerca más que nunca al ideal de rodar un thriller envasado al vacío. Frente al díptico de Election, que parecía abrirse al mundo y referirse a una realidad que desbordaba los límites del encuadre, Exiled prolonga una tendencia que ya se había iniciado en The Mission (1999) y que cada vez está siendo más trabajada por To en sus películas posteriores: la creación de un universo-burbuja en el que se mueven y actúan unos personajes que hace tiempo que olvidaron sus verdaderos objetivos y necesidades (un tema sobre el que se construye Exiled y que se hará totalmente explícito en Vengeance). Los héroes de To disparan, matan, cocinan, comen y mueren sin que les importe mucho saber exactamente por qué. Son los hermosos espectros de un cine de género que creía más en el icono que en el personaje, en el gesto que en el diálogo, en el rostro que en la interpretación, en el acto en sí que en su motivación.

“Exiled” (Johnnie To, 2006) en IMDB

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