Cine Astoria

20/02/2008

Rodolfo Garavagno: “El letrista”

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Comentario publicado el La Elipa de Colores (Clásica) por Jorge Lohigorry en la entrada APM: “V Festival Internacional de Cine Pobre En Cuba”, el 19 de Febreo de 2008.

Conozco a Rodolfo Garavagno desde que teníamos 5 años. Ambos acabamos de cumplir cincuenta. Siempre ví en el a una persona mágica. Ya a esa edad, se lanzaba a subir al escenario del club del barrio a presentar orquestas, teniendo a veces a grandes artistas como Roberto Rufino, Alberto Castillo, Luis Aguile, Juan D’arienzo, Héctor Varela y otros, quienes cuando veían quien era el maestro de ceremonias de las veladas danzantes, no lo podían creer.
Es el día de hoy que le reprocho a Rodolfo el no haberse dedicado a locución de manera más profesional, puesto que durante casi toda su vida, aun hasta hoy, ha sido y seguirá siendo un hombre de micrófono en mano.
(Autores y Compositores argentinos de muchísimo renombre reconocen que es Garavagno el mejor orador de las asambleas de Sadaic, la sociedad de los que crean música y letra en Argentina).
Siguiendo con la infancia. Nosotros nos criamos viendo hermosas series americanas de vaqueros y de aventuras como EL LLANERO SOLITARIO, EL CISCO KID, LASSIE, CHAYENE…Programas sanos, de buenos mensajes, marcadamente antiviolentos. Esto hacía que nuestros juegos, fueran normalmente hacernos los vaqueros. Teníamos cartucheras con revólveres a cebita y la mayoría sabíamos hacer malabarismos al mejor estilo de Clayton Moore. Solo que en nuestro barrio no se jugaba al western desordenadamente. Ahí estaba Rodolfo armando siempre alguna trama de bandidos y sheriff. Era ya en ese entonces un obsesivo de que las imitaciones de las voces salieran exactamente igual que en las series. Y ningún día repetíamos la trama. Siempre había una historia distinta pergeñada por él.
Muchos de los niños que integrábamos el grupo se resistían a esa teatralización propuesta por Rodolfo, inclusive algunos se mofaban de él, pero yo sentía que si hacíamos como el nos indicaba, nuestro juego iba a ser siempre más divertido que dejar todo librado al azahar.
Rodolfo tocaba también el acordeón a piano, pero era ocioso a la hora de leer música y solfeo. Simplemente se concentraba y ejecutaba tangos, valses y milongas con mucho sentimiento.
Así fué que un día lo vimos por primera vez tocando en la televisión argentina, en el Canal 9 de Palermo. Ahí fue cuando conoció a Narciso Ibáñez Menta, su ídolo y maestro. Terminó haciéndole efectos musicales en el ciclo “El Hombre que Volvió de la Muerte”, y obteniendo también varios bolos como actor.
Rodolfo ya era compositor y tenía dos o tres canciones grabadas por grupos beat de fines de sesenta, que solían escucharse muy seguido por radio.
Pero es allí en canal 9 donde descubre el libreto televisivo y se pone a escribir.
La industria del cine estaba prácticamente paralizada y no había incentivo anímico como para intentar acercarse las películas.
El solo tenía 16 años y ya quería tener su programa de televisión de horror.
Pero vino un recaída en la televisión. Rodolfo se había forjado en un canal que tardaba semanas enteras grabando un capitulo, y donde se realizaban recreaciones de época y exteriores de amplio despliegue. Entonces escribió con esa visión. Al venir ese bajón inesperado entre 1973 /74, no había canal que tuviese costos para hacer programas como los que él proponía. Muchos le decían cosas como que lo que escribía era para hacerse en un país como los Estados Unidos.
El siguió prácticamente siempre con la música. Con éxitos innumerables como autor y compositor, y de tanto en tanto, tenía arrebatos que lo llevaban nuevamente al audiovisual.
En el año 1979, ante un panorama cinematográfico muy pobre en temática y despliegue, Rodolfo se largó a filmar el tríptico HISTORIAS DURAS. Un compendio de violencia suburbana que parecía premonitorio para los tiempos actuales. El siempre fué una persona políticamente ingenua. No sabía que pasaba en esos años en el país.
Cuando finalizó la compaginación del film fue detenido por un grupo especial que le secuestró todo lo concerniente al film porque según ellos “dañaba la imagen del país”. Yo, que tuve la suerte de alcanzar a a ver esos 60 minutos de celuloide en blanco y negro, recuerdo claramente que había historias paralelas de ladronzuelos, prostitutas de baja monta, fiestas bailables de rock, policías corruptos y diversas situaciones del suburbio. De política nada, porque Rodolfo no entendía un rábano.
Lo cierto es que en ese momento, gastó todos los ahorros obtenidos de sus derechos de autor como compositor, y que la suma era un poco mas de 30 mil dólares.
Cayò en un pozo depresivo que ni habiendo obtenido el segundo premio en un concurso de guiones televisivos en donde había presentado una historia tipo Lassie /Familia Ingalls a la Argentina, pudo levantarse.
Se tuvo que replegar en Trujuí, su barrio de siempre y ponerse a trabajar en el bar de su madre y sus tíos, lugar que lo ayudó a poner los pies sobre la tierra.
En poquito tiempo, menos de 8 meses creo, organizó un curso de carnaval que la gente de Trujuí aun recuerda, fiestas patrias con entretenimientos muy amenos, fundó una biblioteca, un cuartel de bomberos, un centro para la tercera edad, un centro de comerciante y profesionales, y fundamentalmente, escribió una novela (El Indio Trujuí), que publico semanalmente en un periódico de Moreno. Escribió poemas y aforismos, se ocupó de la historia de Trujuí exaltando el andar pionero de las primeras instituciones, se ocupó de ordenar el fútbol barrial… Todas cosas positivas para su ánimo, porque con eso se curó de le profunda depresión que le vino con el secuestro de su película.
Volvió a la música con un éxito tremendo, llegando a vender como compositor, un millón doscientos mil discos en solo un año. Y luego de esto, tuvo un periodo de 5 años como asesor Cultural del Directorio de Sadaic, junto al maestro Ariel Ramírez.
En los noventa, quien sabe por que cosas del destino, volvió a apartarse del ambiente musical, y colocó una pequeña cadena de tiendas de video.
Esto lo motivó a compenetrarse en géneros que desconocía y fue así que conectó a Jean Claude Van Damme, Cris O’Donell, Sean Connery y otros en Buenos Aires. Viajó a HOLLYWOOD y colaboró fugazmente con Van Damme en un par de films, se compenetró en la industria del cine independiente acercándose a Roger Corman. Pero nunca se quedó en Hollywood más de tres años. Sus hijos y su madre eran más fuertes que su pasión por la creación.
Rodolfo es un filósofo por iluminación, no de universidad. Pero al mismo tiempo, si diversificación creativa es multifacética.
Un poco cansado de esperar que su agente de Hollywood no le encuentre colocar un libro cinematográfico, prácticamente quebrado económicamente, se lanzó a la aventura de hacer una película en Video Digital.
Los obstáculos que tuvo que sortear fueron enormes. Los actores (todos vecinos de Trujuí), no se tomaban las cosas en serio y era prácticamente imposible equiparar el vértigo de Rodolfo. Principalmente el primer actor, que es un amigo de Rodolfo de sus épocas en las rockerías, quien tuvo ciertos problemas mentales por haber pasado una infancia de desnutrición.
O sea. Rodolfo no se podía echar atrás y desestimar todo el material que había filmado. Pero del libro original (cambiado decenas de veces por las idas y venidas del protagonista), no quedaba prácticamente nada. Tuvo que inventar de atrás para adelante, desde los costados. Todos los planes de filmación quedaban descartados por estos desencuentros imposibles de superar.
A pesar de todo esto, logró terminar un largometraje, que era lo que él quería. “CONCLUÍR UNA OBRA ES VENCER”, sentenciaba permanentemente. “No voy a permitir que los duendes del ocio, enemigo principal de todo creador, ni los obstáculos de los incrédulos me supriman”.
Malo, regular o bueno, lo voy a concluir.
Y lo logró.
Inclusive, con una hermosísima banda sonora instrumental de 46 minutos, que incluye una canción “tangozza”, cantada por el propio Rodolfo.
“El Letrista” es una obra rudimentaria, por momentos premeditadamente amateurista. Yo, como productor/amigo, más esto último que lo primero, vi como Rodolfo descartó la participación de algunas figuras del cine que son sus amigos. “Así nació, con este clima rústico, así la voy a terminar”, dijo.
Es una película simple, pobre, quizá marginal. No sabemos aun muy bien que es. Pero si sabemos que los círculos de amistades que la vieron, sintieron algún toquecito en el corazón. Y eso nos da la seguridad de haber llegado a un segundo objetivo. Porque el primero ya se había cumplido. Rodolfo dijo la terminó y lo consiguió.
Invito a todos uds. a apreciar el trailler de 3 minutos 20 segundos para observar, estética, musicalización y quizá para captar parte de la historia.
Creo yo que estos Festivales como el de Cine Pobre de Cuba, y de otros países deben exhibir este film porque él demuestra como se puede llegar a hacer cine con una pequeña cámara, solo y sin dinero. Además, no obstante a toda una vida rica en hechos concretos y con éxitos notables dentro del mercado de la música, Rodolfo Garavagno, es un hombre económicamente pobre. Pero su mayor capital es espíritu de lucha. El no claudicar ante la adversidad. El “hacerlo o hacerlo”.

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