“Cine de mujeres: identidad y diferencia” (Mercé Coll)


CAHIERS DU CINÉMA ESPAÑA

El cine ha sido uno de los objetos de estudio más destacados por el movimiento feminista, debido a su eficaz intervención en la construcción de las identidades sexuales. Los primeros trabajos, realizados en le década de los años setenta, se desarrollaron a partir del análisis crítico de los arquetipos femeninos construido por el cine clásico de Hollywood. En un primer momento, se incidió en el carácter ideológico de estos modelos de feminidad como expresión deformada de la situación real de las mujeres, y posteriormente los análisis se centraron en los propios mecanismos de la representación con los que se visibilizaban dichos modelos.

El interés de los contenidos que transmiten las imágenes se desplaza al tipo de visión que las construyen y, desde esta perspectiva, se analiza la diferencia sexual como fundamento del propio dispositivo, valorando su intervención como motor de placer visual y como principio regulador de las identificaciones generadas por la narración. La diferencia hombre/mujer expresada en términos de actividad/pasividad se reproduce en la división entre mirar y ser mirado, entre ser el sujeto activo de la visión y el ser objeto de esa mirada. En esta relación, la mujer ocupa el lugar pasivo como objeto de deseo de la mirada masculina y su presencia se reduce, en definitiva, a ser el significante imaginario de dicho deseo.

Ante esta invisibilidad de las mujeres se constató la necesidad de construir una nueva mirada capaz de transformar la pasividad en actividad y, por tanto, de formular la diferencia sexual desde otros parámetros independientes del modelo patriarcal. Para poder situar a las mujeres como sujeto de la mirada, y por tanto, de deseo resultaba crucial desvelar el carácter construido de la feminidad y rechazar con ello cualquier forma de determinismo biológico o cultural. La distinción sexo/genero resulto fundamental para llevar a cabo este proceso de emancipación de las significaciones recibidas, pero el hecho de nombrase de otro modo no garantizaba la independencia de los presupuestos esencialistas que se pretendían invalidar.

En este contexto hay que situar el origen del cine de mujeres, un cine de género que nació como alternativa crítica capaz de construir una nueva mirada sobre el mundo, en el que las mujeres pudieran reconocerse y afirmar su identidad. Para conseguirlo era necesario abordar y cuestionar las formas instauradas y potenciar la capacidad creativa de las imágenes como instrumento de conocimiento de su propia identidad y del mundo. En este proceso de emancipación de las imágenes respecto al modelo patriarcal la noción de género ha desempeñado un papel fundamental, no solo en relación al trabajo creativo de las mujeres, sino también en el ámbito general de la teoría y de la práctica fílmica. Pero cuando dicho concepto queda excesivamente fijado a una determinada significación con la que se pretende definir la identidad de las mujeres o de sus creaciones, remite de nuevo a la misma visión esencialista de la que pretendía diferenciarse.

No existe una identidad femenina que deba restituirse, salvarse o definirse. Ni tampoco el género como algo ya dado, que esté ahí como una esencia que deba descubrirse. Ni podemos definir el cine realizado por mujeres a partir de una esencia-género que lo identifique como tal. No hay transcendencia posible si realmente se trata de ofrecer una visión alternativa a las significaciones reglamentadas. Las imágenes apuntan a sí mismas, a su propia realidad como imágenes, y desde esa inmanencia  solo cabe esperar recoger algún resto o indicio de lo que hay. La construcción de la identidad de una mirada femenina ya no puede plantearse en términos universales y esencialistas, sino solamente como resultado de una experiencia concreta e individual inscrita en una red de determinaciones (sexuales, sociales, políticas y culturales) y de regularidades que, en un momento dado, pueden ser representativas de un ser mujer o, mejor dicho, de una forma de estar en el mundo.

La identidad del cine de mujeres solo puede plantearse como un proceso abierto y formularse como pregunta al interrogar la significación que sus imágenes nos ofrecen.

Mercé Coll es codirectora de la Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona (Drac Mágic)

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