“La pesadilla de Darwin” (Darwin’s Nightmare, 2004) de Hubert Sauper.


Érase una vez un lago, el Victoria, cuyas orillas comparten tres países: Uganda, Kenia y Tanzania. En la década de los cincuenta se introdujo en ese ecosistema una especie exótica, la Perca del Nilo, un depredador sumamente voraz que con el paso de los años acabó por conseguir que unas doscientas especies de peces autóctonas desaparecieran por completo, amenazando el equilibrio ecológico de esas aguas. Sin embargo, no hay mal que por bien no venga, la carne de la Perca del Nilo abrió un suculento mercado para las empresas extranjeras sobre el que en la actualidad gira una industria multimillonaria que abastece a algunos países de Europa y Japón, donde este pescado es de consumo común.

Parecía una gran oportunidad para los habitantes de los tres países de alrededor del lago: los hombres podrían dedicarse a pescar día a día las percas que llevan a las fábricas y en éstas, las mujeres son la mano de obra que lleva a cabo los procesos que permiten que dicho pescado llegue bien empaquetadito a nuestros mercados de forma diaria. Las empresas crean puestos de trabajo, éstas dinamizan las economías de los países que las acogen y los mandatarios de los mismos pueden estar contentos de la buena imagen que tienen de cara al exterior Idílico ¿no? Pues si escarbamos un poco a lo mejor no, ya que la globalización sirve atroces paradojas y La Pesadilla de Darwin, el documental de Hubert Sauper que hoy se proyecta en la UNED de Mérida en el marco del Curso de Verano “Cine y Derechos Humanos”, es una de las más demoledoras jamás vistas en una pantalla de cine: la perca que alimenta cada día a dos millones de personas en el exterior y engrosa las arcas de las multinacionales, mata literalmente de hambre a los habitantes de Tanzania. La gente que vive alrededor del lago tiene prohibido pescar para consumo privado para no perjudicar la venta – la concesión es en exclusiva para las empresas, y no creo que tenga que especificarle como se consiguen dichas concesiones de los Gobiernos africanos ¿verdad? – y la industrialización ha disparado los precios de este pescado hasta extremos tan inalcanzables para la población civil, que tienen que conformarse con comer sus desechos para sobrevivir. Literalmente. (David Garrido Bazán) Leer completo en CINEMERIDA.

La pesadilla de Darwin en IMDB

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