“238 días de rodaje en el infierno” (Javier Cortijo)


Hay rodajes dificilillos, torcidos, endiablados o directamente malditos. Y luego está «Apocalypse now». Posiblemente gran parte de la leyenda y mitología de esta película se deba a su producción épica, iniciática y bestial, vivero inagotable de anécdotas y aleluyas que, entre otros, glosaron ensayos como «El libro de «Apocalypse now»», de Pete Cowie, «Noticias del Apocalipsis», de Eleanor Coppola o, entre nosotros, «¡Este rodaje es la guerra!», de Juan Tejero. Y eso que, en un principio, allá por 1968, la cosa no iba a pasar de un modesto filme de bajo presupuesto (millón y medio de dólares) inspirado en «La Odisea» y «El corazón de las tinieblas», con un guión de John Millius y George Lucas a la dirección.
Afortunadamente, los productores pararon los pies a estos «hippies zumbados» que pretendían rodar en pleno conflicto, y metieron en un cajón el proyecto hasta que acabase la guerra. Así que, cuando los cañones dejaron de escupir metralla, se retomó la idea, aunque Lucas le cedió la silla de director a su amigo Coppola porque él andaba muy ocupado en «una pequeña película de ciencia-ficción que espero vea alguien».
En principio, el camino estaba regado de rosas rojas, ya que su reputación como director tras las dos primeras partes de «El Padrino» era intachable. Quizá sus declaraciones antiamericanas escocían a los posibles inversores, pero muy mal se tenía que dar la cosa para no conseguir los doce millones de dólares para un tranquilito plan de rodaje de dieciséis semanas en las paradisíacas selvas filipinas. ¿Tranquilito? Ja.
apocalypse now
Nadie quería ser Willard
Primer calvario: el reparto. Ni McQueen ni Eastwood ni Pacino ni James Caan ni Marlon Brando estaban dispuestos a encarnar al capitán Willard. Empezó el cambalache: que si McQueen podía ser Kurtz, que si Nicholson y Redford podían elegir el papel que les diera la gana… Ni por esas. Hasta que Brando aceptó ser Kurtz por tres millones y medio de pavos y un mes escaso de rodaje. En cuanto al protagonista, se consiguió reclutar a Harvey Keitel por 80.000 dólares, pero nada más arrancar el rodaje el 1 de marzo de 1976, Coppola le dio boleto porque el chaval se creía Brando. Martin Sheen fue el sustituto ideal y obediente.
Bien, la cosa empezaba a marchar. Lo malo fue cuando no lo hizo sobre ruedas sino sobre las aspas de los helicópteros de la famosa escena del ataque de la caballería aérea con Wagner de fondo: un pepinazo inesperado se cargó parte del cuartel general del departamento de atrezzo. 50.000 dólares de broma. De postre, el presidente Marcos reclamó unos cuantos para arreglar ciertos asuntos domésticos con ciertos guerrilleros musulmanes.
Pero lo mejor estaba por llegar: el huracán Olga se dio un garbeo por el set en pleno y sofocante verano, sembrando destrucción y escombros por doquier. En Hollywood se empezaba a hablar de gafe manifiesto, y algún periodista ingenioso rebautizó el filme como «Apocalypse when? (¿Apocalypse cuándo?)» en alusión a su maratoniana concepción.
Pero Coppola y los suyos seguían trabajando a conciencia. Sobre todo Martin Sheen, que se pasó de la raya (ya sabemos cuál) para imbuirse de la catarsis psicológica que afectaba a su personaje con el resultado de un infarto y posterior extremaunción. Coppola, cuya salud tampoco estaba para muchas alegrías (ya había planeado sus sustitutos en caso de morir con las botas puestas: Millius, Lucas y hasta Ken Russell), ocultó el hecho para no añadir más leña al fuego y porque sabía que lo peor aún no había aterrizado: Marlon Brando.
Coppola perdió más de 30 kilos
Como telonero, apareció en escena un Dennis Hopper con perenne risa de hiena loca y con la memoria de un pez con TOC. Pero esta pequeña pesadilla quedó totalmente eclipsada al aparecer un Brando con una silueta que daban ganas de arponear. Justamente lo contrario que le estaba pasando a Coppola, quien podía haberse hecho rico publicando algún «método de adelgazamiento extremo filipino»: perdió más de 30 kilos durante el rodaje, a pesar de que encargaba cajas de pasta fresca desde Italia a razón de 8.000 dólares el vuelo. Aunque con tal panorama, y con agentes de la CIA espiando el rodaje (según el paranoico director, vaya usted a saber la verdad), y Jimmy Carter poco menos que lanzándoles cacahuetes con cianuro, las digestiones debían ser bastante pesadas.
Por fin, tras 238 días de rodaje absolutamente demenciales, el 21 de mayo de 1977 se dio el claquetazo final a «Apocalypse now». Sin embargo, al pobre Francis Ford aún le quedaban un par de berrinches extras. Por una parte, las denuncias de asociaciones en defensa de los animales por la decapitación «ritual» de un buey en las escenas finales del filme y, sobre todo, el disgusto que le dio su cuenta corriente, ya que la «modesta película» se disparó hasta los 30 millones de dólares de presupuesto, casi la mitad del bolsillo del realizador.
Y no hay que olvidar el via crucis en la sala de montaje (o directamente la chimenea de algunos asesores creativos) para convertir 600.000 metros de película (unas 370 horas de celuloide) en algo que se pudiera proyectar en una sala convencional. Al final, el infierno se templó: tras su estreno, la cinta recaudó cien millones de dólares y obtuvo ocho nominaciones al Oscar. Eso, y un epitafio del propio Coppola que también ha pasado a la historia de los titulares promocionales: ««Apocalypse now» no es una película sobre Vietman. ES Vietnam». Y tú que lo digas, FF.

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