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Colección Jean-Luc Godard y el Grupo Dziga Vertov (1968-1974) Dirigida por: Jean-Luc Godard, Jean-Henri Roger, Groupe Dziga Vertov, D.A. Pennebaker, Jean-Pierre Gorin.

Intérpretes: Gian Maria Volontè, Allen Midgette, Cristiana Tullio-Altan, Jerome Hinstin, Paolo Pozzesi, Yves Afonso, Jean-Luc Godard, Marty Balin, Amiri Baraka, Juliet Berto, Jane Fonda, Jean-Pierre Gorin.

Título original: Un film comme les autres + British Sounds + Pravda + Le Vent d´est + Lotte in Italia + Vladimir et Rosa + One P.M. + Schick + Letter to Jane: An Investigation About a Still + Ici et ailleurs.

Discos: 5 / Región: 2 / Formato pantalla: Pal 1.33:1 , 4:3 / Idiomas: Dolby Digital Mono: Francés (V.O.) Duración: 633 min. Subtítulos: Español. “Manifiesto” de Al Fatah, por Jean-Luc Godard, “Cáculo, escritura, información”, por Gonzalo de Lucas, Filmografía y bibliografía del Grupo Dziga Vertov , Presentación del historiador de cine David Faroult, por Manuel Asín, Película en color y en blanco y negro, Libro de 64 págs. con cronología del Grupo Dziga Vertov.

ABC

Los cinéfilos están de enhorabuena. El Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, de Buenos Aires, ha descubierto en su archivo la cinta completa, con imágenes inéditas, del rodaje de «Metrópolis», una joya del cine mudo expresionista rodada por el alemán Fritz Lang entre 1925 y 1926.
El material localizado, cuya autenticidad ha sido confirmada por varios especialistas, incluye quince rollos de película equivalentes a unos 150 minutos. Al tratarse de negativos muy antiguos, la calidad de la cinta no es muy buena y algunos fragmentos están rallados pero después de ser restaurada, podrá proyectarse con nitidez.
El hallazgo se produjo hace semanas pero no se confirmó hasta ayer, después de que el diario «Die Zeit» lo anticipara en su edición digital. Las dudas suscitadas sobre la originalidad de la película llevaron a trasladar la misma a Madrid donde se buscó la asesoría de Luciano Berriatúa, especialista de la Filmoteca Nacional. Las escenas inéditas recogen un recorrido en automóvil por Metrópolis, la ciudad industrial que imaginó Fritz Lang para el siglo XXI. A lo largo de esa ruta, el realizador alemán ofrece una panorámica de las relaciones entre tres de los personajes secundarios de la historia en la que el hijo del explotador se enamora de una operaria de la fábrica. El resto del filme pertecene a las diferentes versiones exhibidas en todo el mundo. «Metrópolis», título emblemático del cine, está considerada una de las mejores películas de la época y narra la vida subterránea de un colectivo de trabajadores esclavizados que decide revelarse con la ayuda de un robot.
Lang estrenó la cinta íntegra el 10 de enero en Berlín pero las proyecciones posteriores sufrieron cortes severos de metraje. La versión original medía 4.189 metros y tenía una duración de unos 125 minutos. La versión descubierta en Buenos Aires tiene 700 metros más que equivaldrían a unos 25 minutos de proyección. Fernando Martín Peña, director del departamento audiovisual del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), es uno de los artífices del hallazgo. Estuvo durante años siguiendo la pista al material del que tuvo conocimiento por vez primera en 1987. En ese año, según declaraciones a la agencia alemana Dpa, le informaron de que el Fondo nacional de las Artes tenía previsto donar una colección de cintas del crítico Manuel Peña Rodríguez, entre las que figuraba el título de Lang. De acuerdo a los archivos de la ciudad, confirmó que la distribuidora Terra, de capital alemán, había distribuido la cinta en 1927 en Argentina. Tras diversos contactos y muchas investigaciones, viajó a Madrid donde Berriatúa confirmó este año que «el hallazgo era extraordinario. Se puso como loco», declaró Peña, quien llegó a entregarle al español todo el paquete de cintas para que lo revisara con detalle.
Con esa carta de presentación, el responsable de la sección cinematográfica del Malba se puso a trabajar codo a codo con Paula Fulix, la directora del Cine Pablo Ducrós Hicken. Este centro está dedicado a la conservación del patrimonio fílmico de Argentina.
La Fundación alemana Friedrich Wilhelm Murnau calificó ayer el descubrimiento de «sensacional». Esta organización encargó hace cinco años una restauración digital que permitió que «Metrópolis» se incluyera como la primera cinta en el «Memory of the World Register» de la Unesco.

Título original: I Walked with a Zombie
Año: 1943 Duración 69 min.
Compañía: RKO Radio Pictures
Director: Jaques Tourneur
Guión: Curt Siodmak, Inez Wallace y Ardel Wray
Reparto: Frances Dee (Betsy Connell), Tom Conway (Paul Holland), James Ellison (Wesley Rand), Edith Barrett (Jessica Holland), Darby Jones (Carrefour)

IMDB

‘Yo Anduve con un Zombie’, inquietando con lo mínimo, de Juan Luis Caviano (Blogdecine)

Berlín 2006. Unos trabajadores turcos descubren el bunker secreto de Hitler. En su interior, fielmente custodiado por el cadáver de Eva Braün, se encuentra el miembro incorrupto de Adolf Hitler conservado en una urna. La noticia del estremecedor hallazgo da la vuelta al mundo y llega a oídos del Doctor Weissmann, un viejo científico nazi escondido en Torremolinos, que trama un diabólico plan: hacerse con el pene de Hitler y reconstruir un nuevo Fürher partiendo de él. Para conseguir su objetivo, el Doctor Weissmann recluta a cuatro skinheads malagueños, voluntariosos pero totalmente imbéciles, que arriesgarán la vida e incluso su hombría por el éxito de la misión. Ellos tendrán que robar la picha de Hitler y enfrentarse a una sociedad secreta de bellas y mortíferas amazonas dispuestas a todo por poseer el preciado trofeo. (FILMAFFINITY)

Pedro Temboury en IMDB

Martes 3 de Junio

17.30 Muestra de cine griego
Sala 1 Ta paidia tis jelidonas (Los hijos de la golondrina, Kostas Brettakos, 1987). Int.: Alekos Alexandrakis, Mairi Hronopoulou, Vassilis Diamantopoulos. Grecia. VOSE. 118′ Un periodista vuelve a su pueblo, Helidona, a contar la historia de una familia desgarrada por la Guerra Civil para un documental televisivo.
20.00 ImagineIndia 08: Buddhadeb Dasgupta
Sala 1 Charachar (El refugio de las alas, Buddhadeb Dasgupta, 1993). Int.: Shankar Chakraborty, Indrani Haldar, Rajit Kapoor. India. VOBengalí SI/E*. 83′ “Una fábula bien intencionada sobre un empobrecido cazador de pájaros cuya propensión a liberar a sus presas le causa más de un problema con su más pragmática mujer” (Geoff Andrews).
20.30 Buzón de sugerencias
Sala 2 Pánico en el Transiberiano (Eugenio Martín, 1972). Int.: Christopher Lee, Peter Cushing, Alberto de Mendoza. España / GB. 88′ “La película se sitúa a medio camino entre las monster movies de serie B de los años cincuenta y el cine de terror más imaginativo realizado en Gran Bretaña a lo largo de los años sesenta para contar una historia que bebe de múltiples fuentes, principalmente de El enigma de otro mundo” (Pau Roig).
22.00 Centenario de David Lean
Sala 1 This Happy Breed (La vida manda, David Lean, 1944). Int.: Robert Newton, Celia Johnson, John Mills. GB. VOSE. 111′ “This Happy Breed se basa en una obra de Noël Coward. Su descripción de una vulgar familia londinense fue una oportuna celebración del espíritu británico en tiempos de guerra. Aunque el origen teatral lastraba un poco la inventiva visual de Lean, fue su primer encuentro con el technicolor” (BFI)
Segunda proyección día 14.

programacinedorejunio2008

Peggy Lee: “Johnny Guitar”

Johnny Guitar en IMDB

Editado por José Luis Rebordinos.
(Daniel Aguilar, Roberto Cueto, José Luis Rebordinos, Antonio Santamarina, Juan Zapater.)

La obra de Shinya Tsukamoto es una de las más personales de la cinematografía mundial. Comparado con Lynch y Cronenberg, Tsukamoto expresa en sus películas la necesidad de que el ser humano se modifique, mute. En un Tokyo de enormes edificios de cemento, cristal y metal, habitado por salary men impersonales que recorren su geografía a la búsqueda de un poco de sexo ocasional, a la especie humana no le queda más remedio que evolucionar si quiere sobrevivir. El hombre de la calle, víctima y verdugo, héroe de los filmes de Tsukamoto, se vuelve androide, hombre máquina o consigue entrar en las pesadillas de los otros que no son, en el fondo, otra cosa que sus propias pesadillas. En sus primeras películas, los tejidos de carne, los huesos y la sangre se mezclan con el metal. Del anterior estado evolutivo, del hombre sólo le queda el cerebro. En sus últimas realizaciones, el metal va dejando espacio de nuevo a la carne, al roce de la piel, a la necesidad de tocarse, a una sexualidad que explota con fuerza y que supone, también una nueva transformación. Para Tsukamoto, los nuevos estadios de la evolución humana permiten al hombre renacer y vivir plenamente. Ahora, más que nunca, en el cine de este poeta y guerrillero del cinematógrafo que es Shinya Tsukamoto, los seres humanos que habitan espacios industriales, ciudades asépticas en las que no se puede hablar de la muerte, en las que el reflejo del dolor y el fin de la vida son tabúes, tienen (tenemos) una nueva oportunidad sobre la superficie de la Tierra…
Del libro)

Javier Cortijo

Tres acordes y la verdad

Director, guionista y montador: John Sayles.
Intérpretes: Danny Glover, Charles S. Dutton, Stacy Keach. Nacionalidad: EE.UU., 2007. Duración: 125 minutos. Género: Drama-musical.

John Sayles es un explorador, y encontrador, de paraísos perdidos, sea en la isla de las focas, el “prestado” territorio mágico de Spiderwick o, sobre todo, el “deep blue Sur” de sus entretelas, aunque en su pasaporte ponga que nació en Nueva York. Ahora, su brújula se ha parado, o ha enloquecido, en otro de esos márgenes del camino que tanto le gustan: el Honeydripper, bareto desconchado y especializado en licor pantanoso donde se dice que el auténtico rock and roll dio sus primeros contoneos. Sin embargo, por mucho que en Alabama naciera W. C. Handy, el genuino “padre del blues”, y aullara Howlin’ Wolf al sol de Sun Records, la intención de Sayles no es hacer un mapa físico y sentimental de los surcos perdidos de la verdadera música “jonda” del siglo XX, a la manera de Wim Wenders rastreando las huellas suecas de J. B. Lenoir en “The soul of a man”.
El autor de “Lone Star” (uno de los pocos fabuladores puros de Hollywood, como demuestra su memorable disertación sobre el primer piano tocado por manos “de color” de la historia) agarra firmemente su “national guitar”, que diría Paul Simon, y desgrana con maestría algunos acordes de la sociedad yanqui de 1950, cuando los afroamericanos eran sencillamente negros y su mejor amigo seguía siendo el algodón. Y como la música es un lenguaje universal, los problemas del gran Danny Glover y sus colegas son exactamente iguales a los de cualquier hijo de vecino, blanco o amarillo, de entonces o ahora. La diferencia es que ellos los resolvían moviendo el esqueleto con la armónica a tope y departiendo con un fantasma ciego propietario de la segunda guitarra más cool del mundo (la primera pertenece al diablo). Cuestión de clase y talento.

A la larga lista de aventuras cinematográficas interpretadas por naves submarinas realizadas por los estudios de Hollywood, se añadió en los primeros años de la década de los sesenta una serie para la televisión que marcó época en su género, y que es recordada como uno de sus clásicos indiscutibles, Voyage to the bottom of the Sea. Producida por Irwin Allen, quien años más tarde sería uno de los padres del género catastrofista que tuvo su punto álgido en la década de los setenta, la serie narraba las singladuras del Seaview, un submarino propiedad del Gobierno de los Estados Unidos cuya misión principal consistía en investigar las zonas abismales de los océanos desde un punto de vista científico, aunque muchos de los datos generados por estas investigaciones revirtieran en conocimientos estratégicos de gran valor militar. El Seaview no es un submarino al uso, sino el sueño hecho realidad del Almirante Harriman Nelson, su creador. El submarino, impulsado por energía nuclear, es un gigantesco navío de 600 pies -unos 200 metros- de eslora, que incorpora los últimos avances tecnológicos aplicados a la navegación submarina. La nave es, a menudo, blanco de los navíos de las potencias enemigas, que conocen el poder militar del Seaview y pretenden destruirlo. Sin embargo, los mayores peligros a los que se enfrentan los tripulantes del submarino son las mismas fuerzas del fondo del mar. A lo largo de sus navegaciones, el Seaview ha luchado contra toda clase de enemigos surgidos de las entrañas de los océanos: gigantes prehistóricos, enormes monstruos marinos o civilizaciones que viven en las oscuras profundidades. La serie entroncaba así con el género de lo fantástico, dando lugar a episodios dotados de un atractivo como pocas veces se ha dado en la historia de la televisión.

Richard Basehart dio vida al Almirante Harriman Nelson, veterano marino dedicado en cuerpo y alma a la investigación, que fue uno de los constructores del Seaview y responsable de que sus misiones científicas lleguen a buen término. Richard Basehart nació en Zanesville (Ohio), donde su familia insistió para que siguiera los pasos profesionales de su padre y estudiara Periodismo. Sin embargo, sus planes no coincidían en absoluto con los de sus mayores y a los trece años empezó a colaborar asiduamente en una compañía teatral de aficionados. Con los años y un ya considerable período de aprendizaje, llegó a Nueva York decidido a trabajar en Broadway. En 1945, los críticos de la ciudad distinguieron a Basehart saludándolo como uno de los mejores actores jóvenes del momento. En Nueva York interpretó casi todo el repertorio del teatro clásico inglés , siendo considerado uno de los actores que con mayor sensibilidad comprendió y trasladó a la es cena el espíritu de estas obras. Basehart trabajó con cierta asiduidad para el Cine, y es destacable su actuación en varias recordadas películas como Moby Dick (1956, John Huston), Portrait in black (1960, Michael Gordon), Jovanka (1960, Martin Rttt) o Titanic (1953, Jean Negulesco). Posterior mente, tuvo el orgullo de ser uno de los primeros actores americanos que llamaron la atención de los prestigiosos realizadores europeos, como Federico Fellini, que le llevó a Italia para hacerse cargo de un importante papel en La Strada. En Europa trabajó al lado de algunos de los nombres más relevantes de las cinematografías francesa e italiana, como Jeanne Moreau, Alida Valli, Giulietta Massina o Silvana Mangano. Este período europeo es sin duda el más interesan te en la trayectoria de este actor, cuyos mayores éxitos deben buscarse en la televisión, siendo su papel del Almirante Nelson el que más popularidad le dio a lo largo de su carrera. Para el papel del Capitán Lee Crane, fue elegido un actor que gozaba ya de popularidad en los Estados Unidos, David Hedison, por sus papeles para la gran pantalla entre los que destacan The Fly y The enemy bellow. David Hedison era en aquellos momentos uno de los hombres más deseados de América, dado su metro noventa de estatura, su pelo negro y sus penetrantes ojos verdes. Estos ingredientes le permitieron triunfar plenamente en Hollywood, ya que su registro interpretativo se veía muy limitado por una excesiva falta de matices y cieno despegue de los personajes que representaba. Su papel del capitán Crane, antiguo comandante de submarinos bélicos durante la Segunda Guerra Mundial, era el del hombre encarga do de todos los aspectos referentes a la navegación técnica de la nave, en contraposición a las atribuciones de Nelson, dedicado a la consecución de las misiones de investigación y científicas.

El motor que impulsó la realización de Viaje al fondo del mar fue Irwin Allen, nacido en Nueva York en 1915. Productor, director y escritor, Allen se especializó en Periodismo y Publicidad en la Universidad de Columbia. Marchó a Hollywood en 1938 ocupando el puesto de editor de la revista Key. En 1939 crea un espectáculo para la radio de una hora de duración cuyo éxito le lleva a tener una columna propia en un periódico de Hollywood. Polifacético, elabora un programa de televisión e inaugura una agencia literaria. Empieza a despertarse en él el interés por el cine, que acaba adquiriendo absoluta prioridad sobre todas sus demás actividades profesionales. Se instala por su cuenta y funda la compañía Windson Productions, guiada por las directrices de la comercialidad. Si bien en los inicios de su carrera cinematográfica produjo thrillers, comedias y dramas, como Mister Dollar (1951) o The Story of Mankind (1957), fue desde 1960 cuando su interés se decantó hacia los grandes shows el tipo catastrofista, con grandes alardes de cuidadísimos efectos especiales y repartos de lujo puestos al servicio de la acción más trepidante. En 1961 fue el guionista, productor y director de Voyage to the bottom of the Sea, que interpretaron Joan Fontaine, Walter Pidgeon y Peter Lorre, film para la gran pantalla que abrió la puerta a la realización de la serie para la televisión. Sus más estruendosos éxitos de taquillas son las producciones The Poseidon Adventure (1972), The Towering Inferno (1974) y The Swarm (1977).

Para la realización de los guiones que compusieron las aventuras del Seaview, la producción contó con un importantísimo grupo de profesionales. Cabe destacar a Don Brinkley, Alan Caillou, Raphael Rayes o William Read Woodfield. Las historias creadas por estos guionistas fueron muchas veces tan absolutamente increíbles, incluso para un producto del género fantástico como el que nos ocupa, que actualmente pueden llegar a provocar la risa del espectador. Sobre todo merecen destacarse la colección de monstruos aparecidos en el transcurso de la serie, hoy en día absolutamente Kistch y que no consiguen impresionar ni a los más pequeños televidentes. Por la serie desfilaron también conocidos personajes del cine y la televisión como Viveca Lindfords, Robert Duvall o Barban Bouchet. Es en este apartado de los actores secundarios, o mejor dicho «estrellas invitadas», donde la serie destacó por la variedad y la calidad ofrecida. (Juan Carlos Prats)

Irwin Allen en IMDB

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