“Una forma de resistencia” (Antonio Weinrichter, ABC)


ABC (ABCD)

Hace pocos años el Festival de Gijón dedicó un estupendo ciclo al reciente cine documental norteamericano. De entre los títulos seleccionados sobresalía uno, An Injury to One, de Travis Wilkerson, una elegía sobre la brutal represión de los trabajadores en una explotación minera de Montana. Al trabajo de duelo politico se unía un trabajo formal que era lo más distintivo de la pieza: la ausencia de declaraciones de testigos históricos (de supervivientes) se convertía no en un defecto (tal es la estrategia usual del documental político o histórico, al fin y al cabo) sino en el tema mismo de una película construida con retales, jirones y silencios.

El mismo festival asturiano propone ahora el ciclo La utopía yanqui en donde vuelve a comparecer la obra de Wilkerson, pero ya no ocupa un lugar de excepción. Lo que se pretende esta vez no es ilustrar el llamativo rearme ideológico sufrido por la práctica documental tras el 11-S, la guerra de Irak y la segunda administración Bush: esa politización ya ha sido suficientemente historiada, y el malestar que expresa ha llegado incluso a manifestarse en la misma producción de Hollywood.

Confluencia. El propósito de esta nueva selección parece más ambicioso que el de mostrar la vitalidad de la variante engagé del proteico y caudaloso cine americano independiente: lo que se quiere aislar es una forma alternativa que quizá escapa a la categorización. Sin embargo, resulta conveniente considerarlo como una confluencia entre las prácticas documental y experimental, que he propuesto englobar bajo el término-paraguas de cine de no-ficción; muchas de estas películas son también excelentes muestras de otra forma fugitiva, el cine-ensayo.

Se llame como se quiera, se trata de unos cineastas que conjugan la experimentación formal y el trabajo con contenidos políticos, sabiendo que ambas cosas no deben separarse, como se ha hecho históricamente, en los paradigmas vanguardista y documental. Así, el filme de Wilkerson forma un pertinente programa doble con la celebrada Profit Motive and the Whispering Wind, donde John Gianvito esboza una cronología estadounidense de violencia y resistencia mostrando sólo lápidas, monumentos funerarios y paisajes que evocan, de nuevo en ausencia, el ruido y la furia de la Historia que una vez se enseñoreó de los ahora plácidos escenarios. Más contemporáneo pero no menos desolador es el conjunto que muestra Jem Cohen en Chain de grandes superficies urbanas, esa cultura del mall que tanto ocupa a los sociólogos, y que aquí aparece vaciada de su dinámica consumista.

Selección. Algunos cineastas experimentales comparecen con obras que no son las más representativas de su trabajo pero que se conjugan mejor con el resto de la selección. Así, se desaprovecha la oportunidad de enseñar Los Angeles Plays Itself, el monumental y benjaminiano ensayo (una de las mejores muestras de este formato) de Thom Andersen sobre la imagen de su ciudad en el cine, escogiendo en cambio su anterior Red Hollywood: realizada al alimón con el prestigioso y polémico teórico Noël Burch (Praxis del cine, La linterna del infinito): se trata de un estudio visual de las trazas dejadas en las películas de Hollywood por el silenciado grupo de los «diez de Hollywood», víctimas de la caza de brujas de MacCarthy

Igualmente, de la video-artista Sadie Benning se prefiere mostrar, antes que la celebérrima It Wasn?t Love, su Flat is Beautiful, que prolonga una misma exploración diarística de la identidad realizada en el formato sub-profesional de la cámara de juguete Fisher Price. Era importante, de todos modos, tener representada esta vertiente autobiográfica que tantas obras mayores ha dado al cine de no ficción, cambiando el foco en la Historia por la historia con h minúscula, encarnada y personal, que define una política de las minorías étnicas, políticas y sexuales.

Jay Rosenblatt sí comparece con su título más celebrado, Human Remains, una obra maestra del cine de found footage que trabaja con imágenes de cinco grandes dictadores del pasado siglo (Franco es uno de ellos si bien admite al empezar que resulta menos interesante que sus infames colegas), dejando fuera su principal legado histórico, los restos humanos a que alude el título, para centrarse de forma provocativa en los vestigios de humanidad (ése es el segundo sentido del titulo) que de todos modos tuvieron.

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