05/02/2010
28/01/2010
Programa Cine Doré Febrero 2010 (Filmoteca Nacional)
Cine Doré c/ Santa Isabel, 3
28012 Madrid Telf.: 91 3691125 (taquilla) 91 369 2118 (gerencia) Fax: 91 3691250
Precio: Normal: 2,50€ por sesión y sala.
20,00 € abono de 10 sesiones.
Estudiante: 2,00€ por sesión y sala. 15,00€ abono de 10 sesiones.
Horario de taquilla:
16.15 h. hasta 15 minutos después del comienzo de la última sesión.
Venta anticipada: 21.00 h. hasta cierre de la taquilla para las sesiones del día siguiente hasta un tercio del aforo.
Horario de cafetería: 16.45 – 00.00 h. Tel.: 91 369 49 23
Horario de librería: 17.00 – 22.00 h. Tel.: 91 369 46 73
16/01/2010
Sobre la serie de TV “The Wire”. Baltimore, Estados Unidos, el mundo.
Irene G. Rubio, Ástor Díaz, Pablo Elorduy (Diagonal / Rebelión)
Dentro del aluvión de series de televisión destacamos The Wire, una producción de género policial con estructuras tomadas de las novelas del siglo XIX, que ha aportado una de las visiones más lúcidas sobre el comienzo de una era de global desastre.
Hay dos formas de viajar. Se puede hacer turismo, armado de guía, cámara de fotos y la voluntad de ir visitando sitios como quien va tachando de una lista los lugares que-hay-que-ver. Otra exige tomárselo con calma. Llegar a un lugar y permanecer un tiempo, conocer a sus gentes, abrirse a otra percepción del mundo. “Eso es lo que buscamos: hacer que la televisión sea un viaje así, intelectualmente hablando. Traer esos pedazos de América oscurecidos o ignorados o segregados de lo corriente y argumentar con eficacia su relevancia y existencia al americano común. Decirles: en efecto, esto forma parte del país que habéis creado. Esto también es quiénes somos y lo que hemos construido. Pensadlo de nuevo, cabrones”.
Esa declaración de intenciones pertenece a David Simon, el creador de The Wire, en una entrevista con el escritor Nick Hornby. Muchos de ustedes no habrán oído hablar jamás de este tipo ni de esta serie, que apenas se ha estrenado en un canal de pago en España. Otros, en cambio, estarán hartos de oír una y otra vez que es una de las mejores series de televisión de la historia. Algunos afortunados incluso la habrán visto. Pero, ¿qué demonios pasa con esta serie? ¿A qué viene tanto revuelo? Quizás conviene hacer una breve introducción para neófitos.
Sobre el papel, The Wire podría parecer una serie –otra más– sobre policías, que en este caso se dedican a perseguir narcotraficantes. Ver unos pocos capítulos desmiente esta impresión. Olvídense de intachables y macizos defensores de la ley y el orden que resuelven casos como churros. De lo que aquí se trata es de hacer el retrato de una ciudad –la poco glamourosa Baltimore, con altos índices de pobreza y violencia–, de sus habitantes y sus instituciones. La serie cuenta con una nómina de unos 30 personajes estables que pertenecen a distintos estamentos, y dedica cada una de sus cinco temporadas a examinar una faceta de la ciudad: el tráfico de drogas, el puerto, el poder político local, la escuela y los medios de comunicación. O más bien deberíamos decir: las desastrosas consecuencias sociales de la guerra contra las drogas; la decadencia de la clase trabajadora industrial; los entresijos de un poder político marcado por la corrupción, la especulación urbanística y la lucha de intereses; el fracaso del ideal de la igualdad de oportunidades en la educación; y la farsa de unos medios de comunicación más preocupados por las ventas y los beneficios que por la información. Casos policiales que se atascan y embarullan, conversaciones anodinas entre camellos mientras esperan en la esquina la enésima borrachera en un oscuro pub… a veces parece que en The Wire no pasa nada y, sin embargo, todo un mundo se despliega ante nuestros ojos. Como dice Lester Freamon, uno de los personajes: “La vida, Jimmy, ¿sabes lo que es? Es la mierda que pasa mientras esperas los momentos que nunca llegan”.
The Wire abraza el formato serial con todas sus consecuencias, para ofrecer el retrato de un mundo y de unos personajes con múltiples aristas, a los que vemos equivocarse, cambiar, volverla a cagar; a los que a veces odiamos y otras no podemos evitar cogerles cariño. Antes de dejarles con nuestro particular recorrido por las calles de Baltimore, permítannos un breve apunte sobre sus creadores. David Simon fue reportero del Baltimore Sun, y durante trece años se dedicó a recorrer sus calles como cronista local. Así es como conoció a Edward Burns, un atípico policía aficionado a la lectura que dejó el cuerpo para trabajar en una escuela pública. Esta extraña pareja decidió plasmar sus obsesiones comunes sobre los males que asolaban a su ciudad junto con un equipo de guionistas formado por antiguos periodistas y escritores como Richard Price o Dennis Lehane. Todos ellos tipos ajenos a los despachos de Hollywood, pero capaces de darle a la serie la estructura literaria y con múltiples puntos de vista que convierten a The Wire en una apasionante novela audiovisual. Bienvenidos a Baltimore.
“Si mataran a 300 hombres blancos cada año en esta ciudad, enviarían a la 82 División Aerotransportada.”
(Freamon)
Tal día como hoy las estadísticas policiales de la ciudad de Baltimore registrarán un asesinato, dos incendios provocados, 16 agresiones graves, 17 vehículos robados, 20 allanamientos y 87 delitos contra la propiedad. Siete veces mayor que la media nacional, el crimen es uno de los factores que determina la vida y acciones de individuos e instituciones en este escenario. La segregación económica es otro elemento clave en el devenir de esta ciudad, que en los últimos 40 años ha visto emigrar a 350.000 de sus habitantes hacia zonas más prósperas del estado de Maryland. Hoy, más de un 20% de su población vive por debajo del umbral de la pobreza. De estas 127.000 personas, una cuarta parte son niños y ocho de cada diez son de raza negra. Para David Simon, Baltimore está en “los últimos círculos de una economía donde el capitalismo tiene carta blanca. Es una ciudad sistemáticamente desindustrializada, hipersegregada, inhabitable para la clase trabajadora, donde las minorías alienadas económicamente encuentran su única salida en el negocio de las drogas”.
“Los dioses no te salvarán”
(Burrell)
“Lo que me inspiró es la tragedia griega, en la que protagonistas predestinados y condenados se enfrentan a un sistema que es indiferente a su heroísmo, a su individualidad, a su moralidad. Pero en vez de dioses del Olimpo que lanzan rayos ardientes y joden a la gente por diversión, tenemos instituciones posmodernas. El departamento de policía es un dios, el tráfico de drogas es un dios, el sistema escolar es un dios, el ayuntamiento es un dios, las elecciones son un dios. El capitalismo es el dios supremo en The Wire. El capitalismo es Zeus”.
El triunfo de unas instituciones que han fracasado en su labor de servir a la gente y ahora buscan sólo perpetuar el statu quo es uno de los grandes temas de la serie, como revelaba David Simon en The Fader. No hay un individuo responsable de todos los males; en The Wire el villano es la maquinaria institucional, que trasciende a los individuos que la integran y que, como la banca, siempre gana. Todo cambia para que todo siga igual. ¿No deja este retrato de un sistema irreductible al espectador con sensación de impotencia? ¿O es que quizá insinúa que no basta con tímidas reformas y buena voluntad?
“Yo no soy un empresario de traje como tú. Soy sólo un gángster, supongo. Y quiero mis esquinas”
(Barksdale)
“La cuestión es que cualquier cosa a la que llamemos heroína, se va a vender sola. Si es buen material, se va a vender. Si es mal material, vamos a vender el doble”. Con esta reflexión de Stringer Bell al comienzo de la serie, se expone la naturaleza peculiar de las calles de Baltimore. La demanda indiscriminada de estupefacientes en la “ciudad interior” genera un mercado casi ilimitado, donde quien quiera conseguir beneficios apenas necesitará inversión, conocimientos o infraestructura comercial en el sentido tradicional.
Aunque en este sistema desregulado y abierto es fundamental adquirir una posición privilegiada desde la que controlar la oferta en el territorio propio y expandirse desplazando a la competencia. Para conseguir este objetivo es casi inevitable militarizar las operaciones comerciales, lo que produce cadáveres y en último lugar lleva a las calles la guerra entre las bandas y las fuerzas de seguridad del Estado. It’s all part of the game.
“No necesitamos soñar más”
(‘Stringer’ Bell)
“El ser humano cada vez importa menos”. David Simon registra con esta frase uno de los aspectos más sabrosos de la serie. El individuo, en The Wire, está condenado a una soledad sistémica. En esas calles algunos se aferran a la vida, aquello que ocurre cuando se está dentro del juego, y otros son arrollados sin compasión por un progreso disfuncional. La eliminación es el final del juego y, hasta ese punto, “eso es América, tío”. Para algunos, la libertad es una droga adulterada. Si alguien confía en Adam Smith es sacado pronto de un tablero en el que las ideas están neutralizadas por los intereses. Los sueños son caprichos; pocos se obligan a perseguir uno, para no salirse de la senda.
Algunos aspectos en el tratamiento de los personajes remiten a la novela del siglo XIX: el espectador es tentado por los guionistas de la serie, es el único autorizado para conocer a los personajes, mientras que éstos, en muchas ocasiones, no se reconocen entre sí, pululan por la ciudad en busca de autor. Los encontramos y se esfuman una y otra vez, hasta que el espectador puede sentir la atmósfera por la que ha recorrido cada personaje mientras la trama le mantenía oculto.
El espectador adquiere una responsabilidad cuando se planta en esas calles: en The Wire no funcionan las fórmulas. Hay que comprobar una y otra vez que sólo hay una que no pierde vigencia: sólo los más fuertes sobreviven. Pero, a diferencia de otras series más convencionales, en ésta la debilidad forma parte del juego, “todas las piezas importan”, dice Freamon, para llevar la contraria.
David Simon se marcha a Nueva Orleans
David Simon pasó más de una década en la redacción del Baltimore Sun. Durante ese tiempo escribió dos libros de crónicas que serían llevados a la pequeña pantalla: con Homicide se pasó un año recorriendo las calles junto con una unidad de policía; con The Corner se bajó del coche patrulla para acompañar a una familia de adictos. El libro, escrito con el que sería su futuro compañero de fatigas televisivas, Edward Burns, se convirtió, de la mano de ambos, en la miniserie The Corner, una suerte de preámbulo de The Wire.
Tras The Wire, Simon y Burns acometieron la miniserie Generation Kill, que retrata la invasión de Iraq de la mano de una unidad de élite de marines con altas dosis de realismo y miserias bélicas. Pero el proyecto con el que Simon nos ha puesto los dientes largos es Tremé, la historia de un músico en el Nueva Orleans post Katrina que promete ser otra apasionante radiografía marca de la casa.
15/01/2010
“Pigeon: Impossible” de Lucas Martell
Pigeon: Impossible is the tale of Walter, a rookie secret agent faced with a problem seldom covered in basic training: what to do when a curious pigeon gets trapped inside your multi-million dollar, government-issued nuclear briefcase.
The film took nearly 5 years to complete and is the first attempt at animation by writer/director Lucas Martell: “When the project started, it was mostly an excuse to learn 3D animation, but by the end of the project I had spent so much time reworking and polishing the story that I just wanted people to laugh.”
The end-result is a hilarious 6-minute romp through the streets of Washington D.C. as our hero fights to save himself, and the world from the chaos reigned down by a hungry pigeon. Breathtaking visuals and a sweeping soundtrack showcase the work of nearly one-hundred talented artists and musicians, and the film stands as a testament to what can be accomplished by a team of dedicated volunteers working for the love of their craft.
(Recomendado ver en HD y pantalla completa)
14/01/2010
23/12/2009
09/12/2009
Hannah Collins. Historia en curso. Películas y fotografías
Del 19/11/2009 al 21/02/2010
La Mina
En 2001, Hannah Collins y su equipo filmaron veinticuatro horas de metraje con película de 35 mm en una extensa zona de Barcelona habitada principalmente por la comunidad gitana. El film resultante se sitúa a medio camino entre el documental de observación y un enfoque más basado en la actuación y en la colaboración. Aunque algunas escenas se planificaron y se interpretaron, otras son situaciones surgidas espontáneamente y captadas por la película.
La Mina huye de un punto de vista único. En este sentido, evita los retratos fijos y estrechos de miras sobre la vida actual de la comunidad gitana. En lugar de esto, Collins construye un film complejo, intrincado y rítmico basado en los motivos repetitivos y el simbolismo de la propia ciudad. Alejándose de las pautas del cine y de los documentales convencionales, La Mina presenta a los espectadores un atractivo puzzle social, estético, político y ético a la vez.
Parallel (Paralelo)
Paralelo es un film basado en el reto de representar el movimiento internacional de las personas, tan característico de la vida contemporánea. Collins se sirve de tres pantallas para describir tres experiencias muy distintas acerca del espacio temporal y físico, en el contexto de la inmigración. Paralelo explica la historia de tres personas. Dewa, un camerunés de un pequeño pueblo, arriesga su vida para trasladarse a Madrid; habla francés y está estudiando español, pero tiene dificultades para conseguir una vida estable. Pamela pertenece a una extensa familia ugandesa y vive con su marido, un diplomático italiano, en Roma; es ambiciosa, de mentalidad independiente y trabaja para la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de las Naciones Unidas en Roma y París. Constantine llegó a Londres hace ocho años, procedente de Costa de Marfil; está divorciada y vive con su hijo de siete años y es miembro de una iglesia evangélica a la que dedica gran parte de su vida.
Paralelo se escapa de la estadística fría y de la retórica política inflamada sobre la emigración hacia el ”corazón de Europa”. En lugar de esto, Collins ofrece un film que es al mismo tiempo un conjunto de retratos de personas individuales y una fotografía más amplia de la situación socioeconómica.
Current History (Historia en curso)
Historia en curso presenta un día en la vida de la familia Chiline y de otras personas de la población de Beshencevo, en las afueras de Nizhny Novgorod, en la Rusia central. Aquí vemos el contraste entre el tejido del pueblo presoviético y la desgastada ciudad postsoviética. La situación actual en Rusia no es ni estable ni predecible. Descubrimos que cada miembro de la familia se adapta a los cambios de una forma distinta. Sobre el telón de fondo de las decisiones políticas distantes y casi abstractas, se halla consuelo en el juego, la religión y la superstición. Los pocos niños que quedan en el pueblo reciben una educación clásica, pero disponen de pocos medios para ser conscientes de todas las fuerzas que dirigen sus vidas y sus elecciones personales.
Edouard, miembro de la familia Chiline, conoció la obra de Collins en Amsterdam e invitó a la artista a visitar su pueblo. Después de una visita inicial, regresó allí en lo más crudo del invierno, con todo su equipo. Estuvo filmando durante catorce días, a partir de un guión escrito por el propio Edouard junto con otros habitantes. Las siete horas de metraje que obtuvo han sido editadas en dos versiones del film, una para mostrarse en galerías de arte y otra para un formato cinematográfico.
04/12/2009
I MUESTRA TEMÁTICA DE CINE DIRIGIDO POR MUJERES. 2009 CINE Y POLÍTICA
11-13 de diciembre de 2009
Cine Estudio Bellas Artes
Marqués de Casa Riera, 2, Madrid
Entrada libre hasta completar aforo
Al final de cada proyección habrá un coloquio con las directoras de las películas
CIMA, organiza la I Muestra de Cine Dirigido por Mujeres ‘09 Cine y Política’, que bajo la dirección de Ana Laura Díaz se celebrará en el Círculo de Bellas Artes de Madrid entre los días 11 y 13 de diciembre. Los pases serán a las 18:30 y 21:30 horas.
Durante las jornadas, estarán presentes las directoras de las películas programadas: ‘Rachida’, de Yamina Bachir; ‘Quase dois irmaos’, de Lucía Murat; ‘Zendan e Zenan’, de Manijeh Hekmat; ‘Yoyes’, de Helena Taberna; ‘Nadar’, de Carla Subirana; y ‘Sé quién eres’, de Patricia Ferreira.
“En memoria de Paul Naschy” de Javier Cortijo
Donde viven los monstruos
Contaba Paul Naschy que la mejor manera de borrar a los fantasmas y vampiros de su infancia de posguerra (“tiempos de fielatos, estraperlo, pan de borona, boniato y achicoria”) fue a base de enfrentarlos con otras criaturas tanto o más sobrenaturales que salían de la gran pantalla. Bueno, más bien de medianas estilo cine Iris, local de reestreno de poca monta donde, allá por 1942, vio “Frankenstein y el hombre lobo”, una de las películas que le inocularon el gusanillo fantaterrorífico durante los siguientes sesenta y pico años. Lo mejor de todo, al menos para el que suscribe, es que lo contó en el prólogo de mi primer libro, “Bela Lugosi. Drácula vampirizado”, dándome así la alternativa en el ruedo literario como mandan los cánones y por la puerta grande. Supongo que en todos estos años me he empeñado en alcanzar al menos la suela de tales zapatos de siete leguas, así que también son ganas de pelear contra gigantes ultraquijotescos. Sin embargo, ese no fue mi primer encuentro con Jacinto Molina (por cierto, siempre me parece odiosa la primera persona del singular en el periodismo, pero para un buen amigo que he tenido en este mundillo, merece la pena pecar de egotitis ocasional): cierta crítica en la desaparecida Cinerama, referida a la inmunda “Brácula” y donde le citaba entrañablemente, hizo diana en su honrilla profesional. Porque hay que decir que Naschy defendía con uñas y dientes cualquier filme que rodó en su carrera, y los había de arrea. Por suerte, su caballerosidad y su condescendencia con un novato plumilla no sólo licuó en agua de borrajas tal malentendido, sino que solidificó una amistad que ha durado hasta su muerte. Aparte de ser una figura fundamental en la consolidación del cine fantástico español (ese que ahora proporciona los mayores dividendos para nuestra debilucha industria), Molina supo que la mejor manera de valorar un producto es creer en él y tener confianza ciega hasta el final. Quizá ese entusiasmo le hizo sentirse poco reconocido en nuestras fronteras, mientras que en Estados Unidos le tenían como un auténtico mito, a la altura de Karloff, Price o Lugosi. Pero nunca se rindió a la amargura o la autocomplacencia: amaba demasiado a su trabajo, a su género preferido y a su propia leyenda, construida paso a paso y susto a susto. A algunos mentecatos le hacía gracia que un señor llamado Jacinto se disfrazara de hombre lobo. Allá ellos porque nunca valorarían la capacidad como actor que demostró en “El caminante”, “La bestia y la espada mágica”, “La noche de Walpurgis”, “El jorobado de la morge”, “Licántropo” (pese a la desastrosa producción) o “Rojo sangre”, por poner ejemplos dispares. A principio de año, recibí una llamada suya anunciándome su enfermedad y se me encogió el alma como ahora mismo. Él continuó infatigable con sus múltiples proyectos con la energía de un gladiador, que es lo que siempre ha sido. Ahora se ha ido con los deberes bien hechos y con los fans, ávidos por ver su último trabajo, “La herencia Valdemar”. Y, lo que son las cosas, justamente esta tarde he visto una película que no tiene nada que ver con Paul Naschy aunque su título no deja de recordarme a él: “Donde viven los monstruos”. Seguramente, y en su caso, en algún caserón sombrío pero coqueto, lleno de libros, fetiches y algún mayordomo cargado de espaldas pero con acento a lo Peter Cushing. El paraíso, vaya. Qué suerte tienen algunos. Gracias por los recuerdos, amigo.
03/12/2009
H. R Giger (Alien)
H.R. Giger was born in Chur, Switzerland, in 1940. As a child he developed a strong passion for all things surreal and macabre. His need to express himself and share the unique aspects of his powerful imagination drew him to the visual arts. Giger’s own dreams and the brilliant imagery of such fantastic geniuses as Gustav Meyrink, Jean Cocteau, Alfred Kubin and H.P. Lovecraft combined to form a rich soil from which the amzing imagery of Giger’s own art has come to sprout. It has since bloomed into the vast wealth of exotic women, wondrously bizarre landscapes, and frightening creatures that have captured the fascination of millions of fans worldwide.
Meticulously detailed, Giger’s paintings are usually done in large formats and worked and reworked by this maestro of the airbrush. It was Giger’s popular art book, ‘Necronomicon’, that caught the eye of director Ridley Scott as he was searching for the right look for a creature in his upcoming film. That creature, of course, turned out to be the Alien, and Giger’s masterful designs for the film of the same name garnered him a much-deserved Academy Award.
Giger’s fascinating biomechanical style, that brilliant synthesis of flesh and machine, has been realized not only through his remarkable paintings but also via sculpture pieces, elegantly fashioned furniture, and architectural and interior design projects. His paintings have been displayed in galleries and museums throughout the world.
Giger’s alien aesthetic, his ‘biomechanics’, goes beyond talent, and even art. It enters the rarified realm of the near magical, and certainly the land of genius. The ensuing art is a mere taste of the phenomenal oeuvre that this unique Swiss maestro has created. (hrgigermuseum)

En 1966 comenzó a trabajar como diseñador de interiores. A partir de 1968 Giger se dedicó exclusivamente al arte y sus primeras obras fueron publicadas hacia 1969, participando también en la parte artística de algún cortometraje, como Swissmade – 2068 (Fredi M. Muller, 1969). Durante esa época mantuvo una relación con la artista Li Tobler, con quien que grabaría varios cortos. El suicidio de su amada en 1975 marcó para siempre la obra de Giger.
Conocido entre el gran público por diseñar y desarrollar junto a Carlo Rambaldi la criatura y algunos escenarios de la película Alien, el octavo pasajero de Ridley Scott (1979, basándose en sus propias obras pictóricas anteriores, como “Necronom V”) por la que le concedieron en 1980 el Oscar al mejor diseño de escenarios.
En el ámbito cinegratográfico también se encargó del diseño del lado oscuro de Poltergeist II (Brian Gibson, 1986), quedando bastante desilusionado del tratamiento que se le dio en la película a sus diseños.[1] Posteriormente colaboró secundariamente y tras prestarse voluntario, en los diseños de Alien 3 (David Fincher, 1992), ya que James Cameron rechazó su participación para los diseños de Aliens, el regreso (1986). También participó en la parte estética de otras películas, como Species (Roger Donaldson, 1995) siendo sus trabajos usados en las portadas de muchos libros y discos. Asimismo, ha realizado trabajos para videojuegos como Dark Seed (1992) y Dark Seed II (1995), aventuras gráficas de ambientación lovecraftiana.
Existe un museo dedicado a H. R. Giger en la ciudad de Gruyères, en Friburgo, Suiza.
giger.com

































